lunes, 11 de marzo de 2013

El Aguirre vital, individualista y desmedidamente ambicioso de Úslar Pietri

Arturo Úslar Pietri, El camino de El Dorado (novela, 1947)

En su novela histórica El camino de El Dorado (1947), Arturo Úslar Pietri reconstruye novelísticamente el ambiente y las principales acciones de la expedición de Ursúa y Aguirre, sin adentrarse en precisiones que permitirían identificar sus fuentes.

La novela aparece bien estructurada, al decir de Violeta López Suria (1961), quien en su tesis analiza y compara varias novelas del autor. Añade que Úslar Pietri mantiene vivo el interés de los aspectos que quiere abordar, o sea, la ruta del viaje de Aguirre, el estado de ánimo de los marañones y la caída del tirano.

A propósito del tirano, la Dra. López Suria apunta que el autor lo desarrolla desde una realismo vital, crudo. Cada acto enfatiza más la individualidad de Lope de Aguirre, su orgullo invencible, su rigidez y monstruosidad.

Según Raymond Marcus (1968, ed. 1970), Úslar Pietri logra comunicarnos las flaquezas de Aguirre. Recalca su desmedida ambición, pero sin aludir -como lo ha hecho Pío Baroja en Las inquietudes de Shanti Andía (1911) y como lo hará más tarde Ramón J. Sender en La aventura equinoc(c)ial de Lope de Aguirre (1964) con su antihéroe resentido busando reivindicación personal- a un sentimiento previo de frustración en el personaje (pág. 590): "Desde que había pisado Tierra Firme le parecía más grande y desproporcionada la empresa que estaba acometiendo... Pero grande también sería su gloria, más grande que la de Pizarro y que la de Cortés" (El camino de El Dorado, en adelante ECED, pág. 242).

En otras ocasiones lo muestra como un loco: "Aguirre tuvo una terrible escena de furia ante el Príncipe. Dijo las cosas más soeces. Echaba espumarajos por la boca y fuego por los ojos. Se mesaba la barba y los cabellos y terminó por arrojarse al suelo y revolcarse, como un poseso, sin querer, ni poder oír, todas las tímidas explicaciones y las palabras conciliadores que Guzmán y los que lo acompañaban le daban para calmarlo" (ECED, pág. 145).

Pero es importante observar que fuera de trozos como éste, no se le ve mucho actuar a Lope de Aguirre en la novela. La mayoría de las veces, se le describe a través de las reacciones que provoca en sus compañeros expedicionarios.

Este procedimiento tiene que ver con el carácter social y objetivo de la novela, como ha notado el profesor Emilio González López (1947):

"Uslar-Pietri se aleja de los personajes y de las cosas de sus novelas para mejor poder contemplarlos y examinarlos [...] ve el suceso histórico en todo su valor y transcendencia colectiva y concibe a los hombres como a sus meros ejecutores e instrumentos: los instrumentos de un proceso glorioso, lleno de grandezas y de miserías, que es la historia de la patria" (pág. 47).

Y por lo que es del tirano y sus compañeros marañones en la novela que nos ocupa, precisa: "Lope de Aguirre aparece en la novela no como un personaje idealizado, sino como es: el más astuto y dinámico de los marañones [...] Su personalidad compleja [...] es el nudo central de la novela. Pero, unas veces a su lado y otras en torno de él, desfila toda una galería de conquistadores nobles y plebeyos. Cada individuo está perfilado de manera que se refleja con toda nitidez su verdadera personalidad y su participación en aquel inmenso drama humano. Cada persona es como si fuera una de las causas individuales de ese drama; pero que al propio tiempo se encadenara con las otras causas y personalidades para producir aquel acontecimiento histórico" (págs. 48-49).

Lo que Raymond Marcus (1968, ed. 1970) formula así: "Desde el principio de la novela, en la cual aparece algo tardíamente Lope de Aguirre, tras de la presentación de los hombres que van a constituir la tropa, es evidente que Uslar Pietri ha querido sobre todo contar la aventura de una expedición y no la de un hombre en particular" (pág. 591).

Tan importante para el novelista como el grupo humano es la naturaleza. Úslar Pietri apunta repetidamente la influencia del medio natural sobre la conducta de los marañones. Cosa que hará también Ramón J. Sender en La aventura equinoc[c]ial de Lope de Aguirre (1964), donde la "tarumba del equinocio" afecta a todos y a todo.

Al poco tiempo de publicarse El camino de El Dorado, en su breve reseña a la novela, la crítica literaria Concha Meléndez (1949) señala que "lo geográfico, elevado a categoría primera, se afianza desde el título en las tres partes en que se divide la narración: "El Río", "La Isla", "La Sabana". El Río Marañón y sus afluentes penetran y arrastran a los hombres borrándoles la noción del tiempo, hundiéndoles [como pone en la novela] "en el mundo infinito de aquella agua viva que se multiplicaba en el cauce inmenso y que rodaba con sus troncos, con sus animales, con sus ruidos, hacia un rumbo desconocido que nadie podía modificar" [ECED, pág. 71]" (pág. 90).

Hasta cabe hablar de simbiosis entre la naturaleza y el hombre, avanza Raymond Marcus (1968, ed. 1970): "Todo el misterio y la fascinación trágica de la naturaleza parece haberse refundido en [la] persona de [Aguirre]. Las sensaciones de temor, de desasosiego, de inquietud que habían venido recibiendo del río, de inmensidad salvaje y enemiga, de la araña venenosa, de la enorme serpiente de agua que saca de pronto la negra cabeza de la poza de la orilla, del indio pintarrajeado e inexpresivo que lanza su flecha, del caimán que se arrastra lento y poderoso por la arena de la barranca, los delirios de la enfermedad, la presencia constante de la muerte, todo eso se encarna ahora en aquel rostro chupado, en aquella barba gris y rala, en aquel paso menudo, en aquel tintinear de hierros, y sobre todo, en aquellos ojos inquietos, que de pronto se hacen fijos y translúcidos sobre algo o sobre alguien" [ECED, págs. 163-164]" (págs. 591-592).

Para la doctora López Suria (1961), falta aquí "el hilo coordinador de la reflexión, del equilibrio lógico": "Naturaleza y hombre se confunden en un caos inculto, tormentoso. Es esta una novela de los sentidos donde los personajes a pesar de ello no reaccionan de por sí. Son masas sometidas a su instinto y a la voluptuosa vegetación, al peligro selvático que los rodea" (págs. 169-170). En cuanto al profesor González López (1947), ve en el lento y penoso progreso de la narración como de la hueste en "El Río" una muestra del carácter moroso atribuido a la novela como género por el filósofo y ensayista novecentista José Ortega y Gasset (1883-1955): "Si la novela es, como acertadamente dice Ortega y Gasset [1925], un género moroso, género que se desenvuelve con lentitud, para crear el ambiente, este carácter se revela perfectamente en la primera parte de "El camino de El Dorado", donde Uslar-Pietri consigue expresar de una manera perfecta ese ambiente malsano que física y moralmente va cargando el espíritu de los expedicionarios y que encuentra su válvula de escape en la locura rebelde de Lope de Aguirre." (pág. 48).

  • GONZÁLEZ LÓPEZ, Emilio, "Uslar Pietri y la novela histórica venezolana", en Revista Hispánica Moderna (Nueva York), XIII (1947), págs. 44-49.
  • LEFÈRE, Robin, "Historia y ficción: la figura de Lope de Aguirre" en JOSET, Jacques, y Philippe RAXHON (dirs.), 1898-1998. Fines de siglos. Historia y literatura hispanoamericanas [en línea]. Liège, Presses universitaires de Liège, 2000, págs. 129-146.
  • LÓPEZ SURIA, Violeta, Los cuentos y novelas de Arturo Uslar Pietri. Tesis doctoral dirigida por Dr. D. Luis MORALES OLIVER. Madrid, Universidad Central, 1961.
  • MARCUS, Raymond, "El mito literario de Lope de Aguirre en España y en Hispanoamérica", en AIH. Actas III [Actas del III Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (México D.F, 26-31 de agosto de 1968)], publicadas bajo la dirección de Carlos H. MAGIS, México, AIH / El Colegio de México, 1970, págs. 581-592.
  • MELÉNDEZ, Concha (escritora y crítica puertorriqueña, 1895-1983), "El camino de el Dorado", en Asomante (Puerto Rico, dir. Concha MELÉNDEZ et al.), No. 1 (1949), págs. 90-91.
  • ORTEGA Y GASSET, José (filósofo y ensayista español, 1883-1955), La deshumanización del arte. Ideas sobre la novela [ensayos], 1925. Madrid, Castalia, Colección "Castalia Didáctica", 2009. También en Obras Completas. Tomo III (1919-1925), Madrid, Editorial Taurus / Fundación José Ortega y Gasset, 2005, págs. 879-908.
  • SENDER, Ramón José, La aventura equinoc[c]ial de Lope de Aguirre. Nueva York, Las Américas, 1964.
  • SCHLICKERS, Sabine (Univ. de Bremen), "5.2 El Camino de El Dorado (1947) de Arturo Uslar Pietri", en su estudio La Conquista imaginaria de América: crónicas, literatura y cine, Frankfurt am Main, Peter Lang Edition, Colección "Hispano-Americana [Geschichte, Sprache, Literatur]", Vol. 48, 2015, bajo "5. El minotauro en su laberinto: Lope de Aguirre en literatura y cine", págs. 98-102.
  • ÚSLAR PIETRI, Arturo, El camino de El Dorado. Buenos Aires, Editorial Losada, 1947. Es la edición que citaremos y a la que referiremos con la sigla ECED.

Aguirre reencarnado en un tirano decimonónico: la transposición valleinclaniana

Ramón del Valle-Inclán, Tirano Banderas. Novela de Tierra Caliente (1926), novela esperpéntica

Don Ramón transpone varios aspectos del rebelde vascongado en el personaje del tirano americano decimonónico Santos Banderas.

Sus fuentes son la crónica del bachiller Francisco Vázquez, que según los investigadores que la analizaron y/o editaron es sin duda la más completa y detallada de las crónicas que nos dejaron los propios marañones, y la de Toribio de Ortiguera, un cronista-historiador primitivo más o menos coetáneo que tuvo noticias de la rebelión donde se encontraba en aquel tiempo.

De estas crónicas, Valle-Inclán saca rasgos de tres personajes de su novela Tirano Banderas. Dos son secundarias: el coronel de la Gándara y Filomeno Cuevas, quien se rebela contra el tirano Santos Banderas en una forma que hasta cierto punto se parece a la insurrección del marañon y cronista Pedro de Munguía contra el tirano Aguirre. El tercero, por supuesto, es nadie menos que el propio Santos Banderas, que debe elementos esenciales de su personaje al Lope de Aguirre de las dos crónicas mencionadas.

La transposición efectuada por Valle-Inclán ha sido estudiada detenidamente por Emma Susana Speratti-Piñero. La señora Speratti (1957) señala, por ejemplo, que el carácter diabólico atribuido a Lope de Aguirre reaparece en Santos Banderas:

"¡Generalito Banderas se proclamaba inmune para las balas por una firma de Satanás! Ante aquel poder tenebroso, invisible y en vela, la plebe cobriza revivía un terror teológico, una fatalidad religiosa poblada de espantos" (Tirano Banderas, en adelante TB, pág. 118).

Pero hay más. Valle-Inclán pone en boca de Santos Banderas palabras y expresiones pronunciadas por Aguirre según la crónica del bachiller Vázquez. Al final, cada tirano, abandonado por gran parte de los suyos, mata a su hija para que no se apoderen de ella sus enemigos, y ellos mismos resultan descuartizados después de la propia muerte.

Otro elemento de Santos Banderos lo parece tomar prestado Valle-Inclán del Lope de Aguirre de la Jornada del río Marañon (1581) de Toribio de Ortiguera, donde leemos:

"Su título era el más bravo y soberbio de todos cuantos se han visto hasta hoy en tirano de ninguna nación, llamándose Lope de Aguirre "la Ira de Dios", "Príncipe de la Libertad" y "del reino de Tierra Firme y provincias de Chile", por incluir en ello todo el Pirú y lo demás que estaba conquistado y por conquistar en todo lo que ciñe y abraza el ancho mar del Norte" (Jornada del río Marañon, en adelante JRM, pág. 386a).

Pasaje que sugiere a la señora Speratti-Piñero (1957) la siguiente reflexión respecto al Aguirre valleinclaniano:

"En él encuentra, sin duda, Valle Inclán la desaforada soberbia de Tirano Banderas: "... usted ocasionará que me saquen alguna chufla. Ni Quevedo ni Juvenal: Santos Banderos: Una figura en el continente del Sur" [TB, pág. 143]. Y encuentra también en la ambición presuntuosa de Lope de Aguirre la visión que abarca la América entera, visión que luego ahondará profusamente, y de la cual es difícil precisar ejemplos, pues es la idea principal del libro" (págs. 24-25).

Y la señalada especialista de la obra de Valle-Inclán de concluir: "No porque sí Valle ha ido a espigar por las viejas crónicas que narran las aventuras de Lope de Aguirre, primer tirano de América... Lo que Valle expuso como tesis de carácter naturalista y desarrolló con un arte peculiar de gran escritor y hombre dolorido profundamente, es su visión de la América española condenada a padecer el mal que sus conquistadores le inocularon y por el cual puede llegar, como España, al anquilosamiento moral y la muerte" (pág. 128).

Con esta "novela del dictador" avant-la-lettre de factura magistral, actualmente considerada como una de las obras más representativas de la narrativa española del siglo XX, Valle Inclán fue, si no el primero -¡no nos olvidemos de Domingo Faustino Sarmiento y su Facundo (1845)!-, sí el primer autor de mayor proyección en tratar el tema amplio del tirano-caudillo hispanoamericano.

Le seguirán, a lo largo del s. XX y hasta entrado el s. XXI, novelistas, dramaturgos y poetas tan (des)conocidos como Miguel Ángel Asturias (El señor Presidente, 1946), Arturo Úslar Pietri (El camino de El Dorado, 1947, Oficio de difuntos, 1976), Alejo Carpentier (El recurso del método, 1974), Gabriel García Márquez (El otoño del patriarca, 1975), Augusto Roa Bastos (Yo, el Supremo, 1975), Abel Posse (Daimón, 1978), Miguel Otero Silva (Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad, 1979), Luisa Valenzuela (Cola de lagartija, 1983), Tomás Eloy Martínez (La novela de Perón, 1985), Mario Vargas Llosa (La fiesta del Chivo, 2000), William Ospina (La serpiente sin ojos, 2012), entre otros, sin olvidar al dramaturgo colombiano Enrique Buenaventura (1925-2003), quien, en 1967 aproximadamente, adaptó Tirano Banderas al teatro.

Por cierto, el Tirano Banderas de Buenaventura (publicado por primera vez en 1992) no fue el primer drama histórico colombiano dedicado al tema de los dictadores: quedó injustamente olvidada, según Fernando González Cajiao (1992), la pieza Su Excelencia (1885) que Ángel Cuervo escribió en París justo antes de estrenarse allí Ubu Roi del francés Alfred Jarry, que trata del mismo tema.

Sin embargo, resultó ser mayor el impacto de la pieza de Buenaventura, que al decir de González Cajiao (1992) "se constituyó en una obra clave dentro del proceso del llamado 'nuevo teatro' colombiano" y "podría ser, si no la más compleja y mejor elaborada de Enrique Buenaventura, con su tremenda crueldad y humor negro, sí una de las obras más significativas y mejor logradas de su producción". Pero esto ya es otra historia, de la que trataremos en otra entrada.

  • BRUCE NOVOA, Juan, "Tirano Banderas y la novela de dictadura latinoamericana" (1988), en AA.VV., Ramón del Valle Inclán (1866-1936). Akten des Bamberger Kolloquiums vom 6.-8. november 1986 [Beihefte zur Iberoromania, Bd. 5], edición de Harald Wentzlaff EGGEBERT, redacción de Silvia GONZALO, Tübingen | Tubinga, Max Niemeyer, 1988, págs. 219-232.
  • BUENAVENTURA, Enrique (dramaturgo colombiano, 1925-2003) [1968], TIRANO BANDERAS. Versión teatral de ENRIQUE BUENAVENTURA. Basada en la novela de Ramón del Valle-Inclán. Teatro Estudio, dir. Alberto Castilla. Extensión Cultural. Facultad de Artes. Universidad Nacional de Colombia.
  • BUENAVENTURA, Enrique, Máscaras y ficciones. Cali, Ediciones Universidad del Valle, Colección "Autores Vallecaucanos", 1992. Incluye la primera publicación del drama histórico adaptado de la novela Tirano Banderas (1926) de Ramón del VALLE INCLÁN.
  • DÍAZ MIGOYO, Gonzalo, "Tirano Banderas y la novela de dictador", en Diálogos (México), Vol. 19, No. 6 [114] (1983), págs. 16-25.
  • GLADIEU, Marie-Madeleine (Université de Reims), “Esperpentaduras. Problema de la influencia de Valle-Inclán sobre la novela de dictador en M. A. Asturias y G. García Márquez”, en Hispanística XX (Université de Dijon, Centre d’Études et de Recherches Hispaniques du XXe Siècle), No. 4 monotemático “Leer a Valle-Inclán en 1986” (1987), págs. 117-124.
  • GONZÁLEZ CAJIAO, Fernando, “Hacia un inventario: [Reseña de:] Máscaras y ficciones. Enrique Buenaventura. Ediciones Universidad del Valle, Colección Autores Vallecaucanos, Cali, 1992, 134 páginas y dibujos del autor]”, en Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 29, No. 30 (1992). Versión digitalizada en la “Biblioteca Luis Ángel Arango” | ”Biblioteca Virtual” de la Banca de la República (Colombia), consultada el 27-06-2013.
  • ORTIGUERA, Toribio de, Jornada del río Marañon, en SERRANO Y SANZ, Manuel (ed.), Historiadores de Indias, 2 tomos, Madrid, Tetuán de Chamartín, Imprenta Bailly-Ballière e hijos, “Nueva Biblioteca de Autores Españoles” | NBAE dir. por Marcelino MENÉNDEZ PELAYO [hasta el Vol. XX], Vols. XIII y XV, Tomo II [NBAE, Vol. XV], 1909. Edición a la que referiremos con la sigla JDM.
  • ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, Javier (introducción, edición y notas), Francisco Vázquez. El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Madrid, Alianza Editorial, 1987.
  • RIZK, Beatriz, “Hacia una teoría de la traducción: adaptaciones, versiones y variaciones de un tema, otra manera de ejercer el oficio de autor en la obra de Enrique Buenaventura”, en VV. AA., Reflexiones sobre teatro latinoamericano del siglo XX, Buenos Aires, Editorial Galerna, 1989, págs. 41-52.
  • RUBIO JIMÉNEZ, Jesús, "[Doc. 1.6:] Valle-Inclán en Hispanoamérica: los espectáculos de Alberto Castilla: de Los cuernos de don Friolera a Tirano Banderas (1968)", en Don Galán. Revista audiovisual de investigación teatral (Centro de Documentación Teatral | CDT, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música | INAEM, Ministerio de Cultura del Gobierno de España), No. 1 monográfico “Valle-Inclán en escena durante el franquismo” (2011).
  • SPERATTI-PIÑERO, Emma Susana, La elaboración artística en "Tirano Banderas". México, El Colegio de México, 1957.
  • VALLE-INCLÁN, Ramón del, Tirano Banderas. Novela de Tierra Caliente. Madrid, Imprenta Rivadeneyra, 1926 (luego 1927). Citaremos aquí la siguiente edición: Madrid, Espasa-Calpe, Colección "Austral", (1937) 1965, a la que referiremos con la sigla TB.
  • VÁZQUEZ, Francisco, Relación de todo lo que sucedió en la jornada de Amagua y Dorado, que fue a descubrir el Gobernador Pedro de Ursua con poderes y comisiones que le dio el Virrey Marqués de Cañete Presidente de Perú. Tratase, asimismo, del alzamiento de Don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y otros tiranos. Madrid, Real Academia de la Historia, Colección de don Juan Bautista Muñoz, Tomo 43, Fols. 4 al 68 (A-115 no 766). Ver ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, Javier, 1987.
  • VÁZQUEZ, Francisco, Jornada de Omagua y El Dorado. Historia de Lope de Aguirre, sus crímenes y locuras. Prólogo y edición de Enrique de GANDÍA. Buenos Aires / México, Espasa Calpe Argentina S. A., Colección “Austral”, Vol. 512, 1944. La crónica de Francisco Vázquez, junto con las dos versiones de la de su compañero marañon Pedrarias de Almesto.

Aguirre encarnando la hombría y el espiritú de independencia vascos: la lectura barojiana

Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía (1911), novela del mar

En la ficha de producto de la 16ª edición de la novela por Caro Raggio / Cátedra (sept. 2004) leemos que "Las inquietudes de Shanti Andía (1911) es cronológicamente la primera de las novelas de Baroja llamadas del mar. Escrita en su madurez creativa, el autor eligió el mar como protagonista, inclinado a ello por su ambiente familiar marino y sus lecturas. Es precisamente éste un escenario preferido por Baroja para todo género de acción, en contrapartida de la vida de tierra adentro, pues en el mar el hombre está obligado a fabricarse continuamente su propio destino".

Autobiografía fingida de un marinero vizcaíno del siglo XIX, pocas relaciones tiene a primera vista la novela de Pío Baroja con Lope de Aguirre. Sin embargo, como advierte Julio Caro Baroja (1967) en el "Prólogo" a su edición de la novela: "Toda la narración se desarrolla partiendo de este contrapunto: la suavidad, la abulia, la bondad de Shanti de un lado y la aspereza y tensión de la vida de su tío Juan de otro. Shanti es un marino mercante escrupuloso, cumplidor... Juan es un hombre desgraciado ante todo, pero que lleva también dentro la violencia de los Aguirre por una especie de ley hereditaria o de hado familiar" (págs. 16-17).

Para que conste con mayor fuerza la relación familiar y temperamental entre Juan y Lope de Aguirre, don Pío dedica el Capítulo Sexto del Libro Primero a recordar las fechorías de "Lope de Aguirre, el traidor"; y al final del capítulo, concluye así el narrador: "Realmente Lope de Aguirre era todo un hombre... El leer aquellas aventuras de Aguirre me producía un poco la impresión que produce a los niños Guignol cuando apalea al gendarme y cuelga al juez. A pesar de sus crímenes y de sus atrocidades, Aguirre, el loco, me era casi simpático."

Raymond Marcus (1968) señala que esta relativa simpatía, que es "probablemente la del mismo autor", se manifiesta también con Juan de Aguirre, "hombre llevado a la violencia por la vida de repetidas desgracias que le reserva su hado", y Juan Machín, hijo natural de Juan de Aguirre, que "aparece como un malvado hasta que trate de disculparse" explicando: "Todo el mundo me hizo sufrir cuando era un miserable; yo he contestado haciendo sufrir a los demás cuando he sido poderoso. La bondad es la fuerza de los privilegiados... No todo el mundo puede ser sano ni todo el mundo puede ser bueno."

Lo que Pío Baroja aprecia en -su compatriota- Lope de Aguirre es "la hombría del vasco, su espíritu de independencia frente al poder central" -apunta Marcus. Y lo utiliza además como "arquetipo del vasco descarriado por la mala fortuna más que por sus malas inclinaciones". Muy distinta postura adoptará un poco más tarde otro gran novelista español noventayochista: Ramón del Valle-Inclán.

  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Prólogo y notas de Julio CARO BAROJA. Madrid, Ediciones Anaya, 1967. Usaremos la sigla LISA para referir a esta novela.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Novela (1911). Ilustraciones del pintor Ramón de ZUBIAURRE AGUIRREZÁBAL (Vizcaya, 1882 - Madrid, 1969) y Ricardo BAROJA Y NESSI (Riotinto, 1871 - Vera de Bidasoa, 1953), pintor, grabador, actor y escritor hermano de don Pío. Madrid, Rafael CARO RAGGIO, editor, Serie “El Mar”, Vol. 1, 1920. Edición digitalizada publicada como Project Gutenberg EBook #12848, 08-07-2004. Descubra la primera de las llamada trilogía del mar barojiana escuchando el audiolibro (2022) narrado por Jesús POLVORINOS publicado en 2 partes en el canal de YouTube "Audioclásicos": parte 1 - parte 2.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Madrid, Caro Raggio, editor, 1974. Con solapas explicativas de Julio CARO BAROJA.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Edición de Julio CARO BAROJA. Madrid, Caro Raggio | Cátedra, Colección “Letras Hispánicas”, Vol. 73, 1978. Decimosexta edición, ibidem, 2004: lea la sinopsis referida en la ficha del producto [consultada 30-04-2013]. Decimoséptima edición, ibidem, 2007.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Trilogía IV: El mar: Las inquietudes de Shanti Andía - El laberinto de las sirenas - Los pilotos de altura - La estrella del capitán Chimista. Agonías de nuestro tiempo: El gran torbellino del mundo - Las veleidades de la fortuna - Los amores tardíos. Fundación José Antonio de Castro , 2009.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Edición con instrumento didáctico ELE. Lectura graduada. Nivel 2800 palabras. Nivel MECRL ELE: A2. Reducción lingüística, actividades y reportajes de David TARRADAS AGEA. Ilustraciones de Lorenzo CONTI. ELI Publishing (Loreto, Italia), "Lecturas ELI Jovenes y Adultos", 2018 (1ª ed.), 96 págs. con CD audio. Hojea una muestra en línea.

  • GIZAPEDIA, "Resumen: Las inquietudes de Shanti Andía, Pío Baroja" [en línea], en Gizapedia.org (última consulta 09/10/2022).
  • GIZAPEDIA, "Resumen: Zalacaín el aventurero" [en línea], en Gizapedia.org (última consulta 09/10/2022).
  • MARCUS, Raymond, "El mito literario de Lope de Aguirre en España y en Hispanoamérica", en AIH. Actas III [Actas del III Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (México D.F., 26-31 de agosto de 1968)], publicadas bajo la dirección de Carlos H. MAGIS, México, AIH / El Colegio de México, 1970, págs. 581-592.
  • VÁZQUEZ LARREA, Iñaki, "El señor de los cielos (Jaun Goikoa): la interpretación carobarojiana de la "locura" de Lope de Aguirre", en Revista Internacional de Ciencias Sociales y Humanidades. SOCIOTAM (Universidad Autónoma de Tamaulipas, México), Vol. XIX, Núm. 2 (2009), págs. 135-159.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

El entorno y origen inmediato de la jornada. El Perú virreinal de las décadas medianeras del siglo XVI

No se puede entender la "Jornada del Marañón" sin conocer las circunstancias particulares de Perú virreinal de entonces y lo que precede inmediatamente a la misma jornada

Puede repetirse con el doctor ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987) 1 que "sin la perspectiva del mundo hispanoperuano del momento y de los antecedentes de la expedición de Pedro de Ursúa, ésta resulta totalmente fantástica" (pág. 11). ¿Qué pudo inducir al nuevo virrey del Perú, don Andrés Hurtado de Mendoza, marqués de Cañete, a conceder, a finales de la década de 1550, cuando todo lo más rico del territorio era conocido y todos los indios y tierras estaban repartidos, licencia para nuevas expediciones de descubrimiento y conquista a distintas regiones? Y ¿qué movió a sus componentes para enrolarse?

Hasta hace poco (unas décadas) la expedición de Pedro de Ursúa a Omagua y El Dorado se había propuesto como típicamente derivada de los tiempos de mera conquista, cuando ésta, en Perú, quedaba en la lejanía de un cuarto de siglo. En El mundo hispanoperuano, 1532-1560 (1982) 2, el historiador James LOCKHART observa que, pese a las turbulencias de la conquista, de las guerras civiles y de las grandes rebeliones, todas las principales tendencias económicas y sociales, todos los principales centros poblados de Perú estaban configurados hacia 1545 o 1550 y en muchos caso incluso antes (págs. 15-17).

El virreinato a mediados del s. XVI: las mayores ciudades han sido fundadas, las tierras y riquezas repartidas, en una sociedad ya rigorosamente estratificada

En efecto, el Perú de 1559 era ya muy diferente del que habían encontrado en 1532 Francisco Pizarro y su hueste. Hacia la mitad del siglo habían pasado los primeros momentos igualatorios, socialmente, que supuso la conquista, permitiendo a oscuros miembros y peones de las huestes a convertirse en ricos, prestigiosos y poderosos regidores. La estratificación social hispana se había adaptado al mundo americano, a veces con más rigor que en la metrópoli, fenómeno que no es inhabitual y que se repetiría dentro de algunos centros poblados de la colonia británica una vez se haya establecido administrativamente en tierras norteamericanas. Las ciudades se habían convertido en importantes centros administrativos y comerciales, y en ellas los encomenderos 3 figuraban en la cúspide de la escala social. El resto de los vecinos (un 90 %) 4 debían dedicarse, para lograr cierta prosperidad, a toda una serie de actividades y oficios inferiores o menos lucrativos, que junto con pequeños lotes de tierra eran lo que les habían dejado los primeros conquistadores y fundadores de ciudades.

Muchos soldados, componentes de diversas huestes, no habían sido remunerados ni atendidos en sus peticiones 5. Tras diez, quince o veinte años de estancia en Indias, habiendo participado en diversas campañas y expediciones, donde gastaron todos sus recursos y años de juventud, debían deambular de ciudad en ciudad a la sombra de los poderosos. Vivían de su generosidad, como pícaros. Debían esperar la oportunidad de nuevos repartos de encomiendas si se producían vacantes, hecho cada vez más raro pues si llegaba el caso se incorporaban a la Corona o eran concedidas a los familiares, allegados o servidores de los virreyes, oidores y otras autoridades cuyo poder iba instaurándose con mayor fuerza en América. Podían casarse con las ricas encomenderas viudas, aunque éstas prefirieron hacerlo con otro de su grupo o con algún peninsular recién llegado de la metrópoli con prestigioso cargo de gobierno o ilustre ascendencia o parentela.

Cerradas estas vías de enriquecimiento y ascenso social que habían servido antes a otros miembros de la hueste para ganar fama, honra y riqueza, sólo podían esperar aquellos pospuestos, los desheredados de la conquista, enrolarse en nuevas expediciones de descubrimiento y conquista o en otros hechos de armas que los hicieran beneméritos ante la Corona.

El Perú de la primera mitad del s. XVI: una administración virreinal buscando establecer y consolidarse, entre actos fundacionales y hechos de armas

Estos hechos se habían prodigado en el Perú de la primera mitad de siglo en las guerras civiles. La primera de éstas, la Guerra de las Salinas (1537-1538), de la que tratamos en otra entrada en esta bitácora, inauguraba una serie que duraría por más de quince años. Fueron en sus comienzos más que nada enemistades personales y de facciones entre pizarristas y almagristas (así se llama a los seguidores de Francisco Pizarro, por entonces nombrado marqués y Gobernador del Perú, y Diego de Almagro, su capitán general, y con quien él y el clérigo Hernando de Luque habían fundado y promovido a principios de la década de 1530 la "entrada" 6 en el Perú), pero evidenciaban ya, como bien dice el ya citado James LOCKHART (1982), las rivalidades y conflictos entre ricos y pobres, entre bien asentados y recién llegados (o.c., págs. 11-15).

Sólo en las últimas décadas se ha llegado a conocer un poquito mejor este episodio de la historia colonial del Perú, pero falta todavía. Javier ORTIZ (1987) ya sentía la necesidad de aclarar determinados sucesos de manera a entender mejor tanto lo que pudo llevar al Virrey a organizar una expedición como la de Pedro de Ursúa a Omagua y El Dorado como lo que pudo llevar a Lope de Aguirre y sus "marañones" a convertirla en una rebelión abierta y atrevida contra la Corona. Xavier LACOSTA (2004), al iniciar su esbozo de tres décadas de crímenes y rebeliones antecedentes de la rebelión de Lope de Aguirre, se desola un tanto y se ve obligado a precisar: "El período de guerras civiles en el Perú es poco citado entre los publicistas actuales de la Conquista pese a que está pormenorizadamente descrito por cronistas como [Francisco López de] Gómara, [Pedro] Cieza de León, Francisco de Oviedo [y Baños], fray Pedro Simón (cronista de Lope de Aguirre), etc. Diríase que existe una cierta mala conciencia por la que se desdeñan estos sucesos que revelan lo más oscuro y ambicioso de la condición del español en América. Puede parecer lógico que los panegiristas de la Conquista pasen como por encanto por encima de estos negros años dado que evidencian la fuerte oposición de los conquistadores a tratar a los indios de acuerdo a la ley y que culminan en la rebelión de Lope de Aguirre. Sus contemporáneos no obviaron, por el contrario, la relación de estos hechos, en los que incluso tomaron partido. Para el historiador más neutral y objetivo, la etapa de las guerras civiles en el Perú resulta árida, apenas una sucesión de crímenes, rebeliones, traiciones y alzamientos [...] : algo más digno de una novela de aventuras que del estudio histórico serio. Pero ni siquiera hispanistas extranjeros se han ocupado demasiado en analizar la inquina entre almagristas [llamados despectivamente "los de Chile", tras fracasar la expedición de Almagro a Chile] y pizarristas [conocidos como "los peruleros"], o entre éstos y los representantes de la Corona. [...] Por todo ello - concluye Xavier LACOSTA - el lector que casi casualmente tropiece con una sucinta relación de esta media docena de guerras entre españoles no puede por menos que experimentar una sensación de asombro ante estos hechos, narrados siempre con gran frescura por toda una pléyade de cronistas" (2004, págs. 10-11)."

El levantamiento más serio de todos ocurrió en 1544 cuando Gonzalo Pizarro ("hijodalgo", altivo como los demás hermanos Pizarro "legítimos" y hermano de Francisco, a quien Diego de Almagro había asesinado en la mañana de San Juan de 1541) se rebeló contra el virrey Blasco Nuñez Vela por las nuevas regulaciones que vinieron de España en favor de los indios. Pizarro no sólo logró atraer a los descontentos sino también a buena parte de los hombres más ricos y poderosos de Perú. Persiguió al Virrey, lo derrotó y lo mató en la batalla de Añaquito. La Corona envió al licenciado Pedro de La Gasca para resolver la situación y pacificar el virreinato. La Gasca derrotó y ejecutó a Gonzalo Pizarro en 1548. Tras la victoria procedió al reparto de mercedes en Huaynarima, en el que fueron beneficiados tan sólo unos doscientos veinte conquistadores. El descontento fue general, y se dio este factor agravante que fueron precisamente los seguidores de Gonzalo Pizarro los más recompensados, en detrimento de los leales al Rey y a La Gasca.

Vuelto a la Península, La Gasca dejaba un país oficialmente pacificado pero que en realidad estaba lleno de tensiones, de sediciosos, desocupados y resentidos. Quedaba en el gobierno una Audiencia ineficaz en la que sus miembros se preocupaban sobre todo de las rencillas entre ellos y de beneficiar a sus deudos, familiares y amigos. Nada supuso la llegada, en 1551, del segundo virrey nombrado para Perú, don Antonio de Mendoza: murió al año siguiente y de nuevo el Tribunal de la Audiencia quedaría en el gobierno. En aquel mismísimo año 1552 se publicó la real orden que prohibía los servicios que hasta entonces habían prestado los indios a sus encomenderos, orden que no haría sino agravar la situación. Sumado a esto que cada vez había más impacientes entre los veteranos del Perú (ya llevaban demasiado tiempo esperando recompensas y ahora los ánimos se encabritaban), se explican las explosiones de ira contra los oidores, en Potosí, y en La Plata, y la subsiguiente rebelión de don Sebastián de Castilla, el ambicioso hijo del Conde de la Gomera, que con sus secuaces asesinó al pérfido general Pedro de Hinojosa, corregidor y justicia mayor de los Charcas, y se apoderó de la región minera del sur en 1553. La última gran guerra civil peruana terminó en 1554 con la derrota de otro importante rebelde, Francisco Hernández Girón, que éste, aunque no contó con los poderosos entre sus seguidores, dominó durante un año gran parte de la sierra peruana y hasta se aproximó una vez a unos cuantos kilómetros de Lima.

Contra todo lo que podía esperarse, la Audiencia perdonó a la mayoría de los culpados en revueltas pasadas: no hubo sino castigos ejemplares. Los poderosos siguieron ostentando sus cargos y sus encomiendos [CHECK] y prestigio, y siguieron elevando memoriales a la Corona, probanzas y relaciones de sus buenos méritos y servicios. Mientras tanto, los que habían participado en la pacificación en el otro bando, el de los oidores, se vieron desfraudados en la espera de mercedes, ya que éstos se negaron a repartir encomiendas tras la derrota de Francisco Hernández Girón, alegando no tener facultades para ello.

El prestigio de las máximas autoridades estaba en sus más bajos índices: el primer Virrey, don Blasco Nuñez Vela, había sido decapitado en Añaquito; el presidente Pedro de La Gasca fue acusado de injusto, parcial y apresurado en el reparto de las recompensas por el vencimiento y muerte de Gonzalo Pizarro en 1534; y el gobierno interino de la Audiencia (1552-1556), si debemos creer Javier ORTIZ DE LA TABLA (1987), "puso de manifiesto el talante de muchos magistrados en estos y otros años, que pasaban a Indias con el solo fin de un enriquecimiento rápido aunque tuvieran que condescender con los abusos de los grupos más poderosos de las colonias, de los que fueron buenos aliados, y aunque tuvieran que demostrar su nepotismo y parcialidad en el reparto de cargos y mercedes entre familiares y amigos" (o.c., pág.18).

Virreinato del Perú 1556-1560: el marqués de Cañete decide "hacer limpieza"

De nuevo para remediar la situación fue elegido un representante del monarca, enérgico y eficaz como gobernante a la manera tradicional: el virrey marqués de Cañete, que habría de ejercer su cargo desde 1556 hasta 1560. Con una actitud firme para afianzar el poder y la autoridad virreinal, el marqués de Cañete procuró frenar los abusos, rencillas y nepotismo de los oidores, a los que denunció como ineptos, lo que produciría verdadero malestar y descontento entre ellos. Envió al licenciado Muñoz como corregidor al Cuzco y al licenciado Altamirano a Charcas para extinguir las brasas de rebelión e investigar y castigar a los culpados en los levantamientos pasados; y procedió a una política de colonización interna, creando nuevos asentamientos hispanos y dando ocupación a los ociosos.

No tuvo empacho en castigar a algunos de los más poderosos hombres del Perú, pese a su fuerza y prestigio en el virreinato, como primeros conquistadores y ricos encomenderos. Desterró a España a las cabecillas de la oposición y a los que criticaban abiertamente su retraso en dar encomiendas vacantes y mercedes.

Si caían las primeras figuras de la sociedad limeña y peruana, mucho más debían temer la autoridad de Cañete los desposeídos y vagabundos. El Marqués quería desaguar el virreinato de soldados vagabundos, matachines y aventureros, a los que se conocía con el nombre de los Guzmanes, y convertir a los ociosos en labradores y buenos colonos. A los beneméritos de mayor relieve los contentó y atrajo promoviendo buenos enlaces con ricas herederas o encomenderas y con el reparto de tierras; a otros los enroló en las compañías de Gentiles Hombres de Lanzas y Arcabuces que creó a tal efecto y a los que dotó con buenas rentas por sus puestos; otros fueron destinados como colonos, labradores, ganaderos y artesanos, a las ciudades que ordenó fundar. A los más inclinados a hechos de armas o con mayor experiencia en ellos los envió a Chile en la expedición que dirigía su propio hijo, don García de Mendoza (1557).

Buscando soluciones para acabar con los elementos sediciosos y aventureros en busca de gestas

Desafortunadamente, las medidas del nuevo Virrey no bastaban para calmar los ánimos de algunos elementos defraudados o metidos con la justicia que andaban por allí causando o buscando problemas, como apunta el doctor ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987): "Sobraban los veteranos de guerra aún por recompensar; sobraban también los revoltosos e inculpados en antiguas rebeliones, temerosos de las indagaciones que había promovido [el virrey marqués de Cañete]; iban aumentando y sintiéndose en las ciudades y pueblos los llamados mozos de la tierra, mestizos sin oficio ni beneficio, tachados con los peores vicios de sus dos razas y rechazados por sus dos mundos. Había también elementos distinguidos socialmente que con más prestigio que bienes querían emular las campañas y gestas de los primeros descubridores y conquistadores, y tras ellos una multitud de pacíficos colonos que, idos al Nuevo Mundo, no habían encontrado hasta entonces las riquezas que soñaron ni el salto social que esperaban" (o.c., págs. 22 y 23).

Para dar ocupación y satisfacción a todos estos grupos, el marqués de Cañete, además de las medidas señaladas, autorizó en 1558 las expediciones de Gómez Arias a Rupa-Rupa, Juan de Salinas a Yaguarsongo y Antonio de Oznayo a Bracamoros, y al año siguiente, la que nos ocupa, la jornada de Pedro de Ursúa a Omagua y El Dorado.

"[Q]ue el fantástico país existiese o no existiese, le importaba escasamente al aristocrático Virrey" - observa Rosa ARCINIEGA (1946) al comentar la "estrategia" del marqués de Cañete. "Lo que a él le interesaba y convenía - en interés y conveniencia de la corona de Castilla, desde luego - era "descargar el Perú" de aquella creciente plaga de conquistadores y soldados sin fortuna que vagaban por el reino, con el arcabuz al hombro, en busca de "qué comer", de Encomiendas imposibles o, en su defecto, a la expectativa del motín por amor a la paga extraordinaria. Mendoza había hecho ya varias sangrías a este amenazante tumor social con el envío a Chile de algunos centenares de hombres, puestos al servicio de su hijo García para la guerra de Arauco. Pero no bastaba. Era preciso encontrar a los restantes un quehacer, autorizar unas de aquellas "entradas"... a inexploradas regiones. Aquello tenía siempre la virtud de electrizar las voluntades y hacer germinar las ilusiones hasta en los más baqueteados y viejos conquistadores. Y así fue cómo don Pedro de Ursúa obtuvo el asentimiento superior para salir a la conquista de El Dorado..." (o.c., págs. 290 y 291; ver también las págs. 301 y 302).

Cañete sabía muy bien que "sólo otro nuevo Dorado podía incitar a organizar una expedición de descubrimiento, de cierta envergadura, en Perú a fines de la década de 1550, cuando todo lo más rico del territorio era conocido y todos los indios y tierras mejores estaban repartidos", añade el doctor ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (o.c., , 1987, pág. 22).

¡Qué claro lo vislumbra todo! el protagonista de Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad (1979) , novela histórica del escritor venezolano Miguel OTERO SILVA: "Ya que no puede el virrey Marqués de Cañete ahorcar de un golpe a cuatro mil soldados españoles que andamos dando tumbos por el Perú sin ocupación y sin blanca, y como sabe de sobra que el hambre y la ociosidad son el origen de todas las rebeldías, pues nos ofrece entradas y descubrimientos hacia el Sur y hacia el Oriente, por en medio de selvas tenebrosas y ríos indómitos, que si hallamos la gloria será para el Rey y si hallamos la muerte será para nosotros" (o.c., pág. 102).

Notas
  1. En la "Introducción" a su edición de la más completa y detallada de las crónicas y relaciones escritas por los propios componentes de la "Jornada a Omagua y El Dorado", la del bachiller Vázquez: Francisco VÁZQUEZ, El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Edición e introducción de Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE. Madrid, Alianza Editorial, 1987. "Quizá - observa Enriqueta VILA al comentar el "importante aparato erudito" que completa esta versión de la crónica del bachiller VÁZQUEZ - el mayor acierto del autor de la presente edición sea el introducir al personaje [de Aguirre] en el ambiente que le rodeaba: un mundo difícil y complejo que es expuesto con fuerza y claridad en unas pocas páginas, expresivas y ágiles. El mundo del energético virrey marqués de Cañete en el que se gestó la expedición de don Pedro de Ursúa, que no podría comprenderse fuera de su contexto" (Reseña a Francisco Vázquez. El Dorado, en Novedades, Madrid, Alianza Editorial, No. 19 (mayo-junio 1987), pág. 7).
  2. LOCKHART, James, El mundo hispanoperuano, 1532-1560.
  3. "La encomienda fue una institución característica de la colonización española de América y Filipinas, establecida como un derecho otorgado por el Rey (desde 1523) en favor de un súbdito español (encomendero) con el objeto de que éste percibiera los tributos que los indígenas debían pagar a la corona (en trabajo o en especie y, posteriormente, en dinero), en consideración a su calidad de súbditos de la misma. A cambio, el encomendero debía cuidar del bienestar de los indígenas en lo espiritual y en lo terrenal, asegurando su mantenimiento y su protección, así como su adoctrinamiento cristiano (evangelización). Sin embargo, se produjeron abusos por parte de los encomenderos y el sistema derivó en muchas ocasiones en formas de trabajo forzoso o no libre, al reemplazarse, en muchos casos, el pago en especie del tributo por trabajo en favor del encomendero.

    La encomienda de indios procedía de una vieja institución medieval implantada por la necesidad de protección de los pobladores de la frontera peninsular en tiempos de la Reconquista. En América, esta institución debió adaptarse a una situación muy diferente y planteó problemas y controversias que no tuvo antes en España. Si bien los españoles aceptaron en general que los indígenas eran seres humanos, los definieron como incapaces que, al igual que los niños o los discapacitados, no eran responsables de sus actos. Con esa justificación sostuvieron que debían ser "encomendados" a los españoles.

    Los tributos indígenas en especie (que podían ser metales, ropa o bien alimentos como el maíz, trigo, pescado o gallinas) eran recogidos por el cacique de la comunidad indígena, quien era el encargado de llevarlo al encomendero. El encomendero estaba en contacto con la encomienda, pero su lugar de residencia era la ciudad, bastión neurálgico del sistema colonial español.

    La encomienda fue una institución que permitió consolidar la dominación del espacio que se conquistaba, puesto que organizaba a la población indígena como mano de obra forzada de manera tal que beneficiaran a la corona española. Se estableci[ó] el 20 de diciembre de 1503 en una real Provisión.

    Supuso una manera de recompensar a aquellos españoles que se habían distinguido por sus servicios y de asegurar el establecimiento de una población española en las tierras recién descubiertas y conquistadas. Inicialmente tuvo un carácter hereditario, posteriormente se otorgó por tiempo limitado.

    Jurídicamente estuvo regulada sin éxito por las Leyes de Burgos de los Reyes Católicos (1512 y 1513) [que eran para proteger al indígena y que llegaban a ordenar que se les enseñe a leer y escribir] y fue modificada por las Leyes Nuevas (1542), que se hicieron cumplir por la fuerza contra los encomenderos. [Los nuevos Virreyes llegaron a América con órdenes expresas de que se cumplieran estas leyes, lo contrario que había pasado con las anteriores, llegando a haber una guerra en Perú entre los encomenderos y los leales al rey, con el Virrey Francisco de Toledo. Mientras, en el Virreinato de Nueva España, el virrey Luis de Velasco y Ruiz de Alarcón liberaba a 15.000 indígenas.] [Las constantes denuncias frente al maltrato de los indígenas por parte de los encomenderos y el advenimiento de la llamada catástrofe demográfica de la población indígena, provocaron que la encomienda entrara en crisis desde finales del siglo XVII, aunque en algunos lugares llegó a sobrevivir aún hasta el siglo XVIII.] Fue abolida en 1791. [La encomienda fue siendo reemplazada por un sistema de esclavitud abierta de personas secuestradas en África y llevadas forzadamente a América.]" Adaptación ligera del artículo "Encomienda" en Wikipedia, consultado 14-09-2012.

    Acerca del monopolio ejercido por los encomenderos y el carácter hereditario de la encomienda en el Perú virreinal de la época de la "Jornada del Marañon precisa el doctor ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE: "Los cabildos coloniales peruanos y quiteños del siglo XVI estuvieron dominados y monopolizados por estos grupos de encomenderos, estrechamente ligados por lazos de parentesco y, a veces, de paisanaje, que a la vez que se perpetuaban en sus cargos lo hicieron en sus encomiendas por dos y tres generaciones constituyendo las primitivas élites coloniales" (o.c., pág. 12).

  4. "El grupo de conquistadores o sus descendientes que acaparaban las encomiendas, cargos de cabildos, tierras, ganados, obrajes, etc., representaban tan sólo menos del 10 por 100 de los vecinos de cada ciudad." Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, o.c., pág. 13.
  5. El escritor venezolano Miguel OTERO SILVA nos los muestra redivivos, humanizados, pudiera decirse que "caminando" sobre las páginas de su novela histórica Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad (1979), y recortados con maestría contra "el cielo cubierto de nubes de las Indias" cuando entre "marañones" comentan: "- Ya no somos soldados - dice mi amigo vizcaíno Pedro de Munguía, bronco y rencoroso como los lobos... - somos una tribu de vagamundos - digo yo [Aguirre] dando voces -. Somos más de siete mil míseros vagamundos que andamos recorriendo sin tregua los caminos del Perú; del Cuzco al Collao, del Collao a la Plata, de la Plata a Potosí, con aire de saltadores. ... - El muy ilustre don Pedro de la Gasca, incomparable maestro de la injusticia, es el mayor culpable - dice Pedro de Munguía en voz baja -. A la hora de repartir mercedes, premió pródigamente a los traidores, y se olvidó tacañamente de los leales. ... - Los valles y los caseríos nos ven pasar con zapatos rotos de pícaros, con bragas decosidas de pordioseros. ¿Qué nos dura de conquistadores españoles? - dice Pedro de Munguía. ... - Nos dura la furia - digo yo -." (o.c., La Habana, Casa de las Américas, sin año [1982], págs. 71 y 72).
  6. Las "entradas" a regiones no conocidas se hacían a costa de los conquistadores, que en compensación, recibían títulos, cargos y encomiendas (o repartimientos) de indios.
Bibliografía
  • LACOSTA, Xavier, "Las guerras civiles en el Perú", en Historia 16 (Historia Viva S.L., Madrid), Año XXVIII, No. 342 (octubre 2004), págs. 8-29.
  • ARCINIEGA, Rosa, Dos rebeldes en el Perú. : Gonzalo Pizarro (“El gran rebelde”) y Lope de Aguirre (“El cruel tirano”). Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1946.
  • LOCKHART, James, El mundo hispanoperuano, 1532-1560. México, FCE | Fondo de Cultura Económica, 1982.
  • ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, Javier (ed.), "Introducción" a Francisco VÁZQUEZ, El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Madrid, Alianza Editorial, "El Libro de Bolsillo", No. 1246, sección "Clásicos", 1987, págs. 7-37.
  • OTERO SILVA, Miguel, Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad. La Habana, Casa de las Américas, 1982.
Webografía

miércoles, 22 de agosto de 2012

Las relaciones escritas por los expedicionarios, ¿son narraciones históricas o personales? ¿Son verídicas o interesadas? ¿Tienen carácter legal?

¿A qué se debe que los relatos de los "marañones" se hayan dado a conocer como relaciones?

Nada más haber dado muerto las tropas reales al "tirano" Aguirre, en tierras de Venezuela, empezaron a salir "relaciones" de lo ocurrido de la mano de unos "marañones" (expedicionarios que habían sobrevivido la "Jornada del Marañon" y ahora se exponían a ser condenados por el acto de alta traición y las atrocidades perpetradas bajo el mando de Aguirre) y algunos contemporáneos de los hechos.

¿Qué hay que entender por el vocable relación en el contexto del siglo XVI hispánico? ¿En qué difiere de otros géneros historiográficos como el anal o la historia? Entender esto es importante. Nos dice mucho sobre la intención del autor, y por lo tanto, sobre la finalidad de lo que quiso dejar por escrito, cosa que permitirá hacer una lectura más apropiada y justa de lo que narran los cronistas y de cómo lo narran (el estilo, el ritmo, los esquemas convencionales y posibles "libertades" tomadas con respecto a los mismos, el uso de recursos retóricos).

Investigadores de varias disciplinas (historia, filosofía de la historia, teoría e historia de la literatura, sociología, etc. ) han aportado a esta temática. Por el momento (hasta enterarnos un poquito más del tema), mencionaremos a Beatriz PASTROR (1988), según quien el discurso de los conquistadores va cambiando conforme avance el proceso descubridor y se vaya modificando la idea que se tenía del continente desconocido al contacto con la realidad del mismo; Hayden White, quien distingue a las crónicas de otros tipos discursivos cercanos por la manera de narrar; Walter MIGNOLO (1982), quien define el vocablo relación y distingue períodos con respecto al tipo de discurso que representa; Roberto GONZÁLEZ ECHEVARRÍA (1976, 2000), quien ha estudiado el género de cerca y señala unos objetivos del género; aspectos a los que ha aportado igualmente José RABASA (1995). Luego hay estudios de casos particulares de relaciones que resumen o hacen una lectura de las aportaciones de dichos investigadores, como es el caso de Meghan McINNIS-DOMÍNGUEZ (2008), Deise Cristina SCHELL (2008), Rodolfo FERNÁNDEZ (2007) y otros más.

Walter MIGNOLO (1982), al comparar las cartas relatorias, relaciones y crónicas, tres tipos discursivos relacionados con la Conquista española, destaca el carácter "oficial" de las relaciones. Según él, en el siglo XVI el vocablo relación significaba "narración o informe que se hace de alguna cosa que sucedió" (1992, pág. 70). Según recuerda la investigadora brasileña Deise Cristina SCHELL (2008) en su estudio sobre las relaciones verdaderas de los "marañones" Pedrarias de Almesto y Francisco Vázquez, Beatriz PASTOR (1988) apunta que en aquel período, la relación, se va afirmando como "punto de convergencia de la epístola y el documento legal" (1988, pág. 95). Comenta Schell que lo que distingue las relaciones de las cartas personales, es el compromiso del autor con la veracidad de lo que se narra: "Elas narram, assim como as epístolas, variados aspectos da realidade e descrevem ações e comportamentos, trazendo o ponto de vista de seu autor. No entanto, diferentemente das cartas pessoais, pretendem ser um documento legal, devendo o escritor, assim, estar comprometido com a veracidade do narrado" (2008, pág. 5).

Tiene razón SCHELL (2008, pág. 6) cuando dice que a la diferencia de muchas otras relaciones del descubrimiento y de la Conquista del "nuevo continente", las que escribieron los "marañones" no fueron redactadas con la intención de informar del viaje a la Corona, ni había sido encargado expedicionario alguno con tal oficio. Apoyándose en Maria Cristina BOHN MARTINS (2007, pág. 41), confirma lo que han observado varios investigadores y que sugerimos en otra entrada de esta bitácora: los testimonios directos de los expedicionarios de la "Jornada del Marañón" responden a "intereses inmediatos", teniendo en cuenta la posición social-jurídica en la que se encontraban tras el fracaso de la rebelión: "os textos tem o intuito de "narrar ou informar algo que aconteceu" em uma iniciativa de seus próprios autores, que pretendiam isentar-se da culpa dos atos de violência e de traição à Coroa Espanhola, ocorridos no trajeto da viagem" (2008, pág. 6).

Visto el momento en que se organizó en tierras peruanas la expedición de Pedro de Ursúa en busca de "Omagua y El Dorado" (tras las guerras civiles, al establecerse la administración y el orden social colonial, quedándose fuera individuos como Aguirre, rodando por allí, frustrados, desengañados) y la creciente incredulidad y sensación de engaño de la hueste de Ursúa al no encontrar las tierras y riquezas prometidas, las relaciones de los "marañones" entran en la categoría del "discurso de la rebelión" de Beatriz PASTOR (1988), que tiene como función de "neutralizar una actuación personal cuestionable o equivocada. Se trata de reafirmar la lealtad incondicional al rey y de demostrar la propia inocencia ante cualquier posible acusación de complicidad o participación en las acciones que ésta sustentaba" (1988, pág. 307, apud Schell, 2008, pág.6).

  • FERNÁNDEZ, Rodolfo (Centro INAH, Jalisco), “Retórica y colonización en Nueva España: el caso de la Relación de Michoacán, en Historias (Revista de la Dirección de Estudios Históricos, INAH | Instituto Nacional de Antropología e Historia, Gobierno de México), Nos. 66-67 (enero-junio 2007), “Ensayos”, págs. 73-86. Sobre el vocablo relación como tipo discursivo, con referencias a Walter MIGNOLO, ver págs. 73-74.
  • GONZÁLEZ ECHEVARRÍA, Roberto, Relecturas: Estudios de literatura cubana. Caracas, Monte Ávila Editores, 1976. Ver pág. 25.
  • GONZÁLEZ ECHEVARRÍA, Roberto, Mito y Archivo: una teoría de la narrativa latinoamericana. México D. F., Fondo de Cultura Económica | FCE, 2000. Ver pág. 96.
  • BOHN MARTINS, Maria Cristina (Universidade do Vale do Rio dos Sinos | UNISINOS, Brasil), "Descobrir e redescobrir o Grande Rio das Amazonas. As Relaciones de Carvajal (1542), Alonso de Rojas SJ (1639) e Christóbal de Acuña SJ (1641)", en Revista de História (São Paulo), No. 156 (1r semestre de 2007), págs. 31-57.
  • McINNIS-DOMÍNGUEZ, Meghan (Universidad de Delaware), “La violencia del/al género en la Relación acerca de las antigüedades de los indios de Fray Ramón Pané”, en Espéculo. Revista de estudios literarios (UCM | Universidad Complutense de Madrid), No. 40 (2008).
  • MIGNOLO, Walter, “Cartas, crónicas y relaciones del descubrimiento y la conquista”, en Luis ÍÑIGO MADRIGAL (coord.), Historia de la literatura hispanoamericana, Tomo 1: Época colonial, Madrid, Cátedra, 1982. Segunda edición,1992. Quinta edición, 2008. Sobre el vocablo relación y los períodos significativos relativos al tipo de discurso que representa, ver: Segunda edición, 1992, págs. 70-71.
  • ORTIZ, Espitia, y David LEONARDO, Las cartas de relación como antecedente genérico de la narrativa histórica en las crónicas de Indias. Tesis doctoral. Universitat Autònoma de Barcelona | UAB, Facultat de Filologia i LLetres, Departament de Filologia Espanyola, 2016.
  • PASTOR, Beatriz, Discursos narrativos de la conquista: mitificación y emergencia. Segunda edición. Hanover (NH), Ediciones del Norte, 1988.
  • RABASA, José, “De la allegoresis etnográfica en los Naufragios de Álvar Nuñez Cabeza de Vaca”, en Revista Iberoamericana, Vol. 61, Nos. 170-171 (1995), págs. 175-185. Ver pág. 176. Se basa en las distinciones narrativas que hace Hayden WHITE entre anales, crónicas e historia.
  • SCHELL, Deise Cristina (Licenciada em História, UNISINOS), “Representações de si e dos outros nas Relaciones de Almesto e de Vázquez sobre a Jornada de Omagua e Dorado (1560-61)”, en História, imagem e narrativas (Brasil), No. 7, Ano 3 (setembro-outubro 2008).
  • SCHELL, Deise Cristina (Mestranda em História – Programa de Pós-Graduação em História da Universidade do Vale do Rio dos Sinos / UNISINOS) , “Lope de Aguirre, sujeito de sua própria história: as cartas do rebelde e a ‘escrita de si’ ”, en História Social (UNICAMP, Instituto de Filosofia e Ciências Humanas / IFCH, Campinas, Brasil), No. 18 (2010), Dossiê “Cultura e Política na América Latina”, págs. 15-30. O presente trabalho foi realizado com o apoio do Conselho Nacional de Desenvolvimento Científico e Tecnológico– CNPq – Brasil.
  • SCHELL, Deise Cristina (Mestranda em História na Universidade do Vale do Rio dos Sinos, Bolsista CNPq), “A escrita das relaciones da Jornada de Lope de Aguirre (1560-1561)”, en Anais do XXVI Simpósio Nacional de História – ANPUH. São Paulo, julho 2011.
  • WHITE, Hayden, El contenido de la forma. Narrativa discurso y representación histórica. Traducción de Jorge VIGIL RUBIO. Barcelona, Paidós, 1992.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Lás crónicas y demás relatos de la "Jornada del Marañón"

La proliferación de testimonios directos e indirectos a poco de terminar la desgraciada expedición de Ursúa a tierras de Omagua y El Dorado. En unos casos fruto de la necesidad personal más inmediata

Nada más haber dado muerto las tropas reales al "tirano" Aguirre, en tierras de Venezuela, empezaron a salir "relaciones" de lo ocurrido. No debe sorprender si sabemos que de los pocos "marañones" que sobrevivieron la aventura (algunos habían escapado en una de las últimas paradas hechas por la hueste de Aguirre, otros habían estado con Aguirre hasta el final, en Barquisimeto), visto la gravedad de los hechos perpetrados bajo el mando del "tirano", tendrían ahora que justificarse ante las autoridades reales. Era hora de poner todo por escrito procurando autoexculparse, echando toda la culpa a Aguirre y si hacía falta también parcialmente a algunos de sus compañeros, y alabando a sí mismos cuánto podían, manifestando repetidamente su lealtad al Rey y a las autoridades locales.

Resultado: una diversidad de "relaciones" interesadas, unas ya más detalladas y verídicas que otras, todas con una curiosa mezcla de denigro abierto de y admiración cubierta por el "tirano" Aguirre, alguna, como ha intentado demostrar Juan Luis Calbarro (2004) para el relato del bachiller Francisco Vázquez, usando con la debida eficacia el instrumentario retórico de historiadores como Quintiliano para confeccionar su retrato del maldito "tirano". Cabe recordar, sin embargo, lo que Julio Caro Baroja (1968), y nos lo señala Javier Ortiz de la Tabla Ducasse (1987, pág.9), ha observado relativo a la exaltación y desmesurada pasión que han originado Aguirre y su sanguinaria expedición, presentando al conquistador vasco como una bestia demoníaca y a los asesinatos que ordenó o comitió como crímenes sin justificación alguna perpetrados por mera ansia de poder: "Los autores de las relaciones primeras de sus hechos son acaso menos gesticulantes que quienes los contaron después, aunque se hallaban bajo el influjo del terror personal, directo, que Lope inspiraba"(3ª ed., 1983, págs. 65 y 66).

Aparte de los testimonios directos (en forma de crónicas, como las de un Francisco Vázquez, Pedrarias de Almesto o Gonzalo de Zúñiga, o cartas, como la de un Juan de Vargas Zapata) hechos por los protagonistas de la "Jornada del Marañon", disponemos de otros relatos manuscritos de contemporáneos no expedicionarios hechos poco después o en las primeras décadas posteriores a los hechos. Es el caso de Toribio de Ortiguera (1581 y 1586) y de Diego de Aguilar y Córdoba (1578), siendo este último, y aquí apoyamos la tesis de Celsa Carmen García Valdés (1992), quien destacó el valor particular de este testimonio, uno de los "autores menos gesticulantes" de los que habla Julio Caro Baroja en la cita antes mencionada: esta investigadora destaca el valor particular del testimonio de Diego de Aguilar y Córdoba para la interpretación ecuánime de la actuación de Aguirre y sus "marañones", ya que éste intenta tener en cuenta todos los factores e intenta situar los hechos en el contexto histórico-político-social de la época.

Sumario comentado de las primeras crónicas y cartas sobre la "Jornada de Pedro de Úrsua y Lope de Aguirre a Omagua y El Dorado"

Echemos ahora una ojeada a las principales crónicas y cartas manuscritas sobre la "Jornada del Marañón" y las ediciones que se hicieron de éstas. Es básico a este respecto la lectura de las aportaciones del historiador navarro Emiliano Jos (1927, 1950), así como los resúmenes o comentarios críticos con nuevas aportaciones los de Elena Mampel González y Neus Escandell Tur (1981), Rafael Díaz Maderuelo (1986) y Javier Ortiz de la Tabla Ducasse (1987), y no hablamos de ciertos editores o investigadores anteriores o posteriores. Por ejemplo, por lo que atañe a Diego de Aguilar y Córdoba, cabe mencionar a Celsa Carmen García Valdés (1992), Julián Díez Torres (2011). Entre los trabajos que investigan de más cerca el género y el estilo de las crónicas y otros testimonios sobre la "Jornada del Marañón", basándose en estudios teóricos como los de Hayden White, Walter Mignolo,... sobre la relación como tipo discursivo (temática que abordamos en otra entrada de esta bitácora), y comparan en detalle las versiones que dan de los mismos hechos varios "marañones", destacan los de Beatriz Pastor (1988) y las aportaciones recientes de la investigadora brasileña Deise Cristina Schell (2008, 2011).

  • ALMESTO, Pedrarias de, "Relación verdadera de todo lo que sucedió en la Jornada de Omagua y Dorado que el gobernador Pedro de Ursua fue a descubrir por poderes y comisiones que le dio el visorey Marqués de Cañete, desde el Pirú por um río que llaman de Amazonas, que por otro nombre se dice el río Marañón el cual tiene su nascimiento en el Pirú, y entra en el mar cerca del Brasil. Trátase asimismo del alzamiento de don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y de las crueldades de estos perversos tiranos", en CARVAJAL, G.; ALMESTO, P. & ROJAS, A de, La aventura del Amazonas. Ed. de Rafael Díaz. Madrid, Historia 16, "Crónicas de América", Vol. 19, 1986.
  • CALBARRO, Juan Luis, "Lope de Aguirre, el maldito. Retrato retórico", en Historia 16, Año XXVIII, No. 342 (octubre 2004), págs. 30-39.
  • CARO BAROJA, Julio, El señor Inquisidor y otras vidas por oficio. Primera edición. Madrid, Alianza Editorial, 1968. Tercera edición, Madrid Alianza Editorial, 1983. Entre las ediciones posteriores: Madrid, Alianza Editorial, 1997 y 2006.
  • GARCÍA VALDÉS, Celsa Carmen (Universidades de Oviedo, Catania, Rabat, Navarra), "Una visión original de la Jornada del Dorado: El Marañón de Diego de Aguilar y de Córdoba", en Kurt y Roswitha REICHENBERGER (eds.), con la ayuda del Gobierno de Navarra, Las Indias (América) en la literatura del Siglo de Oro. Actas del Congreso Internacional. Pamplona, 15-18 de enero 1992. Kassel (Alemania), 1992, págs. 175-198.
  • PASTOR, Beatriz, Discursos narrativos de la Conquista: mitificación y emergencia. Segunda edición. Hanover (HN), Ediciones del Norte, 1988.
  • VÁZQUEZ, Francisco, "Relación verdadera de todo lo que sucedió en la jornada de Amagua y Dorado, que fue a descubrir el Gobernador Pedro de Ursua, con poderes y comisiones que le dio el Virrey Marqués de Cañete Presidente del Peru. Tratase, asimismo, Del alzamiento de Don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y otros tiranos", en El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Introducción y notas de Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE. Madrid, Alianza Editorial, 1987.

lunes, 6 de agosto de 2012

El personaje de Lope de Aguirre: incomoda y es olvidado, o viene a propósito y se recupera, o es admirado estéticamente, alguna vez se analiza científicamente, pero raras veces se revalora en su contexto

La fama y memoria de Aguirre, personaje histórico sobrecogedor sujeto a las lecturas más diversas y cambiantes.

Al igual que Simón Bolívar, "el Libertador", o Hernán Cortés (a quien parte de los mexicanos odian "oficialmente" pero admiran secretamente, una figura histórica que despierta pasiones extremas en el país, como pudo comprobar Ramón J. SENDER (1976, págs. 10-11) al iniciar allí su exilio), Lope de Aguirre "el Tirano" es sin duda uno de los personajes de la historia hispanoamericana que más polémicas ha originado / origina y más tinta ha hecho / hace fluir. Ya sea por su personalidad, la ferocidad de sus crímenes, sus blasfemias o su atrevida actitud frente a la máxima autoridad española, los numerosos comentaristas y lectores de los hechos sanguinarios y actos de rebeldía ocurridos durante la "Jornada del Marañón" de la que tomó el mando han intentado maldecir de él, acusarlo de todas las maldades perpetradas, estigmatizarlo y condenarlo al olvido; o lo han magnificado y mitificado en un plan meramente estético por su singularidad y la de los hechos; o se han apropiado de manera oportuna su fama o figura por motivos personales inmediatos o para diversas causas de mayor transcendencia; han analizado su comportamiento "científicamente"; o han aprovechado las posibilidades y el margen de libertad que da la transfiguración literaria (o artística en general) de su historia para desmontar la Historia oficial de Hispanoamérica (la de historiadores españoles, anglosajones etc.) y proceder a la reconstitución de la memoria y reinvención de la Historia propia.

1- Las crónicas que nos han dejado de la "Jornada del Marañón" o "Jornada de Omagua y el Dorado" el bachiller Francisco VÁZQUEZ, Pedrarias DE ALMESTO, Custodio HERNÁNDEZ, Gonzalo DE ZÚÑIGA y otros "marañones", testigos directos de los hechos, junto con las de cronistas ajenos al viaje, no reparan en tratar de dejar de Aguirre la imagen de tirano maldito, asesino, blasfemo y traidor, un ser demoníaco dispuesto a matar sin consideraciones a los más próximos por salvar su piel y satisfacer su afán de poder y gloria, como observan varios especialistas del tema. Sus "relaciones" de los hechos tienen un fondo de realidad pero mezclan ingeniosamente, vigilando su dosificación, información que parece ser cierto o tener sentido con otra parcial. Es más, para lograr su objetivo de autoexculpación poniendo toda la culpa del lado del tirano, hacen uso del instrumentario retórico que ya empleaban los historadores de la Antigüedad, como ha tratado de demostrar Juan Luis CALBARRO (2004), quien como unos cuantos colegas a comprobado que "la terrible imagen del conquistador oñatiarra responde a relatos interesados de hombres como Francisco VÁZQUEZ, que había participado en la aventura amazónica y necesitaba demostrar que él siempre había permanecido leal al Rey" (2004, pág. 31). Pero ¿quién no lo haría en su lugar? Si bien al final muchos acabaron traicionando al mismo Aguirre, habían sido partícipes del motín contra el general Pedro de Ursúa y su "sucesor", el príncipe títere Fernando de Guzman, y habían firmado bajo amenaza de muerte por parte del mismo Aguirre la famosa carta manifestando su desobediencia a la Corona española, carta que el tirano luego hizo llegar a Felipe II, lo que es un hecho gravísimo; y se les iba a acusar sin falta de complicidad en los asesinatos del jefe expedicionario y otros miembros de la jornada, o en las crueldades perpetradas contra civiles en la isla Margarita o en tierras de Venezuela.

2- Apenas había muerto, en octubre de 1561, en Barquisimeto, que ya la Historia oficial (autoridades indias, comentaristas coetáneos, historiadores españoles, anglosajones) intentaría borrar su memoria, stigmatizarlo como "oveja negra" de la historia de la conquista del Nuevo Mundo, condenarlo al olvido. Lograron tal vez borrar por parte la memoria del sanguinario episodio durante dos siglos, pero no pudieron con la leyenda del personaje, cosa que si hay que creer la crónica del "marañón" Francisco VÁZQUEZ, el mismo Aguirre habría presentido. Es Julio CARO BAROJA (1968) quien recuerda, y lo cita al respecto Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, pág. 8), que lo que Aguirre consideraba su bienaventuranza consistía "en que le tuvieran más por animoso que por cristiano, porque había dicho muchas veces que cuando no pudiese pasar al Perú y destruirle y matar todos los que en él estuvieren, que a lo menos la fama de las cosas y crueldades que hubiese hecho quedaría en la memoria de los hombres para siempre" (3ªed., 1983, pág. 113).

Esta tensión entre condena oficial / detracción y admiración / mitificación ira augmentando con el paso de los siglos. Como señala Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, pág. 9), "es fundamental para comprender la exaltación y trascendencia de Aguirre hasta nuestros días" la siguiente "acertada observación" de Julio CARO BAROJA (1968), palabras que recordará también Nina BRUNI (2003): "Los autores de las relaciones primeras de sus hechos son acaso menos gesticulantes que quienes los contaron después, aunque se hallaban bajo el influjo del terror personal, directo, que Lope inspiraba" (3ª ed., 1983, págs. 65 y 66). Este tema lo desarrollamos en otra entrada en esta bitácora. Por ahora digamos que, para comprobarlo, basta con leer Rosa ARCINIEGA (1946, págs. 272 y 273) sobre lo que las autoridades indias locales sentenciaron u ordenaron una vez muerte el "tirano" (1561) y los versos que le dedica Alonso de ERCILLA y ZÚÑIGA en su poema épico La Araucana (1569, 1578 y 1589), o Julio CARO BAROJA (1983, pág. 112) sobre el relato de fray Reginaldo DE LIZÁRRAGA (coetáneo pero no expedicionario), como señala Javier ORTIZ; o los relatos de los franciscanos fray Pedro DE AGUADO (1581-82) y fray Pedro SIMÓN (1627).

A partir del siglo XIX, una serie de "biografías" (Robert SOUTHEY, 1821), estudios "históricos" (Emiliano JOS, 1927, 1950) y ediciones de las crónicas de la jornada reforzarían todavía la imagen de la bestia Aguirre, un ser monstruoso y sanguinario cuya alma, como todavía cuentan unas leyendas americanas, estaba condenada a errar eternamente sin encontrar reposo (como todavía cuenta una leyenda americana, que el escritor venezolano Arturo ÚSLAR PIETRI, entre otros, a recuperado en su cuento "El fuego fatuo"). En su reseña (Heraldo de Aragón, 23-09-2010) de La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre, la reciente traducción (Madrid, Edit. Reino de Redonda, 2010) de la obra de Robert SOUTHEY de la mano de Soledad MARTÍNEZ DE PINILLOS, César PÉREZ GRACIA observa que "en cierto modo el libro de Southey pertenece al género gótico, en el que el Loco Aguirre viene a ser el Ogro o Numa del Amazonas", y precisa: "El patizambo Lope alardea de bravucón y temerario. Es un personaje tenebroso, un Numa de Indias, más retorcido que los cuernos de un toro".

3- El movimiento independentista americano (o movimiento criollo) de principios del s. XIX, y tras la liberación de gran parte del territorio colonial, el nacionalismo alentado por las ideas románticas que se originaría a raíz de estos eventos tanto allí como en Europa, iban, al igual que los habían hecho los propios cronistas, apropiarse la figura de Aguirre, pero con otro enfoque, radicalmente opuesto: ahora se retrataría a Aguirre, en su calidad de autor de la famosa carta donde se atreve a desafiar abiertamente la autoridad de Felipe II, como un precursor de las declaraciones de independencia y del nacionalismo. Lo sacaron del olvido en el que lo había dejado la Historia oficial española para darle "status" de héroe. Esta lectura la haría nadie menos que Simón BOLÍVAR "el Libertador", quien en 1821 ordenó copiar la famosa carta de Aguirre a Felipe II, según recuerda en un artículo Vicente DE AMÉZAGA ARESTI (1964): "La obra independentista de Bolívar había tenido un precedente que él supo reconocer. Hacia 1561 pasó por Venezuela un hombre vasco que dejó su nombre lleno de trágicas resonancias. Fue Lope de Aguirre, cuya sola mención lo dice todo aquí. Pues bien, cuando el 18 de setiembre de 1821, Bolívar embarcó en Maracaibo a bordo de una goleta que había de llevarlo a San Carlos camino de Cúcuta, donde se le esperaba para que prestase juramento como presidente de Colombia, tomó para lectura durante su travesía un ejemplar de la "Historia de Venezuela", de Oviedo y Baños. Su atención recayó, principalmente, sobre aquellos pasajes en que se narran las peripecias de Aguirre y sus marañones, aguas abajo del Amazonas, hasta la isla de Margarita y Costa Firme y más que nada le sorprendió y atrajo la célebre carta dirigida por el oñatiarra al Rey Felipe II, algunos de cuyos párrafos el Libertador leyó en voz alta para sus compañeros de travesía y dictó luego a uno de ellos, el coronel Briceño, una nota dirigida al Gobernador de Maracaibo, pidiéndole que hiciera insertar en "El Correo Nacional", periódico que en aquella ciudad se editaba, la dicha carta que Bolívar calificó de "Acta primera de la Independencia de América el año de 1560"." Esta pista "aguirrista" del Lope descaradamente rebelde como independentista o libertador avant la lettre la seguirán toda una serie de escritores: Lope de Aguirre, precursor de las libertades Hispano-Americanas (Ciudad Bolívar, 1927) de Clodoveo BRINDIS PÉREZ y la "nueva novela" Lope de Aguirre, príncipe de la libertad (1979) de Miguel OTERO SILVA, cuyos títulos hablan por sí, son sólo dos ejemplos. Łukasz GRÜTZMACHER señala en su tesis doctoral (Varsovia, 2005,reeditada 2009) que la novela Crónica de blasfemos (1986)de Félix ÁLVAREZ SÁENZ va en la misma dirección, y recuerda el análisis de Ingrid GALSTER (1997), quien la considera una parábola en apoyo a la ideología de los movimientos de liberación actuales, en particular del Sendero Luminoso. En su reseña (1991) de la novela, Miguel MANRIQUE ya había dejado claro que una vez más, Aguirre aparece como un mero paladín de la libertad y, curiosamente, carece de la codicia tan frecuente entre los conquistadores. Un estudio reciente como The Wrath of God. Lope de Aguirre, Revolutionary of the Americas (2011) de Evan L. BALKAN, por su título, todavía parece inscribirse en esta línea, si bien la autora pretende abrir la perspectiva y tratar de varios enfoques a la aventura del soldado vasco.

4- A finales del siglo XIX, bajo la influencia de Charles DARWIN, Auguste COMTE y otros teóricos del positivismo, unos historiadores venezolanos usarían los orígenes vascos de Aguirre como factor determinante de la identidad del pueblo venezolano. Es la lectura que hizo Arístides ROJAS en su estudio El elemento vasco en la Historia de Venezuela (1874). Esta lectura, que atribuía a los vascos un papel importante en la historia de, y lo que ha llegado a ser en la actualidad, Venezuela (la inmigración vasca en la época colonial, la Compañía Guipuzcoana a nivel económico), ha sido cuestionada en las últimas décadas.

5- De la misma manera, últimamente, al otro lado del Atlántico, autores y pensadores vascos han ido combatiendo la imagen que se estaba creando del pueblo vasco en Hispanoamérica a raíz de las teorías positivistas: la del vasco "indómito, inquieto, independiente, etc.".

6- Hay que precisar que los mismos vascos habían recuperado la figura de Lope de Aguirre como hijo legítimo del pueblo vasco y representante de su lucha por la independencia contra el poder local (fuese como emigrante y en tierras americanas), sobre todo a raíz del apasionado estudio Los vascos en América (1914-1917, tomo IV) de Segundo DE ISPIZÚA (a quien el historiador aragonés Emiliano JOS, para quien Lope de Aguirre era la bestia sanguinaria que mataba sin consideraciones que retrataban las fuentes que había estudiado, atacaba abiertamente por su visión parcial y apasionada, que establecerá las bases para la tendencia "aguirrista", tanto en el propio País Vasco como en Hispanoamérica). Ya era el caso de Las inquietudes de Shanti Andía (1911) de Pío BAROJA y Tirano Banderas (1926) de Ramón María DEL VALLE-INCLÁN, luego se han ido añadiendo más obras, de varios géneros literarios: novela, cuento, obra de teatro, poema. No entra en esta línea (lleva pues la contra) el también vasco José DE ARTECHE (1951), quien mira a su propio pueblo, y más aún cuando se trata de vástagos como Aguirre, de un ojo más crítico tratando al vasco como "un ser problématico".

7- La última recuperación, intrínsicamente literaria, de los hechos "novelescos" de Aguirre, ha sido la que hicieron los escritores que se suelen situar dentro del movimiento de la nueva novela hispanoamericana, esta vez para intentar proceder, a través de la transfiguración literaria, a fuerza de romper moldes estructurales y lingüísticos, al cuestionamiento, la deconstrucción y hasta la destrucción de la Historia oficial occidental y reinventar una propia, apoyándose en la memoria colectiva y en el imaginario propio latinoamericano. La mejor ilustración es la novela compleja Daimón (1978) del periodista y escritor argentino Abel POSSE.

8-Luego hay lecturas menos transcendentales que pretenden "examinar científicamente" la personalidad de Aguirre, como si se tratara de un verdadero "caso médico-psiquiátrico", tratando de atribuir sus comportamientos a una doble personalidad o detectar patronos patológicos (de alguna enfermedad psiquiátrica). Es el caso de la conferencia "El delirio de reivindicación en un Conquistador de América - El caso de Lope de Aguirre el Peregrino" (1934) de Ramón PARDAL y de Lope de Aguirre, el rebelde: estudio histórico-psicológico (1943) de Juan B. LASTRES y Carlos Alberto SEGUÍN. Leímos en un artículo (Adrián ESBILLA, 26-01-2010) que según Blas MATAMORO (1986), el escritor aragonés Ramón J. SENDER se hubiera apoyado por parte, para la caracterización del protagonista de su novela histórica La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), en dos teorías sobre el Aguirre histórico defendidas por los 3 científicos que acabamos de mencionar y que ya había comentado antes el historiador Emiliano JOS (1950):

  1. La primera sería la del “delirio de reivindicación” formulada por el psiquiatra argentino Ramón PARDAL (1934), según la cual se pretende someter la realidad a las propias ideas y estas a los propios sentimientos: "el delirante tiene un gran poder de convicción y persuade a quienes lo rodean. Es un alienado razonante. Para defenderse de su persecución, se convierte en perseguidor. Sobrevalora una idea y somete a ella todas las demás". Así Aguirre "vive encerrado en su mundo delirante y se considera el único bueno en un universo de malvados. Invoca la justicia y comete arbitrariedades. Protesta, se queja, pleitea, guerrea, es lo que la medicina legal llama un "loco querulante". No alcanza a ser un revolucionario, pues no proyecta una sociedad distinta de la cuestionada por él".
  2. La segunda (citamos otra vez el artículo referido de ESBILLA) es expuesta por los peruanos Juan B. LASTRES y Alberto SEGUÍN (1943) y completa bastante acertadamente el cuadro añadiendo una nueva manía al ya repleto arsenal del personaje: "El segundón cuyo temperamento no le permite la actitud sumisa y el acatamiento incondicional, reacciona ante el hermano al que la ley y las costumbres han colocado por encima. Reacciona con el resentimiento o con la rebeldía, que se desarrollan inicialmente frente a la figura del hermano mayor, pero que se proyectan luego al padre, al jefe, al rey, a Dios”. Unas décadas más tarde, un literato y psiquiatra miembro de la agrupación vasca LA ACADEMIA ERRANTE (asociación de literatos, médicos... que promovió cierta cultura vasca en los años 1960/70) hará su propio análisis y llega a otras conclusiones. Ver lo que decimos más abajo.

Resumiendo, se puede decir que se divisan dos grandes líneas o tendencias en lo que respecta a la interpretación histórica i recreación (por no decir remitificación) literaria de la figura de Lope de Aguirre y de los hechos que perpetró y que están documentados o que se le atribuyen:

  1. una línea detractora “antiaguirrista” que, alineada con la historia oficial, intenta borrar los crímenes de Aguirre de la Historia (oficial) y mantener a su figura fuera de la lista de los héroes de la aventura gloriosa de la conquista (como “oveja negra”, como antihéroe), y a vistas de que no podrán con su “fama” o “memoria” (ya que ha sido mitificado nada más morir), o bien la pintan a él como un ser casi inhumano, con una sed de sangre y venganza ciega, sin justificación alguna, un demonio, una bestia que no conoce ni perdón ni merced ni remordimiento; o bien como un ser mentalmente enfermo que ya no es responsable de sus actos, un loco.
  2. otra línea reivindicadora o “aguirrista” que recupera a Aguirre por su causa, sea como auténtico precursor del libertador latinoamericano defensor de la causa criolla, de los indios; o sea como máximo exponente de la inmigración vasca, la estirpe que por su manera de ser i mentalidad forjará lo mejor de la identidad venezolana; o sea (si cruzamos el Atlántico) como buena muestra del carácter vasco, i por lo tanto, símbolo de la resistencia secular del vasco al poder central y a cualquiera que intenta imponerle su voluntad o sus leyes, de la lucha secular vasca por los derechos propios, la libertad, la independencia.

No todo son lecturas interesadas o parciales. Hay quien tiene la mirada más imparcial y despejada y considera un conjunto de factores.

Los enfoques a la figura de Aguirre y la jornada de los "marañones" que acabamos de mencionar nos harían olvidar que también ha habido unos observadores lúcidos, menos apasionados, que han portado un juicio más equilibrado sobre Aguirre y los hechos que se produjeron durante la jornada, echando otra luz sobre los mismos. Uno de éstos ha sido, como señala Celsa Carmen GARCÍA VALDÉS (1992), Diego DE AGUILAR Y CÓRDOBA, cuyo El Marañón (1578), escrito pocos años después de los hechos, ha sobrevivido en varios manuscritos, donde el autor intenta reducir los hechos a sus dimensiones reales situándolos en el contexto histórico-social del Perú de aquella época.

Intentos idénticos, combatiendo la persistente idea de la locura de Aguirre (defendida hasta por Emiliano JOS) u otras visiones apasionadas, habrá por un miembro de LA ACADEMIA ERRANTE (agrupación vasca de literatos, médicos, ... en los años 1960-1970) que insistirá en la influencia del medio (la selva), o por Javier ORTIZ (1987), quien refiere al contexto político-social hispanoperuano (el Virreinato en fase de o justo después de su establecimiento), o por el vasco José DE ARTECHE (1943), quien considera que Aguirre, para tener seguidores y atraer a tanta gente no puede haber sido un loco. Leer al respecto lo que dicen Elena MAMPEL GONZÁLEZ y Neus ESCANDELL TUR (1981).

Mirando todo este panorama, Javier ORTIZ (1987) concluye que ha habido más pasión que estudio detenido de las circunstancias en las que se organizó la jornada y de los propios expedicionarios, y que antes que nada hace falta conocer mejor las primeras décadas que siguen al descubrimiento: el momento en que queda establecida la administración del Virreinato y que la nivelación social de los primeros momentos se sustituye por una estratificación social incluso más rígida que en la Península, con todas las consecuencias que estos cambios conllevarían para ciertos grupos o individuos. ¿Será cierto lo que escribió Marcel BATAILLON (1966) sobre la figura y la actuación de Aguirre?, palabras que nos ha recordado Raymond MARCUS (1970, pág. 581): "... la sanguinaria insurrección de Lope de Aguirre, que pasea del Marañón a la Margarita y a Venezuela se saña contra el Rey, los misioneros y los magistrados, ¿no es como una salida desesperada del espíritu anárquico de los conquistadores ahogado por las normas nuevas?" (1966, pág. 202). Se refiere a los cambios que se habían dado progresivamente en los años 1530-1560 en el virreinato del Perú y de las que tratamos más en detalle en otra entrada en esta bitácora: el establecimiento de la administración y sociedad colonial, una ya clara estratificación social y económica y un creciente abismo entre los ricos terratenientes (los conquistadores de las primeras décadas) y muchos ex-soldados de las guerras civiles (los que llegaron tarde, demasiado tarde, a probar suerte en las Indias) que se habían quedado con las migas o sin nada, factores todavía reforzados por los cambios en las leyes relativas al trato de los indígenas, que debían poner fin a los abusos pasados y privaban incluso allí a los nuevos colones de mucha margen de actuación (libertad de maniobra).

Rabia por la desesperación, al descubrir Aguirre el engaño del que había sido víctima: es también el tono del ensayo "Aguirre ou la fureur des maudits de la conquête" (2008) de Ricardo UZTARROZ, cuando éste comenta al respecto del trato que le ha reservado al soldado vasco el director de cine alemán Werner HERZOG en Aguirre o la ira de Diós (1972): "Le regard halluciné de Klaus Kinski, qui tient le rôle d'Aguirre dans ce film, s'il dit la vérité sur l'acteur [Klaus Kinski ne joue pas, mais s'abandonne ici à sa propre démence sans retenue], ment effrontément à propos du personnage qu'il incarne. [...] contrairement à l'image qui en ressort, Lope de Aguirre n'était pas fou mais furieux, furieux de découvrir que l'histoire l'avait floué, lui et aussi toute la piétaille de la conquête. [...] Lope de Aguirre avait tout simplement décidé de se venger, car ne pas se venger des affronts subis aurait été pour lui un déshonneur. Et il était avant tout homme d'honneur" (o.c., en Ricardo UZTARROZ, Amazonie, mangeuse d'hommes, Paris, Arthaud, 2008, págs. 173-174).

Desesperación más que locura, he aquí también cómo han caracterizado la actuación de Lope de Aguirre dos grandes observadores del alma humana, uno ensayista, Miguel DE UNAMUNO, otro novelista desde el exilio, Ramón J. SENDER. Observadores más que apasionados "gesticulantes" (repetimos las palabras de Julio CARO BAROJA con respecto a la evolución de la recepción de Aguirre con el paso de los siglos), a ambos les interesa comprender al personaje y conocer y retratar tanto su grandeza humana como sus debilidades, al margen del bien y del mal, más que tomar posición a nivel político-social. Empieza don Miguel (1920) diciendo: "Asusta el número y la calidad de sus crímenes, pero maravilla la trágica y diabólica conciencia que de su maldad tenía. Era un desesperado de infernal excelencia y de una profundidad enorme. [...] Lope de Aguirre, en efecto, no fué un criminal vulgar, instintivo, una pura bestia humana; fué más bien un ángel caído y demoníaco, un demonio, pero angélico. Angélico como Luzbel. No era la carne bruta, era el espíritu torturado el que le llevaba a sus atroces crímenes, era la desesperación." (1968, pág. 1014). Y concluye preguntándose: "¿Cómo se ha hecho el silencio en torno de este asombroso demonio, de este formidable ángel caído, de este trágico desesperado que pasó, fuliginoso meteoro, por la historia tormentosa de nuestra conquista del Perú y se ha perpetuado la memoria de otros, si no más grandes como caracteres, no menos repulsivos en el orden moral?" (ibidem, pág. 1015). Podría estar pensando don Miguel en Hernán Cortés, como Ramón J. SENDER, quien hace la misma reflexión (1976, que citaremos más abajo) al comparar las hazañas de éste, a quien retrató en Júbilo en el Zócalo, con la desgraciada expedición de Lope de Aguirre, de la que nos dejó su visión en La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Comparación que hizo también Patrick COLLARD (Universidad de Gante, 1980), quien lo formula así: "Igual que Lope de Aguirre, Cortés "construye" su destino a partir de una transgresión de la legalidad; la diferencia esencial está en que, donde el primero sigue en su transgresión, la esforzada aventura del segundo hará de él un héroe "oficial". Recuperadas por la sociedad, las hazañas de Cortés se convirtieron en epopeya, mientras que la vida de Lope el Traidor es para siempre antiepopeya" (1980, pág. 27).

Éste fue precisamente el subtítulo de la primera edición de la novela de SENDER: Antiepopeya. Lo es incluso filológicamente hablando, como nos cuenta el propio SENDER (1976) cuando nos resume su "lectura" de la actuación de Aguirre, atribuyendo parte del éxito de su novela a alguna causa extraliteraria: "es decir que no todo es mérito del autor. Se trata de una antiepopeya. Siempre que se habla de América se hace como si su descubrimiento y conquista fuera obra de seres sobrehumanos. [...] Entonces se echan a vuelo las campanas, se habla de las glorias de la raza -en el día de la Raza- y todos son clarinetes, gallardetes e himnos de victoria. Eso puede estar bien, pero es más interesante para mí y sin duda para el lector ver cómo fueron esas cosas en los ojos y en las conciencias de los mismos que las hicieron. Y el libro sobre Lope de Aguirre sin dejar de ser verdad en sus constantes miserias no deja de tener grandeza humana [la misma de la que habla don Miguel DE UNAMUNO, como recuerda también Patrick COLLARD (1980)]. El contraste le dar vigor poético. En este tiempo nuestro de los "antis" yo la considero una antiepopeya, lo que filológicamente es verdad porque epopeyas eran, en griego, las campañas con caballos y los pocos que llevaba Lope de Aguirre no llegaron a intervenir en el campo porque se los comieron en las barcazas por el río Amazonas" (1976, pág. 14). ¿En qué le puede servir al lector?: "El día de la Raza habría que recordar las antiepopeyas también, para sacar alguna luz nueva y provechosa para el presente y el futuro. [...] A pesar de todo -repito- en las antiepopeyas (Lope de Aguirre) hay la misma grandeza que en las epopeyas (Cortés en Otumba) o la misma miseria, ya que en ciertos niveles de la historia, oro y oropel se confunden y el vencido vale tanto como el vencedor y a veces más si sabe asimilar la experiencia y trocarla en discreción e inteligencia. Ya es conocido de todos desde que se tiene memoria de la existencia de los seres humanos que de la desventura nace el saber y que la sabiduría rige el mundo" (ibidem, pág. 15).

Don Miguel DE UNAMUNO (1920) llegó ya a la misma conclusión que Ramón J. SENDER (1976) o Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, que ya comentamos más arriba en esta entrada): hay que investigar más, estudiar más: "El alma torturada y tenebrosa de Lope de Aguirre, el Peregrino, el domador de potros, merece un estudio detenido. Tanto como la de Caín, o la de Judas, o la de César Borgia. [...] es preciso zahondar en todas las simas del alma, hasta en las del fango hirviente y venenoso. Es la manera de despertar la compasión redentora. ¡Pobre Lope de Aguirre!" (1968, págs. 1015-1016).

Se apunta también Ricardo UZTARROZ, quien en el ya citado ensayo sobre Aguirre (2008) insiste a su turno en la necesidad de conocer y entender mejor las razones del furor (podría decirse "furor antifuncionario" o "furor antiburocrático") y de la rabia de Lope de Aguirre: "En le traitant de "tyran de la pire espèce et de tous les temps", d'"émissaire du diable", de "hyène impitoyable", de "soldat de l'infamie", comme une abondante littérature l'a fait, on le disqualifie devant l'histoire et, par la même occasion, on s'épargne l'effort de chercher à connaître et à comprendre les raisons de sa fureur. Un monstre n'a pas droit aux circonstances atténuantes" (o.c., págs. 174-175).

La misma voz se oye del otro lado del Atlántico, aunque con otro objetivo: recuperar la "memoria cultural" como parte de la (re)construcción de la identidad propia de América Latina. Escuchen al Dr. Raúl BUENO CHÁVEZ en su "Carta" (Lima | Hanover, abril de 1999) a las IV Jornadas Andinas de Literatura Americana | JALLA Cusco 1999: “Y en relación a nuestro ingreso o no a la modernidad, cabría indagar si no estamos tomando el rábano por las hojas, pues en lugar de buscar las huellas de nuestra esquiva modernidad tal vez sería más fructífero indagar los signos de nuestra constante y meritoria contramodernidad (“countermodernism”, como diría mi colega Keith Walker en sus estudios sobre el Caribe francés). Así, creo, tendrían mayor dimensión y sentido las escrituras de resistencia, revolución y descolonización de sujetos como el Inca Garcilaso, Guamán Poma, Las Casas, Lope de Aguirre, Martí, Césaire, Fanon, J.M. Arguedas, Menchú y tantos otros claramente opuestos al logos centralista, jerarquizante y dominador.”

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