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viernes, 21 de octubre de 2022

La "fama" y "memoria" de Lope de Aguirre

La suerte póstuma cambiante de un conquistador estigmatizado: acusación exculpadora, condena moral, olvido redondo o recuperación variopinta pero siempre interesada

Lo quisiera o no, para su bien o su mal, Lope de Aguirre no tuvo más remedio que vivir y arreglárselas con la estirpe y condición, la época movida -de profundos cambios sociales en España, de choques de egos, motines y guerras civiles en el Perú-, el contexto geográfico -el País Vasco altivo e indómito mirando al mar en la Península, la selva frondosa y devoradora y la tarumba equinoccial desde el Amazonas-, los posibles caminos de salida y las frecuentaciones que le habían tocado.

Si no se pueden justificar los asesinatos y demás atrocidades que ordenó o cometió al hacerse en 1560 en plena bajada del río Marañón (el actual río Amazonas) con la hueste y las embarcaciones de la expedición de Pedro de Ursúa destinada a conquistar y poblar las tierras de Omagua y del Dorado y de la que él mismo y sus cómplices "marañones" eran inicialmente partícipes, al menos deberíamos intentar acercarnos lo más que podamos a su persona íntima, su cotidiano y su manera de razonar de soldado vasco hidalgo segundón buscavidas y veterano cansado de las guerras civiles del Perú que, resentido por no haber sido recompensado por sus servicios y las penas vividas, rumia un plan loco por irrealizable para salir una vez por todas de este apuro en el que se encuentran los de su condición.

Si realmente queremos entender su actuación de Lope de Aguirre, en toda su complejidad, sin anacronismos filtradores (juzgar relaciones y comportamiento humanos con criterios contemporáneos...) ni espejismos simplificadores (glorificación nacionalista, discurso de vencedor o vencidos...), debemos leer e interpretarla con las claves adecuadas de las que dispongamos: el contexto sociohistórico, geopolítico y geográfico peculiar en el que se produjeron los hechos. La lejanía y relativa hasta total indiferencia por parte del poder central hacia aquellos que realizaron las numerosas "entradas" en una tierra desconocida y hóstil. La desmesura de todo en aquel Nuevo Continente, el asombro ante aquella naturaleza desbordante e exótica pero devoradora. El choque cultural que aquel contacto produjo inicialmente, pero que no tardó en convertirse en formas diversas de convivencia y transculturación. Una jerarquía social y administración colonial que apenas empezaron a establecerse, unas autoridades locales perteniciendo a una casta cerrada formada por una parte ínfima de conquistadores que lograron beneficiarse de la empresa conquistadora-pobladora, movidos por intereses personales, reticentes o negándose a compartir con los demás expedicionarios o veteranos de las guerras civiles (repartir de manera justa) las tierras y otros bienes a su disposición, e incapaces de controlar la excedencia de energía presente una vez acabados los enfrentamientos armados internos.

Pero malogradamente -bueno, para el soldado vascongado, no para todos los que estamos disfrutando las novelas, obras de teatro, películas, leyendas... que inspiró, no a la vista de lo que desató en la imaginación desbordada de la tira de pensadores y creadores-, su "fama" y "memoria" se escribió con la sangre que él y sus "marañones" derramaron bajando el río Marañón, en su paso por la isla Margarita, y hasta su trágico fin en Barquisimeto, en "Tierra Firme" (la actual Venezuela).

Este “formidable ángel caído, desesperado consciente de su desesperación” -como Miguel de Unamuno calificó a Lope de Aguirre en un artículo ensayístico (1920) que le dedicó-, esta “oveja negra” a quien sus cómplices “marañones” en sus crónicas o “relaciones de todo lo sucedido” acusaron de todas y cada una de las atrocidades cometidas durante la halucinante jornada marañona para exculparse ante la Corona, y de quien, para colmo, si bien es verdad que con nada se puede justificar la crueldad con la que actuó, la historiografía oficial occidental se sirvió como expiador, culpándolo de lo que al fin y al cabo era lo común entre aquellos individuos que necesitaban hacerse invisibles o mantener un perfil bajo durante un tiempo por las razones que fueran y decidieron huir de la Península enrolándose en la tripulación de alguna carabela o galeón que zarpaba del puerto de Sevilla camino a un futuro desconocido e incierto en las Indias: una sed de riqueza insaciable y un instinto de supervivencia que, avivados por la geografía desconocida y hóstil en la que se movían, lo justificaba cualquier violencia y crueldad, y más aún cuando, defraudados y resentidos, veían cómo, a pesar de las penas y el esfuerzo, se esvanecían sus aspiraciones y esperanzas de un futuro mejor.

De este tono general de acusación o condena moral tan sólo se salvan, tal vez los retratos más balanceados de alguno que otro historiador primitivo coetáneo o ligeramente posterior, o las versiones de algunos historiadores modernos “interesados”, sean íntimamente relacionados con la causa y las reivindicaciones vascas, como Segundo de Ispizúa (Los vascos en América, Vol. V: "Venezuela", 1918), quien descubre en Aguirre al exponente por excelencia del ansia de libertad y del espíritu de resistencia e independencia del pueblo vasco, o partícipes del positivismo decimonónico, como el médico e historiador venezolano Arístides Rojas (El elemento vasco en la Historia de Venezuela, 1874), para quien la sangre y la raza eran determinantes, la fuerte inmigración vasca en la Venezuela mestiza e ignorante la garantía del progreso, y Aguirre, como máximo exponente de las mejores calidades de su pueblo, el portador de la esencia del ser venezolano, de lo que forma el carácter o la identidad del pueblo venezolano.

Sin olvidar el interés renovado y particular que portará Simón Bolívar, capitán general revolucionario, libertador e unificador hispanoamericano decimonónico y él mismo descendiente de una familia española de origen vasco que se había establecido en Venezuela desde fines del s. XVI, al resentido y renegado conquistador vascongado decimosexto, recuperándolo para la causa criolla y convirtiéndolo -a causa de su irreverente carta a Felipe II, en la que reclama justicia y derecho exclusivo sobre los nuevos territorios para los que los conquistaron- en precursor de las ideas libertarias de los criollos, quienes, en la década 1810-1820, cansados de tres siglos régimen colonial, iban a enfrentarse a los “godos” -los que eran fieles a la Corona, como los llaneros de Boves de Las lanzas coloradas (1931) de Arturo Úslar Pietri- para librarse una vez por todas de ese peso que había sido esa opresión admnistrativa, cultural y social multisecular.

Pero volvamos a nuestro protagonista, el Tirano Aguirre. Así pues, primero los testigos oculares e historiadores primitivos -exceptando aires de admiración encubierta que se detectan en alguna crónica e intenciones de querer entender lo que pasó por parte de algun historiador coetáneo- lo trataron invariablemente (lo metieron en un bloque monolítico) de bestia sanguinaria, de ser monstruoso y diabólico, y de una vez aseguraron su “fama”; pero luego se atacaron a su “memoria”. Luego pusieron a esta bestia sanguinaria y sin merced alguna que habían creado como 'exemplum' de lo más abyecto que haya podido producir la propia raza, justamente merecedor de un castigo ejemplar, y lo castigaron -suerte que, por cierto, reservaron a otros descubridores-conquistadores que no "encajaban", por el mismo u otro motivo- con el olvido más redondo, como recuerda, entre otros, Germán Arciniegas (1987) al hablar de Francisco de Orellana, el explorador-poblador extremeño que realizó, dos decadas antes de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre, la primera bajada jamás del río Marañón o Amazonas tras separarse de la expedición de Gonzalo Pizarro: “Frente a los personajes como ese tuerto fabuloso, o como Balboa, Cortés, los Pizarro, el tirano Aguirre, Jiménez de Quesada, el propio Colón, resultan enanos los reyes y emperadores. Jamás, ni antes ni después, ni en España ni en el resto de Europa, hubo personajes tan atrevidos, ni singulares como los exploradores y los conquistadores. Pero como si la selva del Nuevo Mundo los devorara, desaparecen entre la fronda de las historias generales” (pág. ix).

Notas
  1. Desde ambos lados del Atlántico, han sido y son varios los investigadores que aseveran que, para entender la manera de actuar y pensar del conquistador español decimoséxto en general y, por lo tanto, la rebelión marañona y línea de conducta y razonamiento de un Lope de Aguirre, toca estudiarlas en su contexto, sin por ello hacer la misma lectura de lo que hay que entender por 'contexto'.

    Así, en su célebre y cimeral ensayo El conquistador español del s. XVI (1920), el historiador y escritor Rufino Blanco Fombona enfatiza en las dimensiones raciales, de origen social o psicológicas -otro ensayo suyo lleva precisamente como título 'Psicología del conquistador'- como factores contextuales condicionantes, lo que resulta en un determinismo positivista à la Auguste Conte transponiendo a las ciencias humanas y sociales el determinismo darwiniano en ciencias naturales: “fueron hombres muy maravillosos, muy de España y muy del Siglo XVI […] Estudiemos al conquistador. Conociendo la psicología de su raza, comprenderemos con sólo verlo definirse por la acción, qué nexos psicológicos lo unen con el país de donde procede. Sepamos a que clase social pertenecía, cuál era su instrucción qué ideas religiosas le preocupaban, en qué grado fue codicioso, religioso, heroico, individualista, dinámico, cruel. Observemos sus oscuras nociones del Derecho, sus querellas ante la Majestad real, su nulidad como administrador, y el fin que tuvo aquella generación de gerifaltes. Descubramos la trascendencia civilizadora de su acción" (BLANCO FOMBONA, 1981, págs. 93 y 94).

    Enrique Viloria Vela por su parte, en El imaginario del conquistador español (2007), ensayo monográfico más reciente dedicado al tema, se desmarca del enfoque de Blanco Fombona (el énfasis en lo racial) ampliando el abanico de factores contextuales determinantes a considerar: "En nuestro caso, vamos más bien a centrarnos en la evolución e influencia de determinados actores institucionales en la Edad Media (la Iglesia Católica, el Imperio Romano - Germánico, El Islam, la Inquisición, la Monarquía Española), y en algunos otros relevantes elementos de corte religioso, literario y mítico (la herejía, la devoción católica, la aventura, el afán de fama y lucro, los mitos americanos, que contribuyeron a la creación del imaginario del conquistador español), sin enfatizar tanto en las dimensiones raciales, de origen social o psicológicas del conquistador español, ampliamente estudiadas por Blanco Fombona; todo ello para situarnos en el medieval e intrincado imaginario de ese español que llegó anheloso, evangelizador y por equivocación a América con algo más que sus caballos, cañones y arcabuces a bordo de una carabela.”

  2. Sobre las 2 principales lecturas que se hacen de la actuación y persona de Aguirre (la de un loco sanguinario y la de un libertador avant la lettre), vea por ejemplo el historiador Ricardo Beltrán Y Rózpide, quien, a pesar de bien querer considerar las guerras y revueltas peruanas recién acabadas como circunstancia atenuante, en su "Informe: La expedición de Pedro de Ursúa y la rebelión de Lope de Aguirre, por don Emilano Jos" para la RADH (1928), condemna firmemente la rebelión y las atrocidades perpetradas por el soldado vascongado y corrobora el tono general acusador que encontramos en Jerónimo Bécker (1918-19, "Prólogo" a una edición de 'Historia de Venezuela' de Fray Pedro de AGUADO, págs. VI-XIV) y Emiliano Jos (o.c., 1927):

    "Los más de los autores, casi todos nos hablan de Lope de Aguirre como un hombre desprovisto de todo sentimiento de humanidad, malvado y traidor, que no sólo mata para quitar estorbos que le impiden satisfacer sus ambiciones, sino que asesina sin necesidad o sin causa conocida, por instinto sanguinario o por exceso de iracundia. No falta, sin embargo, quien ha pretendido rehabilitar su memoria, como hizo el señor Ispizúa, presentándolo como el primer mártir de la Independencia de América, a la que pretendía [al igual que su tatarabuelo hubiera hecho por el País Vasco] salvar del yugo de los reyes de Castilla, negando a éstos el derecho de señorear en las Indias. Claro es que siempre, y más aún en siglos que pasaron, el carácter feroz de la guerra, que obliga a imponerse por la fuerza y el terror, es circunstancia que motiva la aparición de hombres sin entrañas, y de éllos, ciertamente, algunos más que nuestro Lope de Aguirre hubo, entre aquella soldadesca que intervino en las rebeliones del Perú y otras partes de América; pero nadie superó ni aun igualó al tirano de Oñate, y bien puede afirmarse con nuestro llorado señor Bécker -y así lo recuerda el señor Jos- que la figura de Lope de Aguirre es lo más sombrío de nuestro pasado colonial, y borrón sangriento que mancha las páginas de la historia de la conquista del Nuevo Mundo" (pág. 472).

    Desde el tono acusador hasta la defensa incondicional, pasando por cierto grado de empatía con el paisano o, al menos, cierta comprensión teniendo en cuenta factores contextuales determinantes, son muchas y variadas las maneras de acercarse al conquistador vasco. “No es fácil calificar a Lope de Aguirre, el oñatiarra que, con insolente tú, desafió al rey Felipe II desde las lejanas Indias- concluye el periodista vasco-peruano Francisco Igartua Rovira (2002), quien denota empatía con la figura del rebelde vasco en algunos historiadores, pensadores y escritores, pero que luego no impide que los mismos condenen moralmente los actos violentos perpetrados por él y sus cómplices, : "Por un lado podría ser el "asombroso demonio y formidable Angel caído" de don Miguel de Unamuno [en el ensayo Lope de Aguirre, el traidor, 1920]; por otro, sería "Aguirre, el loco", que le era "casi simpático" a Pío Baroja [en su novela Las inquietudes de Shanti Andía, 1911]; aunque la mayoría de los que se han aproximado al alucinado rebelde (incluidos Unamuno y Baroja) no dejan de quedar anonadados ante sus crímenes y atrocidades y encontrarlo "repulsivo en el orden moral". Sin que falten numerosas opiniones que, razonablemente, encuadran esas atrocidades en su época, en los violentos y desalmados años del siglo XVI, que es cuando ocurrió la rebeldía de Lope de Aguirre, el Peregrino, Príncipe de la Libertad" ("¿Demonio o príncipe de la libertad?", 2002).

    Figurando entre estos observadores "razonables" el propio Paco Igartua (2003), a juzgar por cómo cabe interpretar a su modo de ver los crímenes y atrocidades de la "Ira de Dios", como también llamaban a Lope de Aguirre: "Matanzas ciertas que él mismo confiesa en su desafíante carta a Felipe II, pero que no se las puede juzgar con la mentalidad de ahora. Esas atrocidades (que son espantosas a nuestros ojos del siglo XXI) tienen que ser analizadas con los ojos de aquellos siglos y situarlas en tierras de conquista y aventuras como eran aquellas donde ocurren los hechos.

    Más todavía: la totalidad de los cronistas que relatan la enloquecida empresa de El Dorado y que lo acusan de tirano y cruel eran más que enemigos suyos, eran suplicantes de la clemencia real, pues todos habían sido seguidores de Lope de Aguirre hasta la Isla Margarita (Venezuela) donde prácticamente concluyen en el fracaso los planes independentistas del "Príncipe de la Libertad", pues de allí sale desesperado a tierra firme, para ilusamente intentar llegar a pie al Perú" ("Que jamás haya memoria del cruel tirano", 2003).

Referencias
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  • ARCINIEGAS, Germán, “Prólogo” a Miguel Ángel ALBORNOZ RUIZ, Orellana. El Caballero de las Amazonas, Quito (Ecuador), Ediciones del Banco Central del Ecuador, “Colección histórica”, Vol. 11, 1987, págs. ix-xi.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Novela (1911). Ilustraciones del pintor Ramón de ZUBIAURRE AGUIRREZÁBAL (Vizcaya, 1882 - Madrid, 1969) y Ricardo BAROJA Y NESSI (Riotinto, 1871 - Vera de Bidasoa, 1953), pintor, grabador, actor y escritor hermano de don Pío. Madrid, Rafael CARO RAGGIO, Serie “El Mar”, Vol. 1, 1920. Edición digitalizada publicada como Project Gutenberg EBook #12848, 08-07-2004. Descubra la primera de las llamadas novelas del mar escritas en la madurez literaria de Baroja escuchando el audiolibro (2022) narrado por Jesús POLVORINOS publicado en 2 partes en el canal de YouTube "Audioclásicos": parte 1 - parte 2.
  • BELTRÁN Y RÓZPIDE, Ricardo (Barcelona,1852- Madrid, 1928, geógrafo y docente), “[Informe:] La expedición de Ursúa al Dorado y la rebelión de Lope de Aguirre, por don Emiliano Jos” , en Boletín de la Real Academia de la Historia, Tomo 92 (1928), Sección “Informes Oficiales”, págs. 471-475. Edición digital: Valencia, Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2011.
  • BLANCO-FOMBONA, Rufino (Venezuela, 1874-1944), El conquistador español del siglo XVI. Ensayo de interpretación. Madrid, Editorial Mundo Latino, s.f. [1920, 1922, 1926…]; digitalización ejemplar físico de la edición de 1920 de la John P. Robarts Research Library (U de Toronto) por Internet Archive, 2009. Madrid, Ediciones Nuestra Raza, Colección “Obra Maestra”, s.f. [1921, 1927, 1930, 1935…]. Caracas / Madrid, Ediciones Edime / Editorial Mediterráneo, Serie “Grandes Libros Venezolanos”, 1956, con prólogo de Joaquín GABALDÓN MÁRQUEZ y estudio bibliográfico de Edgar GABALDÓN MÁRQUEZ. Ensayo luego incorporado a: Obras selectas, con selección, prólogo y estudio bibliográfico de Edgar GABALDÓN MÁRQUEZ y prólogo “Blanco Fombona historiador” de Joaquín GABALDÓN MÁRQUEZ, Caracas / Madrid, Ediciones Edime, 1958; a Ensayos históricos, con prólogo de Rafael Ramón CASTELLANOS VILLEGAS, Caracas, Biblioteca Ayacucho y Hugo BLANCO FOMBONA (ed.), 1981, págs. 3-152.

  • BLANCO-FOMBONA, Rufino, Pscicología del conquistador español. [Folleto]. Prólogo de Roberto LEVILLIER. Madrid, Imprenta Sucesores de Rivadeneyra, 1920; "Psicología del conquistador español", con prólogo de Roberto LEVILLIER, en R. LEVILLIER (dir.), Gobernación del Tucumán: Probanzas de méritos y servicios de los conquistadores. Documentos del Archivo General de Indias, Tomo I: 1548-1583, Tomo II: 1583-1600. Madrid, Sucesores de Rivadeneyra, “Colección de Publicaciones históricas de la Biblioteca del Congreso Argentino”, 1919-1920, Tomo I, págs I-IXV.
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  • IGARTUA ROVIRA, Francisco, "Que jamás haya memoria del cruel tirano" [en línea], en Euskonews (Euskomedia), No. 201 (del 28-02-2003 al 07-03-2003), Sección “KOSMOpolita” [última consulta 16-06-2016].
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, “Los Vascos en el descubrimiento de América”, conferencia leída en el Centro Vasco de Bilbao (1914), en Euzkadi : revista trimestral de ciencias, bellas artes, letras (Bilbao, [s.n.], 1901-1915), 3ª-4ª época, Año 11, Nos. 27-28, 2 (mayo-agosto de 1914), págs. 216-223, 11-14, 84-91.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de (1869-1924), Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América, 6 vols., Bilbao (Vols. I-II), / Madrid (Vols. III-VI), EE.VV., 1914-1919. Elaborado para un concurso promocionado por el Círculo de Estudios Vascos. A partir del Vol. III se llama Los Vascos en América: Historia de América.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América, Vol. I: “Tomo I”. Bilbao, Imprenta José A. de Lerchundi, 1914. Lea en línea la digitalización de un ejemplar impreso proporcionado por la U de Toronto, Internet Archive, 2010.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América, Vol. II: “Tomo II". Bilbao, Imprenta y Librería José de Astuy, 1915. Lea en línea la digitalización de un ejemplar impreso proporcionado por la U de Toronto, Internet Archive, 2010.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América [Historia de América],Vol. III: “Libro III: PANAMÁ: Conquista y Colonización. Libro IV: PERÚ: Descrubrimiento y Conquista”. Madrid, Establecimiento Tipográfico “La Itálica”, 1917. Lea en línea la digitalización de un ejemplar impreso proporcionado por la U de California, Internet Archive, 2006.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América [Historia de América], Vol. IV: “Venezuela. Tomo I – Descubrimiento”. Madrid, Imprenta de V. Rico, 1918. Lea en línea la digitalización de un ejemplar impreso proporcionado por la U de Toronto, Internet Archive, 2010.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América [Historia de América], Vol. V: “Venezuela. Tomo II - Lope de Aguirre”. Madrid, Artes Gráficas Mateu, 1918. Lea abajo la digitalización de un ejemplar impreso proporcionado por la U de Toronto, Internet Archive, 2010.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América: Historia de América, Vol. VI: “Venezuela. Tomo III – La ascendencia vasca de Simón Bolívar, Libertador de América”. Madrid, Artes Gráficas Mateu, 1919. Lea en línea la digitalización de un ejemplar impreso proporcionado por la U de Toronto, Internet Archive, 2010.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América, 5 vols. San Sebastián, Ediciones Vascas | EV, Colección “Biblioteca de autores vascos” [BAV], Nos. 1, 5, 7, 9 y 15, 1979.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América, 4: “Lope de Aguirre”. San Sebastián, Ediciones Vascas | EV, “Biblioteca de Autores Vascos” [BAV], 9, 1979.
  • JOS PÉREZ, Emiliano, La Expedición de Ursúa al Dorado, la Rebelión de Lope de Aguirre y el Itinerario de los Marañones, según los documentos del Archivo de Indias y varios manuscritos inéditos. Extracto de su tesis doctoral agraciada con el Premio Extraordinario del Doctorado en la Facultad de Filosofía y Letras, sección de Historia. Prólogo de S. Agustín MILLARES CARLO, catedrático de la Universidad Central de Madrid. Huesca, Imprenta V. Campo, 1927. Sobre este estudio histórico fundamental para entender esta segunda expedición amazónica y la rebelión marañona, ver el informe oficial" del historiador Ricardo BELTRÁN Y RÓZPIDE en el Boletín de la Real Academia de la Historia (Madrid, 1928) y los "reparos y críticas" del escritor vasco Iñaki de IURREIZTIETA en el Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos (Buenos Aires, 1959 y 1960).
  • ROJAS, Arístides (historiador positivista venezolano, 1826-1894), El elemento vasco en la Historia de Venezuela, Caracas, Imprenta Federal, 1874. Una de las nueve narraciones históricas luego incluidas en ROJAS, Arístides, Historia Patria. Estudios históricos. Orígenes venezolanos. Volumen Primero, Caracas, Imprenta y Litografía del Goberno Nacional, 1891. Edición moderna: Caracas, Imprenta Nacional, 1972. El estudio (opúsculo de 1874) El elemento vasco… se incluirá igualmente en ROJAS, Arístides, Capítulos de la historia colonial de Venezuela, Madrid, Editorial América, 1919.

  • UNAMUNO, Miguel de (escritor miembro del la generación del 98, filósofo, periodista, docente, concejal salmantino y decano, vicerrector y rector USAL, 1864-1936) "Lope de Aguirre, el traidor" [artículo ensayístico], en Asturias [Revista gráfica semanal] (La Habana, Cuba, Centro Asturiano de La Habana | Compañía Editorial "Hermes" SA, Año VI, Núm. entre 284-288 (enero de 1920); más tarde recogido en De esto y de aquello [Escritos no recogidos en libro], 4 tomos con prólogo de Manuel GARCÍA BLANCO (USAL, España), Buneos Aires, Ed. Sudamericana, 1950; en Obras Completas. Tomo 5. De esto y aquello [Colección de escritos no recogidos en sus libros], con prólogo, edición y notas de Manuel GARCÍA BLANCO, 1ª ed. Madrid, Editores-Libreros Afrodisio Aguado, 1952, 2ª ed. Barcelona, Vergara, por concesión especial de Afrodisio Aguado, 1958.

  • VILORIA VELA, Enrique, El imaginario del conquistador español (Caracas, 2007) [en línea], ensayo monográfico, en Monografías.com, “Trabajos”, No. 65 [última consulta 13-06-2016]. Centro de Estudios Latinoamericanos Arturo Uslar Pietri | CELAUP (creado en 2004), 2008, 133 págs.
  • ÚSLAR-PIETRI, Arturo, Las lanzas coloradas. Novela histórica. Madrid, Zeus, 1931.

viernes, 5 de abril de 2013

Lope precursor de los libertadores: la tesis aguirrista modo nueva novela latinoamericana de Otero Silva


Miguel Otero Silva, Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad (1979)

La novela de Miguel Otero Silva constituye una visión radicalmente distinta de la que dan las crónicas del tiempo de Aguirre, y casi opuesta a la de Ramón J. Sender.

Para Otero Silva, Aguirre no es un resentido buscando reivindicarse, como el antihéroe o héroe rebelde de Sender, sino un hombre valiente, afanoso de hacer justicia, como entre otros apunta Rita Gnutzmann (1988) a la hora de comparar la lectura que hacen de él estos dos autores:

"Ha sido pasado por alto a la hora de las recompensas -y reclamar su parte justa ciertamente no es ni resentimiento ni venganza" (pág. 123).

Para profundizar en la injusticia cometida en Aguirre, Otero introduce aquel incidente relatado por el Inca Garcilaso acerca de un tal Aguirre, castigado injustamente por el alcalde Esquivel en Potosí. Integra hábilmente la historia de Esquivel en el proceso de composición del carácter de su personaje, como señala Jorge A. Marbán (1985): "Las voces corales de viejos negociantes y de mujeres de Potosí son testigos de la incepción de los elementos que desencadenan la tragedia y comentan a la manera del teatro griego, la acción que se desarrolla ante sus ojos" (pág. 277). No se podrá decir que no les hayan advertido sobre el desenlace fatal que les espera, al uno ya, al otro más tarde, pero por lo visto hablan en vano. Escuchémoslos:

"Coro de viejos negociantes: - No presientes, no posees el don de presentir, ¡oh mísero Lope de Aguirre!, el huracán de odio que desquiciará tu vida. No salgas de Potosí, no desafíes el signo siniestro que está escrito en el aire sobre tu cabeza" (Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad, en adelante LAPL, pág. 57).

"Coro de viejos negociantes: - Tened cuidado, señor Alcalde, tened cuidado, no olvidéis que los hombres de pequeño tamaño suelen convertirse en desmesurados demonios si se les ofende y se les acosa. Que la prudencia os haga mudar de parecer, señor Alcalde" (Ibidem, pág. 59).

"Francisco Esquivel: - Vuestras advertencias suenan a impertinencia. Soy el alcalde y es mi encargo hacer respetar las leyes y hacer valer mi autoridad. El reo llamado Lope de Aguirre recibirá doscientos azotes en escarmiento de su desdén a las ordenanzas y en castigo de la grosera respuesta que ha dado a mis palabras [...]" (Ibidem, pág. 59).

Los azotes dados públicamente a Aguirre hieren profundamente su sentimiento de honor y avivan su deseo de venganza. Asesina a su agraviador. Las palabras de Aguirre después de consumar su venganza son "una indicación de la violencia que se ha anidado en el alma del personaje, y que hallará tantas víctimas en los años venideros" - comenta Jorge Marbán (1985, págs. 277-278). Pero que hable Aguirre! Está así de amargado:

" - Mi nuevo corazón , tallado por los azotes de Francisco Esquivel, le persiguió a él sin tregua, lo acosó día y noche hasta encontrarlo a solas, le dio al fin ese pequeño castigo que no redime la magnitud de su afrenta. He comenzado a vengarme, me obstinaré a vengarme hasta la hora de mi muerte" (LAPL, pág. 68).

Sin embargo, y como han observado varios investigadores y recuerda aquí Jorge Marbán (1985), el Lope de Aguirre recreado por Otero Silva "ya no es el malvado y enajenado asesino de las crónicas" -y de todos los historiadores y comentaristas detractores e infamadores del soldado vascongado, la línea o el bloque monolítico antiaguirrista vamos, los que lo excluyeron de la galería de héroes oficiales de la Conquista. Sus asesinatos "son medios de asegurar la propia supervivencia y con ella el éxito de los planes de un visionario" (pág. 281).

Aguirre considera que su causa es justa, lo que se propone es reparar una gran injusticia. Su "locura" consiste en estar convencido de que puede y debe reparar las injusticias cometidas por las autoridades de la colonia recién establecida hacia él y los demás defraudados de la empresa conquistadora que ahora sobraban en el nuevo Virreinato y tanto importunaban al virrey marqués de Cañete que los hacía enrolar en expediciones condenadas a fracasar y de las que sabía que no regresarían - estrategia de la que el Aguirre de Otero Silva es plenamente consciente. El asesino sanguinario delatado por los cronistas -concluye por lo tanto Marbán- se ha convertido en "un quijotesco aunque lúcido rebelde que desafía las bases del sistema político y social establecido por la Corona española en América" (Ibidem, pág. 281).

Es que de Sender a Otero Silva ha cambiado la perspectiva. Estamos del otro lado del Atlántico -sí bien, al menos físicamente, Sender también creó su personaje desde el otro lado, durante su exilio en EEUU-, habla un autor nativo del continente americano, se ha producido allí en las décadas de 1960 y 1970 y resuena todavía el impacto del "boom" (de la "explosión") de la nueva novela, y un subgénero de ésta, la nueva novela histórica latinoamericana, se hace el eco o es el propio vehículo del cuestionamiento cada vez más abierto de la historia oficial del Descubrimiento y de la Conquista del "Nuevo Mundo", en realidad una pluralidad de "Mundos Nuevos".

Ingrid GALSTER (1996) dirá que en Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad los lectores deberíamos asistir a una "desmitificación y rehabilitación" completa de la figura de Lope de Aguirre, pero que Otero Silva solo ha logrado parte de este propósito, ya que queda una contradicción en el actuar de Aguirre: para conseguir su libertad, priva a los demás de libertad (2011, págs. 605, 609).

Si el Aguirre reivindicador de derechos propios atropellados de Ramón J. Sender, en su calidad de justiciero despiadado deja a su paso por la isla Margarita un rastro de sangre y muerte sin precedentes, el de Otero Silva se promueve a gobernador justo de la misma. Y -observa Rita Gnutzmann (1988)- "si el Aguirre senderiano quiere ir sobre el Perú por su propio interés el de Otero, "Príncipe de la libertad", lo hace por razones distintas: es el primero en luchar por la libertad del pueblo americano, pueblo que incluirá todas las razas, blanca, negra e india" (pág. 125).

En 1918, desde el "Viejo Mundo" y su enfoque particular de compatriota del soldado vascongado y defensor de la causa vasca - pero que había pasado parte de su infancia y su juventud, se había formado y había iniciado su vida profesional en el Perú-, el historiador Segundo de Ispizúa Bajaneta ya había visto en Aguirre al primer mártir de los ideales de la independencia americana, como entre otros señala Jorge Marbán (1985):

"Creemos que ni los patriotas americanos de principios del siglo pasado, Bolíbar, San Martín, Belgrano, Sucre... alegaron mejores ni más sólidas razones para proclamar la independencia política de los países del Nuevo Mundo del dominio de España.

Antes que todos ellos, como el primer mártir de los mismos ideales, debe ser colocado el calumniadísimo y desconocido Lope de Aguirre, quien vio ya, hace tres siglos y medio, lo que fatalmente debía acontecer: la emancipación de América de España, hecho lógico, naturalísimo, justo; hecho que arranca del derecho de cada cual para disfrutar y gozar y utilizar aquello que él hizo o llegó a producir, formar y acrecentar" (ISPIZÚA BAJANETA, Los Vascos en América, Vol. V, págs. 403-404, parcialmente apud MARBÁN, 1985, pág. 275).

Siguiendo el criterio heterodoxo de Ispizúa -al menos si se puede considerar "ortodoxo" (conforme con lo generalmente admitido) el criterio oficial español del cual busca distanciarse éste, pero desde el otro lado del Atlántico y ya en otro contexto, Miguel Otero Silva presenta a su turno a Lope de Aguirre como un resistente libertario, y en este caso concreto, un profético precursor del movimiento criollo decimonónico americano:

"No eras tan loco Lope de Aguirre -afirma Otero- como te han juzgado tus infamadores. Simón Bolívar, tal como tú lo soñabas, cruzará las cumbres de los Andes [...] proseguirá su jornada triunfante hasta el Perú, y tal como tú lo soñabas, arrojará para siempre de las Indias a los gobernadores y ministros del rey español, que ya no se llamará Felipe II, sino Fernando VII" (LAPL, pág. 258 "Nota del autor").

O sea, el "Libertador" no hizo sino acabar la faena iniciada por el "Príncipe de la libertad". Lo que había fracasado nada más "conquerir" el continente americano -por haber nacido Aguirre en la época equivocada y remado a contracorriente del concepto y de los intereses de su tiempo- lo convirtió él en un éxito de mayor transcendencia, soñando con la gran "República bolivariana".

Aquel mismo Simón Bolívar es quien se había acordado de éste su "precursor" Lope de Aguirre, como señala entre otros el profesor de filosofía, poeta y ensayista venezolano de padres vascos Josu Landa (2010, orig. 2008) en su contribución a un foro temático sobre rebeldía:

“A comienzos del siglo XIX, en la atmósfera ideológica que dio pie a los procesos de independencia en América, la leyenda negra tramada contra Lope de Aguirre cedió paso a su apología y reivindicación. Simón Bolívar se encuentra entre quienes 'leen' en clave libertaria la figura del temible caudillo marañón.

Según datos aportados por Miguel Otero Silva en su novela histórica [la ya citada y referida "Nota del autor"] [...], Bolívar vio en la célebre carta que Lope envió al rey Felipe II un anticipo de las gestas independentistas en América. Más exactamente, el militar insurgente venezolano concede a ese escrito de Aguirre el rango de primera declaración de independencia en el continente.”

Tanto le gustaron determinados pasajes de la desafiante misiva de Aguirre de 1561 que hasta dio órdenes para publicarla en un diario, como recuerda con más detalle el profesor universitario y periodista argentino Vicente de Amézaga Aresti en "Bolívar y los Vascos" (1964), uno de sus numerosos artículos periodísticos dedicados al tema de la diáspora vasca:

“La obra independentista de Bolívar había tenido un precedente que él supo reconocer. Hacia 1561 pasó por Venezuela un hombre vasco que dejó su nombre lleno de trágicas resonancias. Fue Lope de Aguirre, cuya sola mención lo dice todo aquí.

Pues bien, cuando el 18 de setiembre de 1821, Bolívar embarcó en Maracaibo a bordo de una goleta que había de llevarlo a San Carlos camino de Cúcuta, donde se le esperaba para que prestase juramento como presidente de Colombia, tomó para lectura durante su travesía un ejemplar de la Historia de Venezuela, de Oviedo y Baños.

Su atención recayó, principalmente, sobre aquellos pasajes en que se narran las peripecias de Aguirre y sus marañones, aguas abajo del Amazonas, hasta la isla de Margarita y Costa Firme y más que nada le sorprendió y atrajo la célebre carta dirigida por el oñatiarra al Rey Felipe II, algunos de cuyos párrafos el Libertador leyó en voz alta para sus compañeros de travesía y dictó luego a uno de ellos, el coronel Briceño, una nota dirigida al Gobernador de Maracaibo, pidiéndole que hiciera insertar en El Correo Nacional, periódico que en aquella ciudad se editaba, la dicha carta que Bolívar calificó de 'Acta primera de la Independencia de América el año de 1560'.”

Referencias y sugerencias:
  • AMÉZAGA ARESTI, Vicente de, "Bolívar y los Vascos", en Revista de la Sociedad Bolivariana de Venezuela, Caracas, 1964. Xabier Iñaki Ametzaga Irribarren, hijo del autor, ha creado varias bitácoras para difundir la obra de su padre. Otra es el "Repertorio Obras Completas Vicente Amezaga Aresti" en BLOGGER, pero éste enlaza a SCRIBD y requiere suscripción para leer o descargar las obras, incl. este artículo. Sobre la "vascuidad" de Bolívar, lea "La construcción de un Simón Bolívar vasco: del problema historiográfico a la cuestión identitaria" (2012) de ALEJANDRO CARDOZO UZCÁTEGUI (Univ. Simón Bolívar, Miranda, Venezuela) o "Simón Bolivar: La forja de un mito", artículo de ÓSCAR ÁLVAREZ GILA (Univ. del País Vasco) publicado en línea en About Basque Country en 2021 y extraído del libro Simón Bolivar, entre el mito y la historia publicado en 2008 por el Museo Simón Bolivar de Ziortza (Vizcaya, País Vasco) con motivo de los 25 años de su creación.
  • GALSTER, Ingrid, "Aguirre oder Die Willkür der Nachwelt. Die Rebellion des baskischen Konquistadors Lope de Aguirre in Historiographie und Geschichtsfiktion (1561-1992). Frankfurt am Main, Verlag K. Vervuert, 1996.
  • GALSTER, Ingrid, Aguirre o posterioridad arbitraria. La rebelión del conquistador vasco Lope de Aguirre en historiografía y ficción histórica (1561-1992). Bogotá, Universidad Javeriana, 2011. Universidad de Navarra, Ediciones Universidad de Navarra S.A. | EUNSA, 2ª ed., 2015. [Parafrasear https://core.ac.uk/download/pdf/151557366.pdf, nota 26, pág. 67: "Según Ingrid Galster, el propósito de Otero Silva era “la desmitificación y rehabilitación” de Aguirre “mediante la reconstrucción de su historia individual”. Ese objetivo sólo se logra en escasa medida porque, como advierte con acierto la autora, Otero Silva “suprime a sabiendas la contradicción que habita en la figura histórica de reclamar para sí una libertad a costa de la libertad de otros, a fin de crear un héroe positivo” (2011: 605 y 619)"]
  • GNUTZMANN, Rita, "Un ejemplo de recepción literaria: Lope de Aguirre creado por Ramón J. Sender y M. Otero Silva", en Revista de Literatura, Vol. 50, No. 99 (enero-junio 1988), págs. 111-128.
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de (1869-1924), Historia de los vascos en el descubrimiento, conquista y civilización de América, 6 vols., Bilbao (Vols. I-II), / Madrid (Vols. III-VI), EE.VV., 1914-1919. Elaborado para un concurso promocionado por el Círculo de Estudios Vascos. Título original (Vols. I-II) cambiado a Los Vascos en América: Historia de América (Vols. III-VI). Elaborado para un concurso promocionado por el Círculo de Estudios Vascos. Para refs. detalladas, ver AA.VV, Catálogo del Fondo Histórico Vasco, Bilbao, Univ. del Deusto, 2012, págs. 176-177, nos. de catálogo 2253-2268. Nos interesa aquí: Los Vascos en América: Historia de América, Vol. V, "Venezuela. Tomo II - Lope de Aguirre", Madrid, Artes Gráficas Mateu, 1918, "II. Lope de Aguirre", págs. Para referir a esta obra, utilizaremos la sigla LVEA, precisando después volumen y pág(s). según proceda. Lea en línea LVEA, Vol. V: "Venezuela. Tomo II - Lope de Aguirre".
  • ISPIZÚA BAJANETA, Segundo de, Los Vascos en América, 4: “Lope de Aguirre”. San Sebastián, Ediciones Vascas | EV, Colección “Biblioteca de Autores Vascos | BAV”, No. 9, 1979.

  • LAFARGA LOZANO, Adolfo, Los vascos en el descubrimiento y colonización de América. Bilbao, Ed. La Gran Enciclopedia Vasca, 1973.
  • LANDA GOYOGANA, Josu (Caracas 1950, de padres vascos exiliados, profesor de filosofía UNAM, poeta, ensayista), “Lope de Aguirre: primer separatista de América”, en Cristina GÓMEZ ÁLVAREZ, Josefina MAC GREGOR GÁRATE, Mariana OZUNA CASTAÑEDA (coordinadoras), 1810,1910: Reflexiones sobre dos procesos históricos. Memoria, México, Universidad Nacional Autónoma de México | UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, 2010. Originalmente presentado como ponencia durante el Coloquio “Los centenarios: análisis y reflexión de dos procesos históricos” (México D.F., UNAM, Fac. de Filosofía y Letras, 6-10 de octubre 2008), más precisamente el 10-10-2008 en la Mesa 13: “Una mirada latinoamericana I”.


  • LANDA GOYOGANA, Josu, "Lope de Aguirre: primer separatista de América", en Luvina. [Revista literaria ...] (Universidad de Guadalajara, México), Núm. 60, "Rebeldía", (otoño 2010). Este número se puede descargar en formato PDF, ver allí págs. 78-82.

  • LANDA GOYOGANA, Josu, "Lope de Aguirre: El poder y la furia”, uno de los ensayos que el autor publicó en su libro Tanteos, México, Afínita Editorial, 2009.

  • LEFÈRE, Robin (Université Libre de Bruxelles | ULB), "Historia y ficción: la figura de Lope de Aguirre" en JOSET, Jacques, y Philippe RAXHON (dirs.), 1898-1998. Fines de siglos. Historia y literatura hispanoamericanas [en línea]. Liège, Presses Universitaires de Liège | PUL, 2000, págs. 129-146.
  • MARBÁN, Jorge A., "Transfiguración histórica y creación literaria en el Lope de Aguirre de Otero Silva", en Revista Iberoamericana (Pittsburgh University, Pennsylvania), Nos. 130-131 (enero-junio 1985), págs. 273-282.

  • OTERO SILVA, Miguel, Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad. Barcelona / Caracas / México D.F., Seix Barral, "Biblioteca Breve", 1979.

  • OTERO SILVA, Miguel, Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad. La Habana, Casa de las Américas, 1982.
  • SENDER, Ramón J., La aventura equinoc[c]ial de Lope de Aguirre, antiepopeya. Nueva York, Las Américas, 1964.
  • SENDER, Ramón J., "La aventura equinoc[c]ial de Lope de Aguirre, antiepopeya", en Ramón J. SENDER, Obra completa, 2 vols., Barcelona, Ediciones Destino, 1976-1977, Vol. II, 1977, págs. 357-777.
  • SCHLICKERS, Sabine (Univ. de Bremen), "5.3 Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad (1979) de Miguel Otero Silva", en su estudio La Conquista imaginaria de América: crónicas, literatura y cine, Frankfurt am Main, Peter Lang Edition, Colección "Hispano-Americana [Geschichte, Sprache, Literatur]", Vol. 48, 2015, bajo "5. El minotauro en su laberinto: Lope de Aguirre en literatura y cine", págs. 103-111.

lunes, 11 de marzo de 2013

Aguirre reencarnado en un tirano decimonónico: la transposición valleinclaniana

Ramón del Valle-Inclán, Tirano Banderas. Novela de Tierra Caliente (1926), novela esperpéntica

Don Ramón transpone varios aspectos del rebelde vascongado en el personaje del tirano americano decimonónico Santos Banderas.

Sus fuentes son la crónica del bachiller Francisco Vázquez, que según los investigadores que la analizaron y/o editaron es sin duda la más completa y detallada de las crónicas que nos dejaron los propios marañones, y la de Toribio de Ortiguera, un cronista-historiador primitivo más o menos coetáneo que tuvo noticias de la rebelión donde se encontraba en aquel tiempo.

De estas crónicas, Valle-Inclán saca rasgos de tres personajes de su novela Tirano Banderas. Dos son secundarias: el coronel de la Gándara y Filomeno Cuevas, quien se rebela contra el tirano Santos Banderas en una forma que hasta cierto punto se parece a la insurrección del marañon y cronista Pedro de Munguía contra el tirano Aguirre. El tercero, por supuesto, es nadie menos que el propio Santos Banderas, que debe elementos esenciales de su personaje al Lope de Aguirre de las dos crónicas mencionadas.

La transposición efectuada por Valle-Inclán ha sido estudiada detenidamente por Emma Susana Speratti-Piñero. La señora Speratti (1957) señala, por ejemplo, que el carácter diabólico atribuido a Lope de Aguirre reaparece en Santos Banderas:

"¡Generalito Banderas se proclamaba inmune para las balas por una firma de Satanás! Ante aquel poder tenebroso, invisible y en vela, la plebe cobriza revivía un terror teológico, una fatalidad religiosa poblada de espantos" (Tirano Banderas, en adelante TB, pág. 118).

Pero hay más. Valle-Inclán pone en boca de Santos Banderas palabras y expresiones pronunciadas por Aguirre según la crónica del bachiller Vázquez. Al final, cada tirano, abandonado por gran parte de los suyos, mata a su hija para que no se apoderen de ella sus enemigos, y ellos mismos resultan descuartizados después de la propia muerte.

Otro elemento de Santos Banderos lo parece tomar prestado Valle-Inclán del Lope de Aguirre de la Jornada del río Marañon (1581) de Toribio de Ortiguera, donde leemos:

"Su título era el más bravo y soberbio de todos cuantos se han visto hasta hoy en tirano de ninguna nación, llamándose Lope de Aguirre "la Ira de Dios", "Príncipe de la Libertad" y "del reino de Tierra Firme y provincias de Chile", por incluir en ello todo el Pirú y lo demás que estaba conquistado y por conquistar en todo lo que ciñe y abraza el ancho mar del Norte" (Jornada del río Marañon, en adelante JRM, pág. 386a).

Pasaje que sugiere a la señora Speratti-Piñero (1957) la siguiente reflexión respecto al Aguirre valleinclaniano:

"En él encuentra, sin duda, Valle Inclán la desaforada soberbia de Tirano Banderas: "... usted ocasionará que me saquen alguna chufla. Ni Quevedo ni Juvenal: Santos Banderos: Una figura en el continente del Sur" [TB, pág. 143]. Y encuentra también en la ambición presuntuosa de Lope de Aguirre la visión que abarca la América entera, visión que luego ahondará profusamente, y de la cual es difícil precisar ejemplos, pues es la idea principal del libro" (págs. 24-25).

Y la señalada especialista de la obra de Valle-Inclán de concluir: "No porque sí Valle ha ido a espigar por las viejas crónicas que narran las aventuras de Lope de Aguirre, primer tirano de América... Lo que Valle expuso como tesis de carácter naturalista y desarrolló con un arte peculiar de gran escritor y hombre dolorido profundamente, es su visión de la América española condenada a padecer el mal que sus conquistadores le inocularon y por el cual puede llegar, como España, al anquilosamiento moral y la muerte" (pág. 128).

Con esta "novela del dictador" avant-la-lettre de factura magistral, actualmente considerada como una de las obras más representativas de la narrativa española del siglo XX, Valle Inclán fue, si no el primero -¡no nos olvidemos de Domingo Faustino Sarmiento y su Facundo (1845)!-, sí el primer autor de mayor proyección en tratar el tema amplio del tirano-caudillo hispanoamericano.

Le seguirán, a lo largo del s. XX y hasta entrado el s. XXI, novelistas, dramaturgos y poetas tan (des)conocidos como Miguel Ángel Asturias (El señor Presidente, 1946), Arturo Úslar Pietri (El camino de El Dorado, 1947, Oficio de difuntos, 1976), Alejo Carpentier (El recurso del método, 1974), Gabriel García Márquez (El otoño del patriarca, 1975), Augusto Roa Bastos (Yo, el Supremo, 1975), Abel Posse (Daimón, 1978), Miguel Otero Silva (Lope de Aguirre, Príncipe de la Libertad, 1979), Luisa Valenzuela (Cola de lagartija, 1983), Tomás Eloy Martínez (La novela de Perón, 1985), Mario Vargas Llosa (La fiesta del Chivo, 2000), William Ospina (La serpiente sin ojos, 2012), entre otros, sin olvidar al dramaturgo colombiano Enrique Buenaventura (1925-2003), quien, en 1967 aproximadamente, adaptó Tirano Banderas al teatro.

Por cierto, el Tirano Banderas de Buenaventura (publicado por primera vez en 1992) no fue el primer drama histórico colombiano dedicado al tema de los dictadores: quedó injustamente olvidada, según Fernando González Cajiao (1992), la pieza Su Excelencia (1885) que Ángel Cuervo escribió en París justo antes de estrenarse allí Ubu Roi del francés Alfred Jarry, que trata del mismo tema.

Sin embargo, resultó ser mayor el impacto de la pieza de Buenaventura, que al decir de González Cajiao (1992) "se constituyó en una obra clave dentro del proceso del llamado 'nuevo teatro' colombiano" y "podría ser, si no la más compleja y mejor elaborada de Enrique Buenaventura, con su tremenda crueldad y humor negro, sí una de las obras más significativas y mejor logradas de su producción". Pero esto ya es otra historia, de la que trataremos en otra entrada.

  • BRUCE NOVOA, Juan, "Tirano Banderas y la novela de dictadura latinoamericana" (1988), en AA.VV., Ramón del Valle Inclán (1866-1936). Akten des Bamberger Kolloquiums vom 6.-8. november 1986 [Beihefte zur Iberoromania, Bd. 5], edición de Harald Wentzlaff EGGEBERT, redacción de Silvia GONZALO, Tübingen | Tubinga, Max Niemeyer, 1988, págs. 219-232.
  • BUENAVENTURA, Enrique (dramaturgo colombiano, 1925-2003) [1968], TIRANO BANDERAS. Versión teatral de ENRIQUE BUENAVENTURA. Basada en la novela de Ramón del Valle-Inclán. Teatro Estudio, dir. Alberto Castilla. Extensión Cultural. Facultad de Artes. Universidad Nacional de Colombia.
  • BUENAVENTURA, Enrique, Máscaras y ficciones. Cali, Ediciones Universidad del Valle, Colección "Autores Vallecaucanos", 1992. Incluye la primera publicación del drama histórico adaptado de la novela Tirano Banderas (1926) de Ramón del VALLE INCLÁN.
  • DÍAZ MIGOYO, Gonzalo, "Tirano Banderas y la novela de dictador", en Diálogos (México), Vol. 19, No. 6 [114] (1983), págs. 16-25.
  • GLADIEU, Marie-Madeleine (Université de Reims), “Esperpentaduras. Problema de la influencia de Valle-Inclán sobre la novela de dictador en M. A. Asturias y G. García Márquez”, en Hispanística XX (Université de Dijon, Centre d’Études et de Recherches Hispaniques du XXe Siècle), No. 4 monotemático “Leer a Valle-Inclán en 1986” (1987), págs. 117-124.
  • GONZÁLEZ CAJIAO, Fernando, “Hacia un inventario: [Reseña de:] Máscaras y ficciones. Enrique Buenaventura. Ediciones Universidad del Valle, Colección Autores Vallecaucanos, Cali, 1992, 134 páginas y dibujos del autor]”, en Boletín Cultural y Bibliográfico, Vol. 29, No. 30 (1992). Versión digitalizada en la “Biblioteca Luis Ángel Arango” | ”Biblioteca Virtual” de la Banca de la República (Colombia), consultada el 27-06-2013.
  • ORTIGUERA, Toribio de, Jornada del río Marañon, en SERRANO Y SANZ, Manuel (ed.), Historiadores de Indias, 2 tomos, Madrid, Tetuán de Chamartín, Imprenta Bailly-Ballière e hijos, “Nueva Biblioteca de Autores Españoles” | NBAE dir. por Marcelino MENÉNDEZ PELAYO [hasta el Vol. XX], Vols. XIII y XV, Tomo II [NBAE, Vol. XV], 1909. Edición a la que referiremos con la sigla JDM.
  • ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, Javier (introducción, edición y notas), Francisco Vázquez. El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Madrid, Alianza Editorial, 1987.
  • RIZK, Beatriz, “Hacia una teoría de la traducción: adaptaciones, versiones y variaciones de un tema, otra manera de ejercer el oficio de autor en la obra de Enrique Buenaventura”, en VV. AA., Reflexiones sobre teatro latinoamericano del siglo XX, Buenos Aires, Editorial Galerna, 1989, págs. 41-52.
  • RUBIO JIMÉNEZ, Jesús, "[Doc. 1.6:] Valle-Inclán en Hispanoamérica: los espectáculos de Alberto Castilla: de Los cuernos de don Friolera a Tirano Banderas (1968)", en Don Galán. Revista audiovisual de investigación teatral (Centro de Documentación Teatral | CDT, Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música | INAEM, Ministerio de Cultura del Gobierno de España), No. 1 monográfico “Valle-Inclán en escena durante el franquismo” (2011).
  • SPERATTI-PIÑERO, Emma Susana, La elaboración artística en "Tirano Banderas". México, El Colegio de México, 1957.
  • VALLE-INCLÁN, Ramón del, Tirano Banderas. Novela de Tierra Caliente. Madrid, Imprenta Rivadeneyra, 1926 (luego 1927). Citaremos aquí la siguiente edición: Madrid, Espasa-Calpe, Colección "Austral", (1937) 1965, a la que referiremos con la sigla TB.
  • VÁZQUEZ, Francisco, Relación de todo lo que sucedió en la jornada de Amagua y Dorado, que fue a descubrir el Gobernador Pedro de Ursua con poderes y comisiones que le dio el Virrey Marqués de Cañete Presidente de Perú. Tratase, asimismo, del alzamiento de Don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y otros tiranos. Madrid, Real Academia de la Historia, Colección de don Juan Bautista Muñoz, Tomo 43, Fols. 4 al 68 (A-115 no 766). Ver ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE, Javier, 1987.
  • VÁZQUEZ, Francisco, Jornada de Omagua y El Dorado. Historia de Lope de Aguirre, sus crímenes y locuras. Prólogo y edición de Enrique de GANDÍA. Buenos Aires / México, Espasa Calpe Argentina S. A., Colección “Austral”, Vol. 512, 1944. La crónica de Francisco Vázquez, junto con las dos versiones de la de su compañero marañon Pedrarias de Almesto.

Aguirre encarnando la hombría y el espiritú de independencia vascos: la lectura barojiana

Pío Baroja, Las inquietudes de Shanti Andía (1911), novela del mar

En la ficha de producto de la 16ª edición de la novela por Caro Raggio / Cátedra (sept. 2004) leemos que "Las inquietudes de Shanti Andía (1911) es cronológicamente la primera de las novelas de Baroja llamadas del mar. Escrita en su madurez creativa, el autor eligió el mar como protagonista, inclinado a ello por su ambiente familiar marino y sus lecturas. Es precisamente éste un escenario preferido por Baroja para todo género de acción, en contrapartida de la vida de tierra adentro, pues en el mar el hombre está obligado a fabricarse continuamente su propio destino".

Autobiografía fingida de un marinero vizcaíno del siglo XIX, pocas relaciones tiene a primera vista la novela de Pío Baroja con Lope de Aguirre. Sin embargo, como advierte Julio Caro Baroja (1967) en el "Prólogo" a su edición de la novela: "Toda la narración se desarrolla partiendo de este contrapunto: la suavidad, la abulia, la bondad de Shanti de un lado y la aspereza y tensión de la vida de su tío Juan de otro. Shanti es un marino mercante escrupuloso, cumplidor... Juan es un hombre desgraciado ante todo, pero que lleva también dentro la violencia de los Aguirre por una especie de ley hereditaria o de hado familiar" (págs. 16-17).

Para que conste con mayor fuerza la relación familiar y temperamental entre Juan y Lope de Aguirre, don Pío dedica el Capítulo Sexto del Libro Primero a recordar las fechorías de "Lope de Aguirre, el traidor"; y al final del capítulo, concluye así el narrador: "Realmente Lope de Aguirre era todo un hombre... El leer aquellas aventuras de Aguirre me producía un poco la impresión que produce a los niños Guignol cuando apalea al gendarme y cuelga al juez. A pesar de sus crímenes y de sus atrocidades, Aguirre, el loco, me era casi simpático."

Raymond Marcus (1968) señala que esta relativa simpatía, que es "probablemente la del mismo autor", se manifiesta también con Juan de Aguirre, "hombre llevado a la violencia por la vida de repetidas desgracias que le reserva su hado", y Juan Machín, hijo natural de Juan de Aguirre, que "aparece como un malvado hasta que trate de disculparse" explicando: "Todo el mundo me hizo sufrir cuando era un miserable; yo he contestado haciendo sufrir a los demás cuando he sido poderoso. La bondad es la fuerza de los privilegiados... No todo el mundo puede ser sano ni todo el mundo puede ser bueno."

Lo que Pío Baroja aprecia en -su compatriota- Lope de Aguirre es "la hombría del vasco, su espíritu de independencia frente al poder central" -apunta Marcus. Y lo utiliza además como "arquetipo del vasco descarriado por la mala fortuna más que por sus malas inclinaciones". Muy distinta postura adoptará un poco más tarde otro gran novelista español noventayochista: Ramón del Valle-Inclán.

  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Prólogo y notas de Julio CARO BAROJA. Madrid, Ediciones Anaya, 1967. Usaremos la sigla LISA para referir a esta novela.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Novela (1911). Ilustraciones del pintor Ramón de ZUBIAURRE AGUIRREZÁBAL (Vizcaya, 1882 - Madrid, 1969) y Ricardo BAROJA Y NESSI (Riotinto, 1871 - Vera de Bidasoa, 1953), pintor, grabador, actor y escritor hermano de don Pío. Madrid, Rafael CARO RAGGIO, editor, Serie “El Mar”, Vol. 1, 1920. Edición digitalizada publicada como Project Gutenberg EBook #12848, 08-07-2004. Descubra la primera de las llamada trilogía del mar barojiana escuchando el audiolibro (2022) narrado por Jesús POLVORINOS publicado en 2 partes en el canal de YouTube "Audioclásicos": parte 1 - parte 2.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Madrid, Caro Raggio, editor, 1974. Con solapas explicativas de Julio CARO BAROJA.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Edición de Julio CARO BAROJA. Madrid, Caro Raggio | Cátedra, Colección “Letras Hispánicas”, Vol. 73, 1978. Decimosexta edición, ibidem, 2004: lea la sinopsis referida en la ficha del producto [consultada 30-04-2013]. Decimoséptima edición, ibidem, 2007.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Trilogía IV: El mar: Las inquietudes de Shanti Andía - El laberinto de las sirenas - Los pilotos de altura - La estrella del capitán Chimista. Agonías de nuestro tiempo: El gran torbellino del mundo - Las veleidades de la fortuna - Los amores tardíos. Fundación José Antonio de Castro , 2009.
  • BAROJA Y NESSI, Pío, Las inquietudes de Shanti Andía. Edición con instrumento didáctico ELE. Lectura graduada. Nivel 2800 palabras. Nivel MECRL ELE: A2. Reducción lingüística, actividades y reportajes de David TARRADAS AGEA. Ilustraciones de Lorenzo CONTI. ELI Publishing (Loreto, Italia), "Lecturas ELI Jovenes y Adultos", 2018 (1ª ed.), 96 págs. con CD audio. Hojea una muestra en línea.

  • GIZAPEDIA, "Resumen: Las inquietudes de Shanti Andía, Pío Baroja" [en línea], en Gizapedia.org (última consulta 09/10/2022).
  • GIZAPEDIA, "Resumen: Zalacaín el aventurero" [en línea], en Gizapedia.org (última consulta 09/10/2022).
  • MARCUS, Raymond, "El mito literario de Lope de Aguirre en España y en Hispanoamérica", en AIH. Actas III [Actas del III Congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas (México D.F., 26-31 de agosto de 1968)], publicadas bajo la dirección de Carlos H. MAGIS, México, AIH / El Colegio de México, 1970, págs. 581-592.
  • VÁZQUEZ LARREA, Iñaki, "El señor de los cielos (Jaun Goikoa): la interpretación carobarojiana de la "locura" de Lope de Aguirre", en Revista Internacional de Ciencias Sociales y Humanidades. SOCIOTAM (Universidad Autónoma de Tamaulipas, México), Vol. XIX, Núm. 2 (2009), págs. 135-159.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Lás crónicas y demás relatos de la "Jornada del Marañón"

La proliferación de testimonios directos e indirectos a poco de terminar la desgraciada expedición de Ursúa a tierras de Omagua y El Dorado. En unos casos fruto de la necesidad personal más inmediata

Nada más haber dado muerto las tropas reales al "tirano" Aguirre, en tierras de Venezuela, empezaron a salir "relaciones" de lo ocurrido. No debe sorprender si sabemos que de los pocos "marañones" que sobrevivieron la aventura (algunos habían escapado en una de las últimas paradas hechas por la hueste de Aguirre, otros habían estado con Aguirre hasta el final, en Barquisimeto), visto la gravedad de los hechos perpetrados bajo el mando del "tirano", tendrían ahora que justificarse ante las autoridades reales. Era hora de poner todo por escrito procurando autoexculparse, echando toda la culpa a Aguirre y si hacía falta también parcialmente a algunos de sus compañeros, y alabando a sí mismos cuánto podían, manifestando repetidamente su lealtad al Rey y a las autoridades locales.

Resultado: una diversidad de "relaciones" interesadas, unas ya más detalladas y verídicas que otras, todas con una curiosa mezcla de denigro abierto de y admiración cubierta por el "tirano" Aguirre, alguna, como ha intentado demostrar Juan Luis Calbarro (2004) para el relato del bachiller Francisco Vázquez, usando con la debida eficacia el instrumentario retórico de historiadores como Quintiliano para confeccionar su retrato del maldito "tirano". Cabe recordar, sin embargo, lo que Julio Caro Baroja (1968), y nos lo señala Javier Ortiz de la Tabla Ducasse (1987, pág.9), ha observado relativo a la exaltación y desmesurada pasión que han originado Aguirre y su sanguinaria expedición, presentando al conquistador vasco como una bestia demoníaca y a los asesinatos que ordenó o comitió como crímenes sin justificación alguna perpetrados por mera ansia de poder: "Los autores de las relaciones primeras de sus hechos son acaso menos gesticulantes que quienes los contaron después, aunque se hallaban bajo el influjo del terror personal, directo, que Lope inspiraba"(3ª ed., 1983, págs. 65 y 66).

Aparte de los testimonios directos (en forma de crónicas, como las de un Francisco Vázquez, Pedrarias de Almesto o Gonzalo de Zúñiga, o cartas, como la de un Juan de Vargas Zapata) hechos por los protagonistas de la "Jornada del Marañon", disponemos de otros relatos manuscritos de contemporáneos no expedicionarios hechos poco después o en las primeras décadas posteriores a los hechos. Es el caso de Toribio de Ortiguera (1581 y 1586) y de Diego de Aguilar y Córdoba (1578), siendo este último, y aquí apoyamos la tesis de Celsa Carmen García Valdés (1992), quien destacó el valor particular de este testimonio, uno de los "autores menos gesticulantes" de los que habla Julio Caro Baroja en la cita antes mencionada: esta investigadora destaca el valor particular del testimonio de Diego de Aguilar y Córdoba para la interpretación ecuánime de la actuación de Aguirre y sus "marañones", ya que éste intenta tener en cuenta todos los factores e intenta situar los hechos en el contexto histórico-político-social de la época.

Sumario comentado de las primeras crónicas y cartas sobre la "Jornada de Pedro de Úrsua y Lope de Aguirre a Omagua y El Dorado"

Echemos ahora una ojeada a las principales crónicas y cartas manuscritas sobre la "Jornada del Marañón" y las ediciones que se hicieron de éstas. Es básico a este respecto la lectura de las aportaciones del historiador navarro Emiliano Jos (1927, 1950), así como los resúmenes o comentarios críticos con nuevas aportaciones los de Elena Mampel González y Neus Escandell Tur (1981), Rafael Díaz Maderuelo (1986) y Javier Ortiz de la Tabla Ducasse (1987), y no hablamos de ciertos editores o investigadores anteriores o posteriores. Por ejemplo, por lo que atañe a Diego de Aguilar y Córdoba, cabe mencionar a Celsa Carmen García Valdés (1992), Julián Díez Torres (2011). Entre los trabajos que investigan de más cerca el género y el estilo de las crónicas y otros testimonios sobre la "Jornada del Marañón", basándose en estudios teóricos como los de Hayden White, Walter Mignolo,... sobre la relación como tipo discursivo (temática que abordamos en otra entrada de esta bitácora), y comparan en detalle las versiones que dan de los mismos hechos varios "marañones", destacan los de Beatriz Pastor (1988) y las aportaciones recientes de la investigadora brasileña Deise Cristina Schell (2008, 2011).

  • ALMESTO, Pedrarias de, "Relación verdadera de todo lo que sucedió en la Jornada de Omagua y Dorado que el gobernador Pedro de Ursua fue a descubrir por poderes y comisiones que le dio el visorey Marqués de Cañete, desde el Pirú por um río que llaman de Amazonas, que por otro nombre se dice el río Marañón el cual tiene su nascimiento en el Pirú, y entra en el mar cerca del Brasil. Trátase asimismo del alzamiento de don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y de las crueldades de estos perversos tiranos", en CARVAJAL, G.; ALMESTO, P. & ROJAS, A de, La aventura del Amazonas. Ed. de Rafael Díaz. Madrid, Historia 16, "Crónicas de América", Vol. 19, 1986.
  • CALBARRO, Juan Luis, "Lope de Aguirre, el maldito. Retrato retórico", en Historia 16, Año XXVIII, No. 342 (octubre 2004), págs. 30-39.
  • CARO BAROJA, Julio, El señor Inquisidor y otras vidas por oficio. Primera edición. Madrid, Alianza Editorial, 1968. Tercera edición, Madrid Alianza Editorial, 1983. Entre las ediciones posteriores: Madrid, Alianza Editorial, 1997 y 2006.
  • GARCÍA VALDÉS, Celsa Carmen (Universidades de Oviedo, Catania, Rabat, Navarra), "Una visión original de la Jornada del Dorado: El Marañón de Diego de Aguilar y de Córdoba", en Kurt y Roswitha REICHENBERGER (eds.), con la ayuda del Gobierno de Navarra, Las Indias (América) en la literatura del Siglo de Oro. Actas del Congreso Internacional. Pamplona, 15-18 de enero 1992. Kassel (Alemania), 1992, págs. 175-198.
  • PASTOR, Beatriz, Discursos narrativos de la Conquista: mitificación y emergencia. Segunda edición. Hanover (HN), Ediciones del Norte, 1988.
  • VÁZQUEZ, Francisco, "Relación verdadera de todo lo que sucedió en la jornada de Amagua y Dorado, que fue a descubrir el Gobernador Pedro de Ursua, con poderes y comisiones que le dio el Virrey Marqués de Cañete Presidente del Peru. Tratase, asimismo, Del alzamiento de Don Fernando de Guzmán y Lope de Aguirre y otros tiranos", en El Dorado. Crónica de la expedición de Pedro de Ursúa y Lope de Aguirre. Introducción y notas de Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE. Madrid, Alianza Editorial, 1987.

lunes, 6 de agosto de 2012

El personaje de Lope de Aguirre: incomoda y es olvidado, o viene a propósito y se recupera, o es admirado estéticamente, alguna vez se analiza científicamente, pero raras veces se revalora en su contexto

La fama y memoria de Aguirre, personaje histórico sobrecogedor sujeto a las lecturas más diversas y cambiantes.

Al igual que Simón Bolívar, "el Libertador", o Hernán Cortés (a quien parte de los mexicanos odian "oficialmente" pero admiran secretamente, una figura histórica que despierta pasiones extremas en el país, como pudo comprobar Ramón J. SENDER (1976, págs. 10-11) al iniciar allí su exilio), Lope de Aguirre "el Tirano" es sin duda uno de los personajes de la historia hispanoamericana que más polémicas ha originado / origina y más tinta ha hecho / hace fluir. Ya sea por su personalidad, la ferocidad de sus crímenes, sus blasfemias o su atrevida actitud frente a la máxima autoridad española, los numerosos comentaristas y lectores de los hechos sanguinarios y actos de rebeldía ocurridos durante la "Jornada del Marañón" de la que tomó el mando han intentado maldecir de él, acusarlo de todas las maldades perpetradas, estigmatizarlo y condenarlo al olvido; o lo han magnificado y mitificado en un plan meramente estético por su singularidad y la de los hechos; o se han apropiado de manera oportuna su fama o figura por motivos personales inmediatos o para diversas causas de mayor transcendencia; han analizado su comportamiento "científicamente"; o han aprovechado las posibilidades y el margen de libertad que da la transfiguración literaria (o artística en general) de su historia para desmontar la Historia oficial de Hispanoamérica (la de historiadores españoles, anglosajones etc.) y proceder a la reconstitución de la memoria y reinvención de la Historia propia.

1- Las crónicas que nos han dejado de la "Jornada del Marañón" o "Jornada de Omagua y el Dorado" el bachiller Francisco VÁZQUEZ, Pedrarias DE ALMESTO, Custodio HERNÁNDEZ, Gonzalo DE ZÚÑIGA y otros "marañones", testigos directos de los hechos, junto con las de cronistas ajenos al viaje, no reparan en tratar de dejar de Aguirre la imagen de tirano maldito, asesino, blasfemo y traidor, un ser demoníaco dispuesto a matar sin consideraciones a los más próximos por salvar su piel y satisfacer su afán de poder y gloria, como observan varios especialistas del tema. Sus "relaciones" de los hechos tienen un fondo de realidad pero mezclan ingeniosamente, vigilando su dosificación, información que parece ser cierto o tener sentido con otra parcial. Es más, para lograr su objetivo de autoexculpación poniendo toda la culpa del lado del tirano, hacen uso del instrumentario retórico que ya empleaban los historadores de la Antigüedad, como ha tratado de demostrar Juan Luis CALBARRO (2004), quien como unos cuantos colegas a comprobado que "la terrible imagen del conquistador oñatiarra responde a relatos interesados de hombres como Francisco VÁZQUEZ, que había participado en la aventura amazónica y necesitaba demostrar que él siempre había permanecido leal al Rey" (2004, pág. 31). Pero ¿quién no lo haría en su lugar? Si bien al final muchos acabaron traicionando al mismo Aguirre, habían sido partícipes del motín contra el general Pedro de Ursúa y su "sucesor", el príncipe títere Fernando de Guzman, y habían firmado bajo amenaza de muerte por parte del mismo Aguirre la famosa carta manifestando su desobediencia a la Corona española, carta que el tirano luego hizo llegar a Felipe II, lo que es un hecho gravísimo; y se les iba a acusar sin falta de complicidad en los asesinatos del jefe expedicionario y otros miembros de la jornada, o en las crueldades perpetradas contra civiles en la isla Margarita o en tierras de Venezuela.

2- Apenas había muerto, en octubre de 1561, en Barquisimeto, que ya la Historia oficial (autoridades indias, comentaristas coetáneos, historiadores españoles, anglosajones) intentaría borrar su memoria, stigmatizarlo como "oveja negra" de la historia de la conquista del Nuevo Mundo, condenarlo al olvido. Lograron tal vez borrar por parte la memoria del sanguinario episodio durante dos siglos, pero no pudieron con la leyenda del personaje, cosa que si hay que creer la crónica del "marañón" Francisco VÁZQUEZ, el mismo Aguirre habría presentido. Es Julio CARO BAROJA (1968) quien recuerda, y lo cita al respecto Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, pág. 8), que lo que Aguirre consideraba su bienaventuranza consistía "en que le tuvieran más por animoso que por cristiano, porque había dicho muchas veces que cuando no pudiese pasar al Perú y destruirle y matar todos los que en él estuvieren, que a lo menos la fama de las cosas y crueldades que hubiese hecho quedaría en la memoria de los hombres para siempre" (3ªed., 1983, pág. 113).

Esta tensión entre condena oficial / detracción y admiración / mitificación ira augmentando con el paso de los siglos. Como señala Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, pág. 9), "es fundamental para comprender la exaltación y trascendencia de Aguirre hasta nuestros días" la siguiente "acertada observación" de Julio CARO BAROJA (1968), palabras que recordará también Nina BRUNI (2003): "Los autores de las relaciones primeras de sus hechos son acaso menos gesticulantes que quienes los contaron después, aunque se hallaban bajo el influjo del terror personal, directo, que Lope inspiraba" (3ª ed., 1983, págs. 65 y 66). Este tema lo desarrollamos en otra entrada en esta bitácora. Por ahora digamos que, para comprobarlo, basta con leer Rosa ARCINIEGA (1946, págs. 272 y 273) sobre lo que las autoridades indias locales sentenciaron u ordenaron una vez muerte el "tirano" (1561) y los versos que le dedica Alonso de ERCILLA y ZÚÑIGA en su poema épico La Araucana (1569, 1578 y 1589), o Julio CARO BAROJA (1983, pág. 112) sobre el relato de fray Reginaldo DE LIZÁRRAGA (coetáneo pero no expedicionario), como señala Javier ORTIZ; o los relatos de los franciscanos fray Pedro DE AGUADO (1581-82) y fray Pedro SIMÓN (1627).

A partir del siglo XIX, una serie de "biografías" (Robert SOUTHEY, 1821), estudios "históricos" (Emiliano JOS, 1927, 1950) y ediciones de las crónicas de la jornada reforzarían todavía la imagen de la bestia Aguirre, un ser monstruoso y sanguinario cuya alma, como todavía cuentan unas leyendas americanas, estaba condenada a errar eternamente sin encontrar reposo (como todavía cuenta una leyenda americana, que el escritor venezolano Arturo ÚSLAR PIETRI, entre otros, a recuperado en su cuento "El fuego fatuo"). En su reseña (Heraldo de Aragón, 23-09-2010) de La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre, la reciente traducción (Madrid, Edit. Reino de Redonda, 2010) de la obra de Robert SOUTHEY de la mano de Soledad MARTÍNEZ DE PINILLOS, César PÉREZ GRACIA observa que "en cierto modo el libro de Southey pertenece al género gótico, en el que el Loco Aguirre viene a ser el Ogro o Numa del Amazonas", y precisa: "El patizambo Lope alardea de bravucón y temerario. Es un personaje tenebroso, un Numa de Indias, más retorcido que los cuernos de un toro".

3- El movimiento independentista americano (o movimiento criollo) de principios del s. XIX, y tras la liberación de gran parte del territorio colonial, el nacionalismo alentado por las ideas románticas que se originaría a raíz de estos eventos tanto allí como en Europa, iban, al igual que los habían hecho los propios cronistas, apropiarse la figura de Aguirre, pero con otro enfoque, radicalmente opuesto: ahora se retrataría a Aguirre, en su calidad de autor de la famosa carta donde se atreve a desafiar abiertamente la autoridad de Felipe II, como un precursor de las declaraciones de independencia y del nacionalismo. Lo sacaron del olvido en el que lo había dejado la Historia oficial española para darle "status" de héroe. Esta lectura la haría nadie menos que Simón BOLÍVAR "el Libertador", quien en 1821 ordenó copiar la famosa carta de Aguirre a Felipe II, según recuerda en un artículo Vicente DE AMÉZAGA ARESTI (1964): "La obra independentista de Bolívar había tenido un precedente que él supo reconocer. Hacia 1561 pasó por Venezuela un hombre vasco que dejó su nombre lleno de trágicas resonancias. Fue Lope de Aguirre, cuya sola mención lo dice todo aquí. Pues bien, cuando el 18 de setiembre de 1821, Bolívar embarcó en Maracaibo a bordo de una goleta que había de llevarlo a San Carlos camino de Cúcuta, donde se le esperaba para que prestase juramento como presidente de Colombia, tomó para lectura durante su travesía un ejemplar de la "Historia de Venezuela", de Oviedo y Baños. Su atención recayó, principalmente, sobre aquellos pasajes en que se narran las peripecias de Aguirre y sus marañones, aguas abajo del Amazonas, hasta la isla de Margarita y Costa Firme y más que nada le sorprendió y atrajo la célebre carta dirigida por el oñatiarra al Rey Felipe II, algunos de cuyos párrafos el Libertador leyó en voz alta para sus compañeros de travesía y dictó luego a uno de ellos, el coronel Briceño, una nota dirigida al Gobernador de Maracaibo, pidiéndole que hiciera insertar en "El Correo Nacional", periódico que en aquella ciudad se editaba, la dicha carta que Bolívar calificó de "Acta primera de la Independencia de América el año de 1560"." Esta pista "aguirrista" del Lope descaradamente rebelde como independentista o libertador avant la lettre la seguirán toda una serie de escritores: Lope de Aguirre, precursor de las libertades Hispano-Americanas (Ciudad Bolívar, 1927) de Clodoveo BRINDIS PÉREZ y la "nueva novela" Lope de Aguirre, príncipe de la libertad (1979) de Miguel OTERO SILVA, cuyos títulos hablan por sí, son sólo dos ejemplos. Łukasz GRÜTZMACHER señala en su tesis doctoral (Varsovia, 2005,reeditada 2009) que la novela Crónica de blasfemos (1986)de Félix ÁLVAREZ SÁENZ va en la misma dirección, y recuerda el análisis de Ingrid GALSTER (1997), quien la considera una parábola en apoyo a la ideología de los movimientos de liberación actuales, en particular del Sendero Luminoso. En su reseña (1991) de la novela, Miguel MANRIQUE ya había dejado claro que una vez más, Aguirre aparece como un mero paladín de la libertad y, curiosamente, carece de la codicia tan frecuente entre los conquistadores. Un estudio reciente como The Wrath of God. Lope de Aguirre, Revolutionary of the Americas (2011) de Evan L. BALKAN, por su título, todavía parece inscribirse en esta línea, si bien la autora pretende abrir la perspectiva y tratar de varios enfoques a la aventura del soldado vasco.

4- A finales del siglo XIX, bajo la influencia de Charles DARWIN, Auguste COMTE y otros teóricos del positivismo, unos historiadores venezolanos usarían los orígenes vascos de Aguirre como factor determinante de la identidad del pueblo venezolano. Es la lectura que hizo Arístides ROJAS en su estudio El elemento vasco en la Historia de Venezuela (1874). Esta lectura, que atribuía a los vascos un papel importante en la historia de, y lo que ha llegado a ser en la actualidad, Venezuela (la inmigración vasca en la época colonial, la Compañía Guipuzcoana a nivel económico), ha sido cuestionada en las últimas décadas.

5- De la misma manera, últimamente, al otro lado del Atlántico, autores y pensadores vascos han ido combatiendo la imagen que se estaba creando del pueblo vasco en Hispanoamérica a raíz de las teorías positivistas: la del vasco "indómito, inquieto, independiente, etc.".

6- Hay que precisar que los mismos vascos habían recuperado la figura de Lope de Aguirre como hijo legítimo del pueblo vasco y representante de su lucha por la independencia contra el poder local (fuese como emigrante y en tierras americanas), sobre todo a raíz del apasionado estudio Los vascos en América (1914-1917, tomo IV) de Segundo DE ISPIZÚA (a quien el historiador aragonés Emiliano JOS, para quien Lope de Aguirre era la bestia sanguinaria que mataba sin consideraciones que retrataban las fuentes que había estudiado, atacaba abiertamente por su visión parcial y apasionada, que establecerá las bases para la tendencia "aguirrista", tanto en el propio País Vasco como en Hispanoamérica). Ya era el caso de Las inquietudes de Shanti Andía (1911) de Pío BAROJA y Tirano Banderas (1926) de Ramón María DEL VALLE-INCLÁN, luego se han ido añadiendo más obras, de varios géneros literarios: novela, cuento, obra de teatro, poema. No entra en esta línea (lleva pues la contra) el también vasco José DE ARTECHE (1951), quien mira a su propio pueblo, y más aún cuando se trata de vástagos como Aguirre, de un ojo más crítico tratando al vasco como "un ser problématico".

7- La última recuperación, intrínsicamente literaria, de los hechos "novelescos" de Aguirre, ha sido la que hicieron los escritores que se suelen situar dentro del movimiento de la nueva novela hispanoamericana, esta vez para intentar proceder, a través de la transfiguración literaria, a fuerza de romper moldes estructurales y lingüísticos, al cuestionamiento, la deconstrucción y hasta la destrucción de la Historia oficial occidental y reinventar una propia, apoyándose en la memoria colectiva y en el imaginario propio latinoamericano. La mejor ilustración es la novela compleja Daimón (1978) del periodista y escritor argentino Abel POSSE.

8-Luego hay lecturas menos transcendentales que pretenden "examinar científicamente" la personalidad de Aguirre, como si se tratara de un verdadero "caso médico-psiquiátrico", tratando de atribuir sus comportamientos a una doble personalidad o detectar patronos patológicos (de alguna enfermedad psiquiátrica). Es el caso de la conferencia "El delirio de reivindicación en un Conquistador de América - El caso de Lope de Aguirre el Peregrino" (1934) de Ramón PARDAL y de Lope de Aguirre, el rebelde: estudio histórico-psicológico (1943) de Juan B. LASTRES y Carlos Alberto SEGUÍN. Leímos en un artículo (Adrián ESBILLA, 26-01-2010) que según Blas MATAMORO (1986), el escritor aragonés Ramón J. SENDER se hubiera apoyado por parte, para la caracterización del protagonista de su novela histórica La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), en dos teorías sobre el Aguirre histórico defendidas por los 3 científicos que acabamos de mencionar y que ya había comentado antes el historiador Emiliano JOS (1950):

  1. La primera sería la del “delirio de reivindicación” formulada por el psiquiatra argentino Ramón PARDAL (1934), según la cual se pretende someter la realidad a las propias ideas y estas a los propios sentimientos: "el delirante tiene un gran poder de convicción y persuade a quienes lo rodean. Es un alienado razonante. Para defenderse de su persecución, se convierte en perseguidor. Sobrevalora una idea y somete a ella todas las demás". Así Aguirre "vive encerrado en su mundo delirante y se considera el único bueno en un universo de malvados. Invoca la justicia y comete arbitrariedades. Protesta, se queja, pleitea, guerrea, es lo que la medicina legal llama un "loco querulante". No alcanza a ser un revolucionario, pues no proyecta una sociedad distinta de la cuestionada por él".
  2. La segunda (citamos otra vez el artículo referido de ESBILLA) es expuesta por los peruanos Juan B. LASTRES y Alberto SEGUÍN (1943) y completa bastante acertadamente el cuadro añadiendo una nueva manía al ya repleto arsenal del personaje: "El segundón cuyo temperamento no le permite la actitud sumisa y el acatamiento incondicional, reacciona ante el hermano al que la ley y las costumbres han colocado por encima. Reacciona con el resentimiento o con la rebeldía, que se desarrollan inicialmente frente a la figura del hermano mayor, pero que se proyectan luego al padre, al jefe, al rey, a Dios”. Unas décadas más tarde, un literato y psiquiatra miembro de la agrupación vasca LA ACADEMIA ERRANTE (asociación de literatos, médicos... que promovió cierta cultura vasca en los años 1960/70) hará su propio análisis y llega a otras conclusiones. Ver lo que decimos más abajo.

Resumiendo, se puede decir que se divisan dos grandes líneas o tendencias en lo que respecta a la interpretación histórica i recreación (por no decir remitificación) literaria de la figura de Lope de Aguirre y de los hechos que perpetró y que están documentados o que se le atribuyen:

  1. una línea detractora “antiaguirrista” que, alineada con la historia oficial, intenta borrar los crímenes de Aguirre de la Historia (oficial) y mantener a su figura fuera de la lista de los héroes de la aventura gloriosa de la conquista (como “oveja negra”, como antihéroe), y a vistas de que no podrán con su “fama” o “memoria” (ya que ha sido mitificado nada más morir), o bien la pintan a él como un ser casi inhumano, con una sed de sangre y venganza ciega, sin justificación alguna, un demonio, una bestia que no conoce ni perdón ni merced ni remordimiento; o bien como un ser mentalmente enfermo que ya no es responsable de sus actos, un loco.
  2. otra línea reivindicadora o “aguirrista” que recupera a Aguirre por su causa, sea como auténtico precursor del libertador latinoamericano defensor de la causa criolla, de los indios; o sea como máximo exponente de la inmigración vasca, la estirpe que por su manera de ser i mentalidad forjará lo mejor de la identidad venezolana; o sea (si cruzamos el Atlántico) como buena muestra del carácter vasco, i por lo tanto, símbolo de la resistencia secular del vasco al poder central y a cualquiera que intenta imponerle su voluntad o sus leyes, de la lucha secular vasca por los derechos propios, la libertad, la independencia.

No todo son lecturas interesadas o parciales. Hay quien tiene la mirada más imparcial y despejada y considera un conjunto de factores.

Los enfoques a la figura de Aguirre y la jornada de los "marañones" que acabamos de mencionar nos harían olvidar que también ha habido unos observadores lúcidos, menos apasionados, que han portado un juicio más equilibrado sobre Aguirre y los hechos que se produjeron durante la jornada, echando otra luz sobre los mismos. Uno de éstos ha sido, como señala Celsa Carmen GARCÍA VALDÉS (1992), Diego DE AGUILAR Y CÓRDOBA, cuyo El Marañón (1578), escrito pocos años después de los hechos, ha sobrevivido en varios manuscritos, donde el autor intenta reducir los hechos a sus dimensiones reales situándolos en el contexto histórico-social del Perú de aquella época.

Intentos idénticos, combatiendo la persistente idea de la locura de Aguirre (defendida hasta por Emiliano JOS) u otras visiones apasionadas, habrá por un miembro de LA ACADEMIA ERRANTE (agrupación vasca de literatos, médicos, ... en los años 1960-1970) que insistirá en la influencia del medio (la selva), o por Javier ORTIZ (1987), quien refiere al contexto político-social hispanoperuano (el Virreinato en fase de o justo después de su establecimiento), o por el vasco José DE ARTECHE (1943), quien considera que Aguirre, para tener seguidores y atraer a tanta gente no puede haber sido un loco. Leer al respecto lo que dicen Elena MAMPEL GONZÁLEZ y Neus ESCANDELL TUR (1981).

Mirando todo este panorama, Javier ORTIZ (1987) concluye que ha habido más pasión que estudio detenido de las circunstancias en las que se organizó la jornada y de los propios expedicionarios, y que antes que nada hace falta conocer mejor las primeras décadas que siguen al descubrimiento: el momento en que queda establecida la administración del Virreinato y que la nivelación social de los primeros momentos se sustituye por una estratificación social incluso más rígida que en la Península, con todas las consecuencias que estos cambios conllevarían para ciertos grupos o individuos. ¿Será cierto lo que escribió Marcel BATAILLON (1966) sobre la figura y la actuación de Aguirre?, palabras que nos ha recordado Raymond MARCUS (1970, pág. 581): "... la sanguinaria insurrección de Lope de Aguirre, que pasea del Marañón a la Margarita y a Venezuela se saña contra el Rey, los misioneros y los magistrados, ¿no es como una salida desesperada del espíritu anárquico de los conquistadores ahogado por las normas nuevas?" (1966, pág. 202). Se refiere a los cambios que se habían dado progresivamente en los años 1530-1560 en el virreinato del Perú y de las que tratamos más en detalle en otra entrada en esta bitácora: el establecimiento de la administración y sociedad colonial, una ya clara estratificación social y económica y un creciente abismo entre los ricos terratenientes (los conquistadores de las primeras décadas) y muchos ex-soldados de las guerras civiles (los que llegaron tarde, demasiado tarde, a probar suerte en las Indias) que se habían quedado con las migas o sin nada, factores todavía reforzados por los cambios en las leyes relativas al trato de los indígenas, que debían poner fin a los abusos pasados y privaban incluso allí a los nuevos colones de mucha margen de actuación (libertad de maniobra).

Rabia por la desesperación, al descubrir Aguirre el engaño del que había sido víctima: es también el tono del ensayo "Aguirre ou la fureur des maudits de la conquête" (2008) de Ricardo UZTARROZ, cuando éste comenta al respecto del trato que le ha reservado al soldado vasco el director de cine alemán Werner HERZOG en Aguirre o la ira de Diós (1972): "Le regard halluciné de Klaus Kinski, qui tient le rôle d'Aguirre dans ce film, s'il dit la vérité sur l'acteur [Klaus Kinski ne joue pas, mais s'abandonne ici à sa propre démence sans retenue], ment effrontément à propos du personnage qu'il incarne. [...] contrairement à l'image qui en ressort, Lope de Aguirre n'était pas fou mais furieux, furieux de découvrir que l'histoire l'avait floué, lui et aussi toute la piétaille de la conquête. [...] Lope de Aguirre avait tout simplement décidé de se venger, car ne pas se venger des affronts subis aurait été pour lui un déshonneur. Et il était avant tout homme d'honneur" (o.c., en Ricardo UZTARROZ, Amazonie, mangeuse d'hommes, Paris, Arthaud, 2008, págs. 173-174).

Desesperación más que locura, he aquí también cómo han caracterizado la actuación de Lope de Aguirre dos grandes observadores del alma humana, uno ensayista, Miguel DE UNAMUNO, otro novelista desde el exilio, Ramón J. SENDER. Observadores más que apasionados "gesticulantes" (repetimos las palabras de Julio CARO BAROJA con respecto a la evolución de la recepción de Aguirre con el paso de los siglos), a ambos les interesa comprender al personaje y conocer y retratar tanto su grandeza humana como sus debilidades, al margen del bien y del mal, más que tomar posición a nivel político-social. Empieza don Miguel (1920) diciendo: "Asusta el número y la calidad de sus crímenes, pero maravilla la trágica y diabólica conciencia que de su maldad tenía. Era un desesperado de infernal excelencia y de una profundidad enorme. [...] Lope de Aguirre, en efecto, no fué un criminal vulgar, instintivo, una pura bestia humana; fué más bien un ángel caído y demoníaco, un demonio, pero angélico. Angélico como Luzbel. No era la carne bruta, era el espíritu torturado el que le llevaba a sus atroces crímenes, era la desesperación." (1968, pág. 1014). Y concluye preguntándose: "¿Cómo se ha hecho el silencio en torno de este asombroso demonio, de este formidable ángel caído, de este trágico desesperado que pasó, fuliginoso meteoro, por la historia tormentosa de nuestra conquista del Perú y se ha perpetuado la memoria de otros, si no más grandes como caracteres, no menos repulsivos en el orden moral?" (ibidem, pág. 1015). Podría estar pensando don Miguel en Hernán Cortés, como Ramón J. SENDER, quien hace la misma reflexión (1976, que citaremos más abajo) al comparar las hazañas de éste, a quien retrató en Júbilo en el Zócalo, con la desgraciada expedición de Lope de Aguirre, de la que nos dejó su visión en La aventura equinoccial de Lope de Aguirre. Comparación que hizo también Patrick COLLARD (Universidad de Gante, 1980), quien lo formula así: "Igual que Lope de Aguirre, Cortés "construye" su destino a partir de una transgresión de la legalidad; la diferencia esencial está en que, donde el primero sigue en su transgresión, la esforzada aventura del segundo hará de él un héroe "oficial". Recuperadas por la sociedad, las hazañas de Cortés se convirtieron en epopeya, mientras que la vida de Lope el Traidor es para siempre antiepopeya" (1980, pág. 27).

Éste fue precisamente el subtítulo de la primera edición de la novela de SENDER: Antiepopeya. Lo es incluso filológicamente hablando, como nos cuenta el propio SENDER (1976) cuando nos resume su "lectura" de la actuación de Aguirre, atribuyendo parte del éxito de su novela a alguna causa extraliteraria: "es decir que no todo es mérito del autor. Se trata de una antiepopeya. Siempre que se habla de América se hace como si su descubrimiento y conquista fuera obra de seres sobrehumanos. [...] Entonces se echan a vuelo las campanas, se habla de las glorias de la raza -en el día de la Raza- y todos son clarinetes, gallardetes e himnos de victoria. Eso puede estar bien, pero es más interesante para mí y sin duda para el lector ver cómo fueron esas cosas en los ojos y en las conciencias de los mismos que las hicieron. Y el libro sobre Lope de Aguirre sin dejar de ser verdad en sus constantes miserias no deja de tener grandeza humana [la misma de la que habla don Miguel DE UNAMUNO, como recuerda también Patrick COLLARD (1980)]. El contraste le dar vigor poético. En este tiempo nuestro de los "antis" yo la considero una antiepopeya, lo que filológicamente es verdad porque epopeyas eran, en griego, las campañas con caballos y los pocos que llevaba Lope de Aguirre no llegaron a intervenir en el campo porque se los comieron en las barcazas por el río Amazonas" (1976, pág. 14). ¿En qué le puede servir al lector?: "El día de la Raza habría que recordar las antiepopeyas también, para sacar alguna luz nueva y provechosa para el presente y el futuro. [...] A pesar de todo -repito- en las antiepopeyas (Lope de Aguirre) hay la misma grandeza que en las epopeyas (Cortés en Otumba) o la misma miseria, ya que en ciertos niveles de la historia, oro y oropel se confunden y el vencido vale tanto como el vencedor y a veces más si sabe asimilar la experiencia y trocarla en discreción e inteligencia. Ya es conocido de todos desde que se tiene memoria de la existencia de los seres humanos que de la desventura nace el saber y que la sabiduría rige el mundo" (ibidem, pág. 15).

Don Miguel DE UNAMUNO (1920) llegó ya a la misma conclusión que Ramón J. SENDER (1976) o Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, que ya comentamos más arriba en esta entrada): hay que investigar más, estudiar más: "El alma torturada y tenebrosa de Lope de Aguirre, el Peregrino, el domador de potros, merece un estudio detenido. Tanto como la de Caín, o la de Judas, o la de César Borgia. [...] es preciso zahondar en todas las simas del alma, hasta en las del fango hirviente y venenoso. Es la manera de despertar la compasión redentora. ¡Pobre Lope de Aguirre!" (1968, págs. 1015-1016).

Se apunta también Ricardo UZTARROZ, quien en el ya citado ensayo sobre Aguirre (2008) insiste a su turno en la necesidad de conocer y entender mejor las razones del furor (podría decirse "furor antifuncionario" o "furor antiburocrático") y de la rabia de Lope de Aguirre: "En le traitant de "tyran de la pire espèce et de tous les temps", d'"émissaire du diable", de "hyène impitoyable", de "soldat de l'infamie", comme une abondante littérature l'a fait, on le disqualifie devant l'histoire et, par la même occasion, on s'épargne l'effort de chercher à connaître et à comprendre les raisons de sa fureur. Un monstre n'a pas droit aux circonstances atténuantes" (o.c., págs. 174-175).

La misma voz se oye del otro lado del Atlántico, aunque con otro objetivo: recuperar la "memoria cultural" como parte de la (re)construcción de la identidad propia de América Latina. Escuchen al Dr. Raúl BUENO CHÁVEZ en su "Carta" (Lima | Hanover, abril de 1999) a las IV Jornadas Andinas de Literatura Americana | JALLA Cusco 1999: “Y en relación a nuestro ingreso o no a la modernidad, cabría indagar si no estamos tomando el rábano por las hojas, pues en lugar de buscar las huellas de nuestra esquiva modernidad tal vez sería más fructífero indagar los signos de nuestra constante y meritoria contramodernidad (“countermodernism”, como diría mi colega Keith Walker en sus estudios sobre el Caribe francés). Así, creo, tendrían mayor dimensión y sentido las escrituras de resistencia, revolución y descolonización de sujetos como el Inca Garcilaso, Guamán Poma, Las Casas, Lope de Aguirre, Martí, Césaire, Fanon, J.M. Arguedas, Menchú y tantos otros claramente opuestos al logos centralista, jerarquizante y dominador.”

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