Al igual que Simón Bolívar, "el Libertador", o Hernán Cortés (a quien parte de los mexicanos odian "oficialmente" pero admiran secretamente, una figura histórica que despierta pasiones extremas en el país, como pudo comprobar Ramón J. SENDER (1976, págs. 10-11) al iniciar allí su exilio), Lope de Aguirre "el Tirano" es sin duda uno de los personajes de la historia hispanoamericana que más polémicas ha originado / origina y más tinta ha hecho / hace fluir. Ya sea por su personalidad, la ferocidad de sus crímenes, sus blasfemias o su atrevida actitud frente a la máxima autoridad española, los numerosos comentaristas y lectores de los hechos sanguinarios y actos de rebeldía ocurridos durante la "Jornada del Marañón" de la que tomó el mando han intentado maldecir de él, acusarlo de todas las maldades perpetradas, estigmatizarlo y condenarlo al olvido; o lo han magnificado y mitificado en un plan meramente estético por su singularidad y la de los hechos; o se han apropiado de manera oportuna su fama o figura por motivos personales inmediatos o para diversas causas de mayor transcendencia; han analizado su comportamiento "científicamente"; o han aprovechado las posibilidades y el margen de libertad que da la transfiguración literaria (o artística en general) de su historia para desmontar la Historia oficial de Hispanoamérica (la de historiadores españoles, anglosajones etc.) y proceder a la reconstitución de la memoria y reinvención de la Historia propia.
1- Las crónicas que nos han dejado de la "Jornada del Marañón" o "Jornada de Omagua y el Dorado" el bachiller Francisco VÁZQUEZ, Pedrarias DE ALMESTO, Custodio HERNÁNDEZ, Gonzalo DE ZÚÑIGA y otros "marañones", testigos directos de los hechos, junto con las de cronistas ajenos al viaje, no reparan en tratar de dejar de Aguirre la imagen de tirano maldito, asesino, blasfemo y traidor, un ser demoníaco dispuesto a matar sin consideraciones a los más próximos por salvar su piel y satisfacer su afán de poder y gloria, como observan varios especialistas del tema. Sus "relaciones" de los hechos tienen un fondo de realidad pero mezclan ingeniosamente, vigilando su dosificación, información que parece ser cierto o tener sentido con otra parcial. Es más, para lograr su objetivo de autoexculpación poniendo toda la culpa del lado del tirano, hacen uso del instrumentario retórico que ya empleaban los historadores de la Antigüedad, como ha tratado de demostrar Juan Luis CALBARRO (2004), quien como unos cuantos colegas a comprobado que "la terrible imagen del conquistador oñatiarra responde a relatos interesados de hombres como Francisco VÁZQUEZ, que había participado en la aventura amazónica y necesitaba demostrar que él siempre había permanecido leal al Rey" (2004, pág. 31). Pero ¿quién no lo haría en su lugar? Si bien al final muchos acabaron traicionando al mismo Aguirre, habían sido partícipes del motín contra el general Pedro de Ursúa y su "sucesor", el príncipe títere Fernando de Guzman, y habían firmado bajo amenaza de muerte por parte del mismo Aguirre la famosa carta manifestando su desobediencia a la Corona española, carta que el tirano luego hizo llegar a Felipe II, lo que es un hecho gravísimo; y se les iba a acusar sin falta de complicidad en los asesinatos del jefe expedicionario y otros miembros de la jornada, o en las crueldades perpetradas contra civiles en la isla Margarita o en tierras de Venezuela.
2- Apenas había muerto, en octubre de 1561, en Barquisimeto, que ya la Historia oficial (autoridades indias, comentaristas coetáneos, historiadores españoles, anglosajones) intentaría borrar su memoria, stigmatizarlo como "oveja negra" de la historia de la conquista del Nuevo Mundo, condenarlo al olvido. Lograron tal vez borrar por parte la memoria del sanguinario episodio durante dos siglos, pero no pudieron con la leyenda del personaje, cosa que si hay que creer la crónica del "marañón" Francisco VÁZQUEZ, el mismo Aguirre habría presentido. Es Julio CARO BAROJA (1968) quien recuerda, y lo cita al respecto Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, pág. 8), que lo que Aguirre consideraba su bienaventuranza consistía "en que le tuvieran más por animoso que por cristiano, porque había dicho muchas veces que cuando no pudiese pasar al Perú y destruirle y matar todos los que en él estuvieren, que a lo menos la fama de las cosas y crueldades que hubiese hecho quedaría en la memoria de los hombres para siempre" (3ªed., 1983, pág. 113).
Esta tensión entre condena oficial / detracción y admiración / mitificación ira augmentando con el paso de los siglos. Como señala Javier ORTIZ DE LA TABLA DUCASSE (1987, pág. 9), "es fundamental para comprender la exaltación y trascendencia de Aguirre hasta nuestros días" la siguiente "acertada observación" de Julio CARO BAROJA (1968), palabras que recordará también Nina BRUNI (2003): "Los autores de las relaciones primeras de sus hechos son acaso menos gesticulantes que quienes los contaron después, aunque se hallaban bajo el influjo del terror personal, directo, que Lope inspiraba" (3ª ed., 1983, págs. 65 y 66). Este tema lo desarrollamos en otra entrada en esta bitácora. Por ahora digamos que, para comprobarlo, basta con leer Rosa ARCINIEGA (1946, págs. 272 y 273) sobre lo que las autoridades indias locales sentenciaron u ordenaron una vez muerte el "tirano" (1561) y los versos que le dedica Alonso de ERCILLA y ZÚÑIGA en su poema épico La Araucana (1569, 1578 y 1589), o Julio CARO BAROJA (1983, pág. 112) sobre el relato de fray Reginaldo DE LIZÁRRAGA (coetáneo pero no expedicionario), como señala Javier ORTIZ; o los relatos de los franciscanos fray Pedro DE AGUADO (1581-82) y fray Pedro SIMÓN (1627).
A partir del siglo XIX, una serie de "biografías" (Robert SOUTHEY, 1821), estudios "históricos" (Emiliano JOS, 1927, 1950) y ediciones de las crónicas de la jornada reforzarían todavía la imagen de la bestia Aguirre, un ser monstruoso y sanguinario cuya alma, como todavía cuentan unas leyendas americanas, estaba condenada a errar eternamente sin encontrar reposo (como todavía cuenta una leyenda americana, que el escritor venezolano Arturo ÚSLAR PIETRI, entre otros, a recuperado en su cuento "El fuego fatuo"). En su reseña (Heraldo de Aragón, 23-09-2010) de La expedición de Ursúa y los crímenes de Aguirre, la reciente traducción (Madrid, Edit. Reino de Redonda, 2010) de la obra de Robert SOUTHEY de la mano de Soledad MARTÍNEZ DE PINILLOS, César PÉREZ GRACIA observa que "en cierto modo el libro de Southey pertenece al género gótico, en el que el Loco Aguirre viene a ser el Ogro o Numa del Amazonas", y precisa: "El patizambo Lope alardea de bravucón y temerario. Es un personaje tenebroso, un Numa de Indias, más retorcido que los cuernos de un toro".
3- El movimiento independentista americano (o movimiento criollo) de principios del s. XIX, y tras la liberación de gran parte del territorio colonial, el nacionalismo alentado por las ideas románticas que se originaría a raíz de estos eventos tanto allí como en Europa, iban, al igual que los habían hecho los propios cronistas, apropiarse la figura de Aguirre, pero con otro enfoque, radicalmente opuesto: ahora se retrataría a Aguirre, en su calidad de autor de la famosa carta donde se atreve a desafiar abiertamente la autoridad de Felipe II, como un precursor de las declaraciones de independencia y del nacionalismo. Lo sacaron del olvido en el que lo había dejado la Historia oficial española para darle "status" de héroe. Esta lectura la haría nadie menos que Simón BOLÍVAR "el Libertador", quien en 1821 ordenó copiar la famosa carta de Aguirre a Felipe II, según recuerda en un artículo Vicente DE AMÉZAGA ARESTI (1964): "La obra independentista de Bolívar había tenido un precedente que él supo reconocer. Hacia 1561 pasó por Venezuela un hombre vasco que dejó su nombre lleno de trágicas resonancias. Fue Lope de Aguirre, cuya sola mención lo dice todo aquí. Pues bien, cuando el 18 de setiembre de 1821, Bolívar embarcó en Maracaibo a bordo de una goleta que había de llevarlo a San Carlos camino de Cúcuta, donde se le esperaba para que prestase juramento como presidente de Colombia, tomó para lectura durante su travesía un ejemplar de la "Historia de Venezuela", de Oviedo y Baños. Su atención recayó, principalmente, sobre aquellos pasajes en que se narran las peripecias de Aguirre y sus marañones, aguas abajo del Amazonas, hasta la isla de Margarita y Costa Firme y más que nada le sorprendió y atrajo la célebre carta dirigida por el oñatiarra al Rey Felipe II, algunos de cuyos párrafos el Libertador leyó en voz alta para sus compañeros de travesía y dictó luego a uno de ellos, el coronel Briceño, una nota dirigida al Gobernador de Maracaibo, pidiéndole que hiciera insertar en "El Correo Nacional", periódico que en aquella ciudad se editaba, la dicha carta que Bolívar calificó de "Acta primera de la Independencia de América el año de 1560"." Esta pista "aguirrista" del Lope descaradamente rebelde como independentista o libertador avant la lettre la seguirán toda una serie de escritores: Lope de Aguirre, precursor de las libertades Hispano-Americanas (Ciudad Bolívar, 1927) de Clodoveo BRINDIS PÉREZ y la "nueva novela" Lope de Aguirre, príncipe de la libertad (1979) de Miguel OTERO SILVA, cuyos títulos hablan por sí, son sólo dos ejemplos. Łukasz GRÜTZMACHER señala en su tesis doctoral (Varsovia, 2005,reeditada 2009) que la novela Crónica de blasfemos (1986)de Félix ÁLVAREZ SÁENZ va en la misma dirección, y recuerda el análisis de Ingrid GALSTER (1997), quien la considera una parábola en apoyo a la ideología de los movimientos de liberación actuales, en particular del Sendero Luminoso. En su reseña (1991) de la novela, Miguel MANRIQUE ya había dejado claro que una vez más, Aguirre aparece como un mero paladín de la libertad y, curiosamente, carece de la codicia tan frecuente entre los conquistadores. Un estudio reciente como The Wrath of God. Lope de Aguirre, Revolutionary of the Americas (2011) de Evan L. BALKAN, por su título, todavía parece inscribirse en esta línea, si bien la autora pretende abrir la perspectiva y tratar de varios enfoques a la aventura del soldado vasco.
4- A finales del siglo XIX, bajo la influencia de Charles DARWIN, Auguste COMTE y otros teóricos del positivismo, unos historiadores venezolanos usarían los orígenes vascos de Aguirre como factor determinante de la identidad del pueblo venezolano. Es la lectura que hizo Arístides ROJAS en su estudio El elemento vasco en la Historia de Venezuela (1874). Esta lectura, que atribuía a los vascos un papel importante en la historia de, y lo que ha llegado a ser en la actualidad, Venezuela (la inmigración vasca en la época colonial, la Compañía Guipuzcoana a nivel económico), ha sido cuestionada en las últimas décadas.
5- De la misma manera, últimamente, al otro lado del Atlántico, autores y pensadores vascos han ido combatiendo la imagen que se estaba creando del pueblo vasco en Hispanoamérica a raíz de las teorías positivistas: la del vasco "indómito, inquieto, independiente, etc.".
6- Hay que precisar que los mismos vascos habían recuperado la figura de Lope de Aguirre como hijo legítimo del pueblo vasco y representante de su lucha por la independencia contra el poder local (fuese como emigrante y en tierras americanas), sobre todo a raíz del apasionado estudio Los vascos en América (1914-1917, tomo IV) de Segundo DE ISPIZÚA (a quien el historiador aragonés Emiliano JOS, para quien Lope de Aguirre era la bestia sanguinaria que mataba sin consideraciones que retrataban las fuentes que había estudiado, atacaba abiertamente por su visión parcial y apasionada, que establecerá las bases para la tendencia "aguirrista", tanto en el propio País Vasco como en Hispanoamérica). Ya era el caso de Las inquietudes de Shanti Andía (1911) de Pío BAROJA y Tirano Banderas (1926) de Ramón María DEL VALLE-INCLÁN, luego se han ido añadiendo más obras, de varios géneros literarios: novela, cuento, obra de teatro, poema. No entra en esta línea (lleva pues la contra) el también vasco José DE ARTECHE (1951), quien mira a su propio pueblo, y más aún cuando se trata de vástagos como Aguirre, de un ojo más crítico tratando al vasco como "un ser problématico".
7- La última recuperación, intrínsicamente literaria, de los hechos "novelescos" de Aguirre, ha sido la que hicieron los escritores que se suelen situar dentro del movimiento de la nueva novela hispanoamericana, esta vez para intentar proceder, a través de la transfiguración literaria, a fuerza de romper moldes estructurales y lingüísticos, al cuestionamiento, la deconstrucción y hasta la destrucción de la Historia oficial occidental y reinventar una propia, apoyándose en la memoria colectiva y en el imaginario propio latinoamericano. La mejor ilustración es la novela compleja Daimón (1978) del periodista y escritor argentino Abel POSSE.
8-Luego hay lecturas menos transcendentales que pretenden "examinar científicamente" la personalidad de Aguirre, como si se tratara de un verdadero "caso médico-psiquiátrico", tratando de atribuir sus comportamientos a una doble personalidad o detectar patronos patológicos (de alguna enfermedad psiquiátrica). Es el caso de la conferencia "El delirio de reivindicación en un Conquistador de América - El caso de Lope de Aguirre el Peregrino" (1934) de Ramón PARDAL y de Lope de Aguirre, el rebelde: estudio histórico-psicológico (1943) de Juan B. LASTRES y Carlos Alberto SEGUÍN. Leímos en un artículo (Adrián ESBILLA, 26-01-2010) que según Blas MATAMORO (1986), el escritor aragonés Ramón J. SENDER se hubiera apoyado por parte, para la caracterización del protagonista de su novela histórica La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), en dos teorías sobre el Aguirre histórico defendidas por los 3 científicos que acabamos de mencionar y que ya había comentado antes el historiador Emiliano JOS (1950):
- La primera sería la del “delirio de reivindicación” formulada por el psiquiatra argentino Ramón PARDAL (1934), según la cual se pretende someter la realidad a las propias ideas y estas a los propios sentimientos: "el delirante tiene un gran poder de convicción y persuade a quienes lo rodean. Es un alienado razonante. Para defenderse de su persecución, se convierte en perseguidor. Sobrevalora una idea y somete a ella todas las demás". Así Aguirre "vive encerrado en su mundo delirante y se considera el único bueno en un universo de malvados. Invoca la justicia y comete arbitrariedades. Protesta, se queja, pleitea, guerrea, es lo que la medicina legal llama un "loco querulante". No alcanza a ser un revolucionario, pues no proyecta una sociedad distinta de la cuestionada por él".
- La segunda (citamos otra vez el artículo referido de ESBILLA) es expuesta por los peruanos Juan B. LASTRES y Alberto SEGUÍN (1943) y completa bastante acertadamente el cuadro añadiendo una nueva manía al ya repleto arsenal del personaje: "El segundón cuyo temperamento no le permite la actitud sumisa y el acatamiento incondicional, reacciona ante el hermano al que la ley y las costumbres han colocado por encima. Reacciona con el resentimiento o con la rebeldía, que se desarrollan inicialmente frente a la figura del hermano mayor, pero que se proyectan luego al padre, al jefe, al rey, a Dios”.
Unas décadas más tarde, un literato y psiquiatra miembro de la agrupación vasca LA ACADEMIA ERRANTE (asociación de literatos, médicos... que promovió cierta cultura vasca en los años 1960/70) hará su propio análisis y llega a otras conclusiones. Ver lo que decimos más abajo.
Resumiendo, se puede decir que se divisan dos grandes líneas o tendencias en lo que respecta a la interpretación histórica i recreación (por no decir remitificación) literaria de la figura de Lope de Aguirre y de los hechos que perpetró y que están documentados o que se le atribuyen:
- una línea detractora “antiaguirrista” que, alineada con la historia oficial, intenta borrar los crímenes de Aguirre de la Historia (oficial) y mantener a su figura fuera de la lista de los héroes de la aventura gloriosa de la conquista (como “oveja negra”, como antihéroe), y a vistas de que no podrán con su “fama” o “memoria” (ya que ha sido mitificado nada más morir), o bien la pintan a él como un ser casi inhumano, con una sed de sangre y venganza ciega, sin justificación alguna, un demonio, una bestia que no conoce ni perdón ni merced ni remordimiento; o bien como un ser mentalmente enfermo que ya no es responsable de sus actos, un loco.
- otra línea reivindicadora o “aguirrista” que recupera a Aguirre por su causa, sea como auténtico precursor del libertador latinoamericano defensor de la causa criolla, de los indios; o sea como máximo exponente de la inmigración vasca, la estirpe que por su manera de ser i mentalidad forjará lo mejor de la identidad venezolana; o sea (si cruzamos el Atlántico) como buena muestra del carácter vasco, i por lo tanto, símbolo de la resistencia secular del vasco al poder central y a cualquiera que intenta imponerle su voluntad o sus leyes, de la lucha secular vasca por los derechos propios, la libertad, la independencia.